A los sociólogos de mi generación, educados en lo que a demografía se refiere en la coordenadas del natalismo de Alfred Sauvy, les resultó especialmente difícil aceptar las razones del rígido control de la natalidad establecido en China desde hace años, que establecía de hecho la pareja con un solo hijo como nuevo y obligatorio modelo de familia. China ha sido muy expeditiva siempre en materia demográfica, incluso sin necesidad de recordar la costumbre –practicada también por ciertos pueblos esquimales– de enterrar vivas a las niñas en busca de un equilibrio más funcional de las estructuras productivas. La revolución maoísta impuso finalmente el modelo de hijo único, penando con fuertes sanciones a los infractores de una norma que sigue hoy en vigor en pleno florecimiento del extraño híbrido de un modelo mixto cuyo PIB, tras un leve ‘impasse’, vuelve a crecer, en plena crisis, a un 8 por ciento. En medio de un inmenso país asolado por el hambre y las desigualdades, sólo los nuevos sistemas de explotación –los famosos talleres que trabajan para el comercio globalizado—han supuesto un respiro para la misoginia que ve en la hembra un ser más gravoso que productivo, pero en los nuevos centros urbanos, y singularmente en Shangai, la lógica de la demografía sexista se ha roto ante la evidencia de que el envejecimiento de la población estaba poniendo en apuros a una Seguridad Social y aumentando la presión sobre las jóvenes generaciones. En Shangai, esa “república independiente” para observadores como el “China Daily”, acaba de romperse el molde para abrir paso a una familia ampliada, al menos, a un segundo vástago, en contraste con la exitosa fórmula de impronta occidental “Double income no kids” (dos sueldos, ningún hijo) que fomentaba hasta ahora la propaganda. No sé qué diría Sauvy hoy, sinceramente, pero no hay duda de que el modelo de crecimiento poblacional sigue sujeto a grandes contradicciones teóricas y prácticas. Entre nosotros, sin necesidad del eslogan citado, hace tiempos que se adoptó un criterio restrictivo impuesto a un tiempo por el hedonismo y por el sentido común.

No es probable que el hormiguero chino altere su dura limitación de la natalidad, pero la excepción de esa ciudad, que simboliza el futuro nacional mejor que ninguna otra, no deja de dar que pensar, supongo que incluso a los neomalthusianos de estricta observancia, con independencia de que ya no funcione la lógica de aquellos ‘arbitristas’ nuestros que veían en la población una fuente principal de riqueza. Lo que sí sigue ahí es la contradicción que el sistema tiene que resolver por vía excepcional dando paso a una suerte de modelo dual impensable hasta hace bien poco, seguramente forzado por las inquietantes previsiones de futuro. Aunque es posible que donde el control, voluntario o no, acabe cediendo más pronto que tarde, sea en el Occidente que vio en esa nueva familia jibarizada una fórmula de futuro que el presente está demostrando más que cuestionable.

11 Comentarios

  1. El control extremo de la natalidad es pan de hoy y hambre para mañana. Malthus no había poensado en un sistema de Seguridad Social, evidentemente, que se mantendría con cotizaciones, ni en un modelo social en el que pocos jóvenes soportarían finalmente el peso de muchos viejos. China (Esquimalia es otra cosa, un mundo marginal) acabará rindiéndose a la evidencia.

  2. Se olvida usted de las “monoparentales”, de las homosexuales y de las psicodélicas. Hoy la familia, ¡cualquiera sabe lo que es! Almodóvar, ese cateto con suerte, acaba de hablar de la familia católica (no dice que la cat´polica es la misma que la prácticamente universal) es una modalidad más. Saque sus conclusiones.

  3. El mismo concepto “planificación familiar” lo explica razonablemente todo: se trata de barajar el cúmulo de cinrnstancias económicas, las preferencias personales, creencias, costumbres, etc. antes de dar el paso de iniciar una famiila.

    Si el estado se mete por medio y reclama para sí el derecho a la planificación (más allá de la mera orientación), nos encontramos no con ciudadanos, sino con una versión humanizada de la tradicional granja de pollos.

  4. Querrá decir en una granje de cerdos, señor don Rafa, como la que describió Orwell, sólo que pacífica y sometida. ¿No le parece?

  5. No se preocupen demasiado, que no falta quien acumula masa en el otro platillo de la balanza. ¿Estaré pensando en las conejas musulmanas -con perdón- que haciendo buena la profecía ¿de la Fallacci?, inundan con el fruto de sus vientres a este viejo mundo ego´sista y hedonista como ya se ha dicho?

    [¿Y la duda del Hijo unigénito de María y José, en una cultura donde tener doce hijos no daba para la cartilla numerosa?] (No se me enfade, mi don Páter del alma, pero mi viejo amigo el cura -Ripa- me decía siempre que esas son las preguntas en la que le respondía su Maestro de teología: ‘¡Ah! ¡Misterio!’.)

  6. No son bruto niná los chinos estos con lo productiva que son las mujeres y no les mola con lo trabajadoras que son

  7. Nada de enfados, mi Yamayor, faltaría más, aunque el chiste habitual entre quienes quieren lanzar la pulla es el otro: el de los hermanos de Jesús. Sin separarnos de la columna, lo que a mí me llama la atención es esa contradicción que plantea al egoísmo, en las sociedades previsoras, la exigencia de financiación. Los “double income no kids” puede que se arrepientan de no haber tenido hijos allá en el asilo, pero no hay que olvidar que los hijos son casi siempre una maravilla pero casi nunca un buen negocio.

  8. El modelo social de hoy, con la mujer liberada y trabajando, por fortuna, eleva extrarodinariamente las posibilidades de progreso colectivo, pero impone la reducción o, cuando menos, el control de la natalidad. Sólo las nuevas familias muy bien pagadas podrán permitirse enn el futuro el lujo de la prole numerosa. Pura soicología. No tiene más que ver qué poco pesa en esta cuestión ya la influencia religiosa.

  9. Sin ir a China, está demostrado que un sueldo es mejor que un hijo. ¿Y después…?

  10. Controlar la reproducción es un derecho que hoy tiene muy buenas razones a su favor en un mundo barrotado y hambriento, cuyas perspectivas demográfivas son aterradoras. Pero ¿quién es quién para imponer a las familias el número de hijos idóneo? China está viviendo esa contradicción, España está despertando en medio de una Europa de crecimiento lentísimo, y el futuro depende de lo que salag de todo este embrollo. Nuestras sociedades están envejecidas hasta niveles que pronto serán insoportables, razón por la qu ehacen falta jóvenes. Pero eso díganselo ustedes a los jóvenes que empiezan su vida… No es un problema fácil. Como la oclumna sostiene es casi una aporía que se basa en una contradicción.

  11. El “progreso” traerá indefectiblemente el egoísmo. Cada vez la reproducción estará más necesitada de estímulo y también más controlada. El ejemplo de Shangai que da el columnista es interesante, pero ya veremos qué ocurre en China (o mejor dicho, no veremos) en los próximos 50 años. ¡Y aquí!

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