Como en los años 40, como en los 60 y 70, los españoles están emigrando en busca de trabajo. Se van con el hato a Gran Bretaña, a Francia, a Italia, a Portugal pero, sobre todo, se van a Alemania, donde un mercado laboral, lejano ya de los rigores de la crisis que aquí va todavía para rato, demanda con vehemencia médicos, enfermeros, cuidadores, electricistas, profesores de español, informáticos, arquitectos y, sobre todo, asómbrense, ingenieros. Lejos ya, pues, la vieja inmigración proletaria, la de las lágrimas vivas y las maletas atadas con cuerdas, aquella que entre nostalgias dejó vacíos muchos de nuestros pueblos y logró con sus remesas de divisas transformar nuestra autárquica sociedad de subsistencia agraria hasta reconvertirla en aquella “potencia mundial” de la que, no poco ingenuamente, tanto alardeamos en tiempos. En medio de esta inmensa crisis de brazos caídos, cuando promociones enteras van derechas al ocio y el paro juvenil supera el cuarenta por ciento, ya ven, nos piden esos brazos nada menos que desde el musculado corazón de Europa, que va a beneficiarse otra vez de nuestro atraso relativo, aunque ahora no explotando a una mano de obra desesperada sino introduciendo en su mercado a unos especialistas cuya costosa formación hemos pagado entre todos. Me pregunto por cuanto le sale a este desdichado país formar a un ingeniero superior o a un médico especialista y créanme que no acabo de comprender este misterio de la nueva emigración con que vamos a contribuir ahora a consolidar el nuevo milagro alemán. ¿No fuimos un país emigrante de toda la vida, no hicimos del “indiano” un símbolo zarzuelero, no nos dejamos la piel en los trabajos más duros que precisó el resurgir postbélico de Alemania y otros países del bendito norte? Pues ahora estamos enviándoles la flor y la nata de nuestra flamante generación, y con un canto en los dientes. No me digan que no es para flagelarse porque lo es.

 

¿Y saben una cosa curiosa? Pues que de esas élites que se nos escapan, apenas un treinta por ciento tiene en mientes regresar a corto plazo, mientras que un sesenta bien despachado de jóvenes investigadores que aún trabajan en nuestro país tiene todas las papeletas para acabar viviendo en Hamburgo, en Londres o en Lisboa. Dicen que la vieja emigración, junto con el turismo coetáneo, nos benefició en la medida en que, además de financiarnos, contribuyó a desbastar y modernizar nuestros pueblos y sus gentes. Seguro. Esta, en cambio, va a mermar nuestra cualificación aunque remedie de momento, que no es poco, el drama de esos jóvenes. Nunca llueve a gusto de todos. Pero esta vez el paraguas nos va a salir por un pico.

10 Comentarios

  1. Triste caso el de la emigración de los cerebros, ahora ya vista casi con alivio por el propio Gobierno puesto que le quita hierro a la gravísima situación laboral. Y muy bien le recuerdo de que esos emigrantes nos han costado el dinero a todos, y los van a usufructuar otros países, por cierto, en su mayoría, más desarrollados y ricos. ¿Qué pasa que en Alemania o Inglaterra no dan abasto con sus nuevas generaciones de técnicos y deben llamar a las nuestras? El ministerio tendría que pensar mucho sobre este hecho lamentable.

  2. Se nos van los mejors, y ¿me quieren decir que más da eso? Repasen los curriculos de los altos cargos y verán, popr ejemplo, en Andalucía pero también en la mayoría de las otras comunidades, que bastan las cuatro reglas para dirigir los intereses públicos. El saber, la competencia, el conocimiento, no interesan a nadie en el mundo político. Y los políticos suelen hacer lo que las sociedades les permiten.

  3. En Huelva el PSOE ha hecho altos cargos a los que han perdido ante sus pueblos en las elecciones. Los ha hecho delegados de Obras Públicas. Educación, Comercio, Turismo y Deporte (los tres maestritos). Ya me diràn que les importará que se marchen dos mil ingenieros o dos kil médicos.

  4. preparo en estos momentos mis papeles. Voy a Munich, cobraré el doble del salario mínimo de aquí. Que no me hablen de votar. Que no me hablen de patrias. Mi patria es el sitio donde puedo trabajar, comer y vivir.
    Pelayo

  5. Hemosm pasado de porveedor de mano de obra barata a almacén de cerebros. No está mal, si bien se mira. Hay una gran distancia entre aquellas maletas con cuerdas –¡qué imagen la de la columna!– a estos jóvenes que suelen volar el “low cost”, pero en cualquier caso insluco esa hemorragia de talentos nos servirá esta vez para europeizar nuestro corral. Por ahís e aprende mucho y no hay que temer a la salida al extranjero, ¿verdad don ja?

  6. Es bueno abrir las ventanas, que circule el aire fresco, pero no deja de ser lamentable que haya que hacerlo por necesidad. Nuestra juventud atraviesa un mal momento y la responsablidad es de los mismos que les hemos dado unos derechos que ella no valora porque no ha vivido sin ellos. Es una látima, de todas maneras, que el país se desangre y pierda buena parte de su potencial en favor de otras potencias con mejor suerte que él.

  7. ¡Menudo demócrata impresentable que está hecho usted, Sr. Gómez Marín!. Nada mejor que un cambio de chaqueta a tiempo.

  8. Sr. Protestón: No tiene Vd. Ni idea de la integridad de ja por la sencilla razón de que no ha seguido su trayectoria. Siempre criticó/denunció los abusos del poder. Siempre llamó blanco a lo blanco y negro a lo negro, y nunca sirvió a ningún poder.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.