Un nieto de Milton Friedman encabeza en Estados Unidos la idea-movimiento de un nuevo orden mundial basado, no ya en las naciones que conocemos desde Asurbanipal –¡malditos Estados!–, sino en miles de micronaciones flotantes, instaladas en aguas de nadie y, en consecuencia, libérrimas, desde las que una minoría joven, elitista y milmillonaria, surgida del milagro tecnológico, se encargaría de eliminar toda dependencia política. Un “nuevo orden” –¿les suena?—instaurado por espíritus elevados conseguiría, según la nueva Acracia, países libre de impuestos, en los que el ciudadano cimarrón pagaría sus facturas en “bitcoins”, la sanidad se basaría en la genómica y la educación en la Red siempre utilizando energías verdes. Los Estados dicen –porque no es sólo Patri Friedman el profeta de esta yihad—se nos han quedado estrechos, dado el fracaso de su gestión y su manifiesta incapacidad para seguir el ritmo vertiginoso del progreso, razón decisiva en nombre de la cual se predica ese orden nuevo y tecnofascista en el que, sin embargo, parece que ya confían casi tres americanos de cada diez. ¿Raro? No tanto quizá, teniendo en cuenta que un tercio de esos milmillonarios procede del negocio tecnológico, circunstancia que ha hecho que estos jóvenes próceres miren con manifiesto desdén a los propios jefes de los “antiguos” Estados. La democracia, dice Friedman Jr., resulta radicalmente “inadaptada” respecto al estado libertario por lo que se hace preciso sustituir su vieja mitología por un sistema de nueva planta consistente en esos millares de lugares exentos desde los cuales la minoría discurrirá nuevas leyes e instaurará la Libertad con mayúscula. California, por ejemplo, debería dividirse en 16 países como preconiza Tim Draper, un ejecutivo que proyecta ya para el otoño que viene –como Artur Mas—un referendo separatista. Vean cómo no sólo aquí se cuecen habas.

No más gente hambrienta ni más gobiernos fallidos: la Nueva Acracia de esos audaces curará a los enfermos, enriquecerá a los pobres, limpiará los océanos, dejará la atmósfera como una patena y hará desaparecer del entorno los residuos que hoy nos amenazan. Y ya puestos, anclarán sus navíos-naciones justo en el límite de las aguas territoriales para desde allí reorganizar la acción de la oligarquía mundial, libre definitivamente de trabas políticas y sociales. La Libertad derrotará a la Democracia y los ricos a los políticos. Vamos, decididamente, de Guatemala a Guatepeor.

1 Comentario

  1. El viaje a Icaria con que alguna vez soñamos -ay, aquella lejana juventud- y que por mal uso del vocablo, ya no podremos llamar utopía.

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