No teman que no voy a desempolvar a Djilas ni a meterme en el légamo de los negocios sombreados por el poder. Va la cosa hoy por ese fenómeno espectacular que está suponiendo, a mi modo de ver las cosas,  la emergencia de una nueva clase que releva en los últimos tiempos a las aristocracias rancias a golpe de boda palaciega y festorro castellano. Recuerden, para empezar, las camachinas bodas de Ronaldo en el palacio de Chantilly –¡la mansión de los Condé, no me jodan!–, piedra antigua y retratos apolillados en las paredes para disfrute de un olimpo sobrevenido en el que brillaban con luz propia astros como Figo o Zidane, la actriz Paz Vega o el modisto Valentino junto al campeonísimo Schumacher. O sigan por la inminente que Liz Harley y el millonario Arun Nayar celebrarán primero en una mansión de Gloucestershire y luego en el palacio “art déco” que un maharajá tronado alquila en Jodhpur –una de las regiones más míseras de la India– y para la que la estricta etiqueta exige a los caballeros el turbante y a las damas el uso del “sari” rosa. Habrá que ver con esa prenda en la cabeza a sir Elton Jonh, el plañidero de lady Di, a Pablo de Grecia o al ubicuo David Beckham, siempre a la sombra tuitiva de Donatella Versace, aunque puede que más curiosidad inspire aún el menú ‘multicultural’ confeccionado por esos cuatro ‘chefs Michelin’ a los que parece que se ha confiado el ágape. También subirán al séptimo cielo esta temporada glamourosa Tom Cruise y Katie Holmes, esta vez en la fortaleza de Bracciano, cerca de Roma, y por el rito de la Iglesia de la Cienciología, naturalmente –que es la única verdadera entre esta tropilla–, arropados por Richard Gere, Brooke Shields, Jennifer López, nuestra Penélope, Jim Carrey o Giorgio Armani aparte de los inevitables Beckham. Europa, el Occidente entero, pueden respirar tranquilos, satisfechos ante esta revolución blanca en la que las viejas aristocracias entregan la cuchara sin resistencia al olimpo postmoderno de los cómicos y los peloteros pasando por las lumbreras del modisteo. Pienso a veces que Spengler anunció demasiado pronto la decadencia de Occidente, aquella profecía que dicen que le abrió los ojos a Ortega.
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Pocos espejos de época tan fieles como la clase dominante que a cada una de ellas le toca soportar, desde luego. Pero esta exhibición impúdica y grotesca de  noblezas sobrevenidas implica, además, toda una gramática de la dinámica social, un catón elemental para uso de este parvulario absorto en la televisión que ha visto impertérrito como el viejo olimpo cambiaba sus divinidades sin hieromaquias ni mitologías, de qué grotesca manera sublimaba sus sueños hollywoodianos una casta advenediza encaramada sobre el saldo, un poco como en nuestra postguerra se encaramaron los estraperlistas y los especuladores, con sus ‘haigas’ americanos y sus chaquetas inglesas. El gran teatro del mundo le cede su calderoniana coreografía a esta ‘troupe’ ostentosa que pretende marcar distancias insalvables con su hambriento pasado encasquetándose sin remilgos el turbante alquilado o vistiendo el sari pillado en el vestuario del propio anfitrión. De lo que no estoy seguro es de que el destino no haya hecho de esta irresistible ascensión un instrumento al servicio de sus inescrutables designios, encomendando a esta nueva clase el papelón de servir de modelo imaginario del éxito y, en consecuencia, de horma de los sueños de una sociedad sin rumbo. Ronaldo en casa de los Condé, ya digo: cuando hemos querido darnos cuenta resulta que esos friquis han hecho una guillotina del talonario y un chafarrinón peliculero con las liturgias de toda la vida. En la lista de bodas de no sé cual de ellos figura como posible presente un rebaño de ovejas. Si a Carlomagno se le ocurre algo parecido lo despellejan vivo los mismos que le ríen hoy las gracias a estos héroes del glamour.

18 Comentarios

  1. “… olimpo postmoderno de los cómicos y los peloteros pasando por las lumbreras del modisteo…”, “…encomendando a esta nueva clase el papelón de servir de modelo imaginario del éxito…”, dice el Jefe. Y añado: un éxito que se mide en casonas de miles de millones, en puñados de carros de altísima gama, en derroches obscenos en cuchipandas cuando no en piculinas de elevado standing, de las que cobran millonadas en negro por organizar orgías donde nadie sabe de quién es la verga que succionó o el ano donde se entretuvo.

    Y esto se lo saben al dedillo las nuevas generaciones –y sus papás, que prefieren criar un fino centrocampista o un goleador gordito antes que un físico nuclear- a las que luego no hay manera de que se aficionen a las mates o a los verbos polirrizos.

    No es la primera vez que me pongo apocalíptica y me la suda que me tachen de lo que gusten, pero estamos al borde del precipicio por donde se va a despeñar lo que durante siglos se llamó civilización. Sólo aspiro a que no ocurra antes de los próximos diez o doce añitos que me quedan –si me quedan- por aquí, por estos rastrojales (de difuntos).

  2. Razones sobran para el pesimismo, como el de doña Epi, y ¡cuánta razón lleva esa cativa! Don ja señala un fenómeno degradatoirio más y lo hace con finura de buen observata, como diría él, a porpósito de esta escandalosa moda del despilfarro. La confusión entre aristocracia y clase despilfarradora no es nueva pero sí alarmante. Dios nos coja confesados, seamos tan pesimistas como doña Epi o confiemos en la Providencia.

  3. Otro día de silencios, a pesar de la curiosidad del tema propuesto. Puede que los blogueros anden asustados por las isuspicacias nquisitoriales (es broma) de doña Epi sobre los pseudónimos.

  4. La sociología no interesa más que como política, a ver si se hace cargo alguna vez, capo nostro. El etma es interesante y es verdad que ver removerse esa gusanera resulta no solamente desagradable sino que inquieta al observador normal. ¿Cómo se pueden gastar esas sumas sin que los Fiscos correspodientes se echen encima de los gastosos? La nueva clase está ahí y es lo que hay en este mundo cada momento que pasa más descerebrado.

  5. Puede que el mal día de hoy se deba a la lentitud del blog, servidor o lo que sea, pues a mi mísmo me ha desmotivado varias veces en lo que va de día.
    La reflexión me gusta porque, bajo la anécdota, muestra el lado trascendente de esta “revolución” ante cuyas causas bien merecería la pena detenerse algo más. Le sugiero al jefe –tan poco receptivo para estas cosas– que la prolongue otro día.

  6. Lo mismo digo, respecto del funcionamiento del blog y del interés del asunto de la nueva clase. Este mundo está lleno de idiotas pero no está de más tratar de explicar su mecanismo con la perspectiva que se toma el sociólogo. Y después de todo, ¿qué tenía de mejor la “clase” anterior, alguien cree que la señora de Alba es mejor que su exyerno?

  7. Hoy he pasado cuatro veces, sin éxito, atraído por el tema, rechazado por el misterio de los “sofuares”, “hard-uares” o lo que sea. Me apunto a la prefgunta de Nemo y a su ejemplo magnífico. En mi via he tenido que tratar a mucho “señor” tradicional y les aseguro que, pátina aparete, poca cosa los diferencia, salvo excepciones, de los nuevos “señores”.

  8. ESta no es la nueva clase sino tal vez la última. Piensen en eso. Hoy no me saca del pozo el prozac.

  9. 20:05 (hora española)
    Una odisea, entrar en el blog. La tesis va a misa, y respondiendo a comentariso anteriores, permítanme que diga que sí que hay diferencias entre un aristòcrata serio y un aristogato como el Torlonia de pacotilla que anda por los platós junto com los hermanos Matamoros y Raquel Bollo.

  10. Ayer vi al jefe en el Estadio Colombino aplaudiendo al Recre. Honor a este hombre capaz de conciliar a Apolo y a Baco, la lira y el balón.

  11. No sé qué le ve de menos el señor jagm, coincido con Don Ramiro, a esta nueva clase –Elton John, Versace y demás– si mira hacia atrás. Tampoco yo veo ninguna pérdida en el “relevo” que parece que le quita el sueño, pero volveré a releer el artículo a ver si me escapó algo.

  12. No ha dicho nada del eclipse, don ja, con lo que a usted le gustan esos motivos para glosarlos como sólo usted sabe hacerlo. Todavía está a tiempo y lamentaría que mi sugerencia le disuadiera del posibkle propósito. Yo lo ví desde el campo y fue realmente hermoso. Tanto como deben de ser las noches nada áticas de esta ralea podrida de dinero y de otras cosas.

  13. Este es el mundo, amigo (y amigos), así vamos. Por esta Babilonia se nota quizás algo menos ese efecto, entre otras razones porque aquí Holliwood y sus alfombras rojas son sólo un número del programa, pero hay otros muchos –y bastante más “fuertes” en el espectáculo. A mí me ha interesado la columna mucho, y supongo que incluso le puede haber gustado a mi admirada y simpática doña Epi –Andalucía la Baja pura de oliva, no se mpoleste en disimular– a pesar de sus fingidos malos humores. No la diquelo yo tan vieja ni tan pelleja como pretende sugerir su humor.

  14. Quizás la diferencia entre los ricos de ayer y los de hoy sea sólo una cuestión de estilo, pero a mí me parece esencial: los Condé se construyeron su castillo, los de hoy sólo saben usar lo que los otros hicieron. Los primeros creaban, éstos consumen, gastan, desilfaran, y detrás no dejan nada.
    La columna , efectivamente, triste y desmoralizante.

  15. Pingback: anime girl of sexy

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