Así, “la novena provincia andaluza”, llamaba a Barcelona el gran José María Osuna . Hay que recordarlo hoy –al iniciar la semana límite que traerá lo que traiga– porque más de un millón de andaluces se vería extranjero el próximo lunes en su propia nación de prosperar el proyecto sececionista y no es posible siquiera imaginar esa situación viviendo como vivimos en el periodo pacífico y libre más vasto de la historia española. A esos trabajadores –que llevaron allá desde el Rocío a la Feria de Sevilla– debe Cataluña gran parte de su progreso y de su bienestar por más que el ex-honorable Pujol –y no sólo él– los ultrajara miserablemente antes de descubrirse su presunto saqueo familiar del país. A ellos, españoles y catalanes estatutarios, debe proteger el Estado frente a la frenopatía de los ganapanes.

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