Los movimientos callejeros –incluyendo el que hace tres años se prolongó durante tres semanas en París—no están organizados o quizá sea más previsor decir que no lo están todavía. Lo que está ocurriendo en Grecia, por ejemplo, en Atenas y en Salónica pero también en otros puntos del país, con su balance de establecimientos incendiados, saqueos de comercios y destrozos por doquier, no parece que pueda explicarse solamente como una reacción indignada ante la muerte de ese joven al que un policía acorralado descerrajó tres tiros en el pecho, como lo ocurrido en París en la ocasión mencionada o en 2007 con motivo de cierto choque de tráfico en el que se vio implicado un vehículo de la policía, no fueron ni mucho menos, a mi entender, ‘sólo’ la respuesta a esos motivos sino la expresión violenta de hondas tensiones sociales y económicas represadas durante demasiado tiempo, especialmente en el ámbito de la ‘banlieue’ y barrios marginales. Lo  mismo, más o menos, que cabe decir de los graves incidentes registrados en Holanda hace un año con el motivo aparente de la muerte de un joven, también a manos de la policía. Los tiempos de la guerrilla urbana eran otra cosa, no cabe duda, y desde luego no parece o no parecía hasta hace poco –mientras hemos dormitado en el limbo de la “new age” arrullados por el comecocos del crecimiento indefinido—que estos tiempos sean propicios a su recuperación. Pero ¿podemos estar seguros de eso? Muchos observadores de lo que acontece hoy en Grecia ponen el acento en la situación de la juventud –son sucesos casi exclusivamente juveniles–, su altísimo índice de desocupación, la miseria de retribución que reciben sus trabajos y, en definitiva, ese mal consejero que es el ocio forzado y pobre, tan proclive a la bohemia canina como a la revolución siquiera sea de corto alcance. Cualquier día podemos vernos –en cualquier país de nuestro ámbito—frente a una situación similar.

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Probablemente es una utopía o sencillamente una insensatez pretender que se mantenga ‘sine die’ un estado de cosas como ése: jóvenes descontrolados desde la adolescencia, fracasados en el estudio, enteramente ignorados en el mercado laboral –se ha llegado a insistir en que los aspirantes a un primer trabajo, hablando con propiedad, no eran parados contabilizables en la estadística–, explotados en trabajos oportunistas y cazados, en fin, por ofertas de empleo que apenas garantizan la subsistencia, constituyen un magma peligroso del que, en cualquier momento, por cualquier motivo como estamos viendo, puede surgir incontenible un episodio violento de alcance imprevisible. Que es lo que está ocurriendo en Grecia, con toda probabilidad, y no hay más que echar una ojeada a aquella situación para convencerse de que no se está ante un problema incidental, ni siquiera ante el fracaso del gobierno de centroderecha que gobierna el país, sino frente a un mal escondido del que participan la mayoría de las naciones europeas: la coyuntura especialmente grave que se plantea a la juventud en un sistema que ve tambalearse sus estructuras básicas y, ciertamente, no sabe qué hacer ni por arriba ni por abajo. Es curioso que la mitificación social de la juventud que, sin duda, estamos viviendo en todo Occidente, corra paralela a su olvido o menosprecio práctico en los planes políticos, y por esa misma razón es lógico que en el seno de esos colectivos desactivados a conciencia pero que conservan su energía consustancial, lata el peligro de eventuales estallidos como los que vamos viendo. Hace tres años, Sarkozy recurrió al ejército como De Gaulle había proyectado en el 68, lo que sugiere una valoración altamente alarmista de aquellos disturbios, pero luego se olvidó todo o poco menos, sin proveer proyecto de solución alguno. El fantasma proletario es hoy juvenil e inmigrante. Cualquier día podemos reconocer su cara amenzante.

5 Comentarios

  1. En algo discrepo con el Anfitrión. Cierto que se mitifica a la juventud, pero que se la olvide. Hay concejalías, institutos y otras yerbas. Lo triste es que sirve únicamente para manipularla.. hasta donde se deja manipular. ¿No han asistido nunca a una fiesta ‘joven’, a un ‘concierto’ esponsorizado por ayuntamientos o delegaciones de juventud? ¿Ignoran sus organizadores -que suelen ser talluditos, con ansia imposible de disimularlo- que en esos recintos circula libremente el chocolate, la perica y las pastillas de todos los colores? Ahí está la fiesta de Canal Sur Radio en Málaga no hace tanto.

    Lo que ocurre es que al tratarse de una juventud educada (?) en la ley del mínimo esfuerzo, del videojuego, el sofá y la sopa boba en casa paterna, únicamente se revoluciona cuando estos padres no tienen para esa sopa y para largarle los veinte o los cincuenta machacantes. Ahí estamos.

  2. La juventud abusa en cierta manera por las leyes que los amparan, ni siquiera un padre puede decentemente poner orden en su casa sin que el niño de turno se le eche encima, la juventud lo que tiene que hacer es empezar por buscar su responsabilidad en la vida, luego dedicarse a trabajar ademas de discotequear, empezar desde abajo y sin creerse Beckams labrarse un futuro, si que es cierto que en un trabajo el meritorio gana un sueldo miserable, pero por ahi se empieza, es cada uno el que tiene que demostrar lo que vale y con el paso del tiempo ir exigiendo mejoras a la altura de su experiencia demostrada, no todos pueden ser Bill Gates de la noche a la mañana, primero por capacidad de intelegencia y actitud ante la vida, y segundo por que cada uno a de ser consciente de sus pros y contras y en base a autovalorarse, pero la mayoria creen ser supermanes de nacimiento, no hijo no, tanto vales, tanto te pago, si crees que vales mas, sal fuera, y cuando me lo demuestres yo voy a buscarte de nuevo y te ofrecere mas, pero antes que nada demostrar. un saludo

  3. Ayer ví una película que me parece apropiada para el tema que propone el anfitrión. Es una alemana titulada “La Ola”. Por supuesto no la voy a destripar, pero al hilo de lo que comenta “vicente” creo que no se puede generalizar sobre la “juventud”, ni siquiera sobre la griega de estos días, la holandesa del año pasado, ni la francesa de hace tres. En el grupo de jóvenes de la película hay gente diversa, algunos con mucha madurez y otros con muy poca. Es por eso que estos fenómenos que aparecen de vez en cuando tienen una relevancia limitada. ¿O acaso tuvo relevancia la movida de hace unos años cintra la LOU de Pilar del Castillo?. ¿O los actuales anti-Bolonia?. Pueden llegar a ser violentos, incluso muy violentos (me agarro los dedos para no contar la película), pero son espóntaneos. Quizás debido a que la persona que maneja la olla a presión torpea, y no por ello dejamos de utilizar la bendita olla. Aquí un homenaje a Denis Papin.

  4. Creo que están los jóvenes entre dos males. Uno es la falta de esfuerzo, la vida facilona, el tenerlo todo rapidamente y sin esfuerzo, en una sociedad de consumo donde , hasta ahora, uno podía estar desempleado pero tenía tele y podía ver como se vivía en ciertas capas de la sociedad.
    Por otro, en cuanto salen de la adolescencia la situación cambia radicalmente. Creo que lo peor es la pérdida de las ilusiones. Se dan cuenta que todo es trola, que no hay igualdad, que para vivir mejor es tener enchufe, que a los políticos lo que les interesa es medrar y no servir al pueblo, que no hay sitio para ellos.
    La desesperación es mala consejera. En vez de arremangarse y ver lo que pueden hacer unos buscan la solución en las drogas, otros en la enfermedad mental (a veces las dos soluciones se juntan) otros se echan a la calle y empiezan a romperlo todo. Es lo más sano. Siento decir que el mundo que les dejamos a nuestros hijos es triste , que hay mucho egoismo y corrupción. Yo tengo muy claro que prefiero tener un hijo rebelde que un molusco.
    Besos a todos.

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