Uno de los personajes históricos de este PSOE, quizá el que yo más estimo, me cortó en seco una vez cuando le hablé de la “nueva clase” enriquecida desde el Poder que el partido les dio. “¿Quién se ha enriquecido? –me preguntó molesto y algo jactancioso, para que yo, sin transición, empezara a desgranarle la lista hasta que con un gesto me dio a entender que bastaba. Hoy esa pregunta no la haría nadie razonable porque llevamos frescos en la memoria a los mangantes con nombres y apellidos. Demasiados mangantes, en la Administración, en los sindicatos e incluso por libre. El último, un dirigente que creó una empresa que facturó a las arcas públicas –y no es el primer caso ni el cuarto—una pila de millones. Una “nueva clase” (Djilas) que –en medio de una crisis para llorar—no es ya una pandilla sino mucho más.

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