Cuando en los años 60 Tito logró sacar adelante en Yugoeslavia su modelo “cooperativo”, una especia de esperanza se abrió paso entre una militancia comunista europea que andaba ya al cabo de la calle de las utopías fundantes. En aquella generación nos tragamos muchos libros sobre el tema quizá porque en el París auroral de aquella década corría como la pólvora el dogma dictado por Bertrand Russell según el cual los demócratas del mundo tenían dos opciones posibles: o seguir el “modelo occidental” (que Russell, como nuestros trasabuelos continentales, llamaba “democracia política”) y que consistía básicamente en el paradigma griego clásico de “el gobierno de la mayoría”; o atenerse al “modelo oriental” que, en su libro “What’s Democracy”, que para entonces no cumplía ya los veinte años, definió sin complejos como “el gobierno en interés de la mayoría”, que no es lo mismo ni de lejos. La lucha de Tito, una vez concluida la feroz batalla de la guerra y sus secesiones, con las famosas “cestas de ojos” incluidas, se dirigió ante todo a asegurar un sistema de participación colectivista, constitucional a su manera, severa y seriamente federal, y que veía en el autogobierno de los productores el único fundamento legitimador de un régimen democrático. Pero Tito supo percatarse de que la cosas no iban bien ni tras el “telón de acero” ni fuera de él, y procuró incansablemente reconducir progresivamente su peculiar “democracia” hacia formas operativas basadas en el intento de reforzar la voluntad de las mayorías en detrimento del propio Estado, lo cual, al fin y al cabo, no era más que la reinvención de la perspectiva utópica y poco creíble que el propio Lenin formuló hacía muchos años en su teoría del Estado. El instrumento democrático de esa participación era la cooperativa, una institución que resolvía a un tiempo la cuestión laboral y el problema clásico del acceso a la propiedad, lo que en definitiva suponía el ambicioso proyecto de conseguir un régimen fuerte en el que las libertades ciudadanas resultaran, al fin, compatibles con una economía socializada. Cuando Tito murió, a algunos se nos tomó el número cambiado sólo por decir que muchos yugoeslavos –aún se empleaba ese adjetivo—iban a acabar echándolo de menos. La verdad es que no fuimos capaces entonces de imaginar hasta qué punto.

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Ahora ha salido a la palestra una nieta de aquel dictador, Svetlana Broz, y ha escrito un libro estremecedor (del que sólo conozco dos capítulos) en el que, partiendo de que ella misma lleva sangre eslovena, judía, croata, checa, rusa y alemana, denuncia la tragedia de la fractura racial y apunta un hecho incontestable: la recuperación fulgurante de la figura de su abuelo en un país en el que el liderato ha conocido las versiones más ruines y trágicas, desde el que ejerció aquel burócrata gris e implacable que fue Milosevic hasta los perpetrados por canallas más o menos psicópatas como Mladid o Karadzic. Ya he contado otras veces que, al principio del conflicto, tuve ocasión de encontrar en Punta Umbría a un grupo de exilados yugoeslavos, aún no separados por razas o nacionalidades, y a ellos escuché la más rotunda atribución de la ruina que estaba padeciendo el país a los propios políticos. Esos mismos apaleados deben de ser los que ahora protagonizan la “titomanía” o tratan de reflotar el espíritu panyugoeslavo, siempre con el milagro del ‘Gran Mariscal’ en la memoria y la nostalgia de un régimen que, condenado sin remedio desde Occidente, llegó a gozar de un prestigio generacional que inquietaba seriamente a tirios y troyanos. Tito supo encerrar al demonio racista en una camisa de fuerza que llevaba bordadas la imagen del orgullo popular, la leyenda del autogobierno y el sueño de la democracia socialista. Una camisa muy antigua, no lo discuto, pero que entre los escombros que dejó Javier Solana empieza a aparecer aquí y allá en el mercado negro de la nostalgia.

14 Comentarios

  1. Extraño este silencio ante una columna que tantas cosas sugiere, y que necesita tanto valor para ser escrita. Somos injustos. Yo se eso sé algo, patrón.

  2. Nada extraño, Sr. Juez, lo que pasa es que, a veces, GM no deja cabos sueltos para ampliar o discutir.
    A mí, como muchas veces, hoy no se me ocurre ninguna aportación de momento sin salirme del tema y recurrir a las obviedades que mes sugiere la indignante actualidad. No tengo humor.

  3. Pués sí, hoy hace 26 años de la muerte de Tito. Al igual que el georgiano Stalin en la URSS, un croata fué el que consiguió mantener la unidad de un país tan multi-nacional y problemático como Yugoeslavia. Fué el más eficiente de los “servios”.

    Aquí un gallego, -y que ejercía como tal-, domesticó casi hasta el exterminio un país de nacionalidades, regiones y cantones.

    En ciertos círculos políticos del nordeste de España se dice que hasta que un “charnego” no presida la Generalitat, Catalunya no conseguirá la fuerza necesaria para caminar sola.
    Antes tendrá que gritar muchas veces para poder despertar a rocieros, costaleros y flamencos varios.

  4. No es buena esa referencia a los rocieros, costaleros, etc. Sra. Stein. No podemos desde Catalonya igualarnos en simplificaciones y en fobias territoriales como una parte de esa gente a la que alude. Yo tengo entre esa gente leales y valiosos amigos.
    Tampoco me encuentro hoy con muchas ganas de debate.
    Un saludo a todos.

  5. Pues ahora un berciano, que no ejerce como tal, está creando nacioncillas, y precisamente ha empezado por la que nunca en toda su historia fue nación, reino ni república y todo su hecho diferencial radica en que algunos hablan diferente y no creen en la igualdad.

  6. Pués señores, discrepo y me lanzo a animar el debate…aunque parezca poco propio de alguien tan ignorante como yo.
    Según tengo entendido, verdad es que el viejo mariscal, se lanzó rapidamente y dentro de lo que le dejaban, en busca de lo que podríamos llamar una “tercera vía”, que es lo que hacen poco menos todos los hombres de poder con vista. Hasta ahí, todo bien.
    Sin embargo se le puede achacar los enormes movimientos de poblacion que en vez de arreglar las cosas no hicieron más que empeorarlas, criando el resentimiento, la rabia, la nostalgia a un ayer idealizado, el deseo de revancha y todos esos sentimientos negativos que nacen cuando se es víctima de una injusticia patente. Pero qué idea más bárbara , más descabellada creer que desplazando a la gente se les va a olvidar de donde vienen y lo que son.
    Y si eso no es el colmo de de la tiranía, de la dictadura y de la injusticia que me lo expliquen.
    Desde aquí puedo vaticinar que cuando se muera Fidel, Cuba se vendrá abajo, pero , si en ese entonces, alguien empieza a explicarnos lo bien que lo hacia el difunto, pués desde aquí ya les digo yo que no.
    Total, que no se si me entienden pero aunque no lo hayan dicho los Yugoeslavos de Punta Umbría, el Mariscal

  7. No apresure sus comentarios Sr. Smith, no es propio de Vd. y el que acaba de hacer le descalifica.

  8. Enhorabuena, ciberdetective Trebonio, nos ha descubierto.
    Lleva meses en la ardua labor de desenmascararnos mediante la astuta argucia de llamar Smith a Griyo, Griyo a Smith o Griyo y Smith a cualquiera de los dos casi casi como si fuera el Teniente Colombo. Me rindo. Soy él. Es yo. Somos uno y dúo.

    Como suele ocurrir en los hábiles interrogatorios es el interrogado el que tiene que suministrar la prueba de cargo decisiva que lo convierta en reo. Pues ahí va:

    En los principios de éste blog, en los comentarios al artículo de noviembre titulado “El último pseudónimo” comentario 7º 2ª parte
    http://bitacora.jagm.net/archivos/2005/11/22/el_ultimo_pseudonimo
    se puede leer:
    “Me siento aludido en el artículo de hoy de nuestro anfitrión porque me identifico como Pepe Smith, Pepe Grillo o cualquier otra cosa según me siento en el momento en una especie de esquizofrenia, no clínica por ahora, que depende de mi estado de ánimo.”

  9. Pués señores, discrepo, y me lanzo a animar el debate, …aunque parezca algo atrevido en alguien tan ignorante como yo.
    Según tengo entendido, el viejo Mariscal no se andaba por las ramas a la hora de cortar por lo sano. Rapidamente hizo lo que hace, poco más o menos, todo hombre de poder con vista, ésto es buscar una tercera vía, …dentro de la pequeña margen de maniobra que tenía.
    Hasta ahí, todo bien.
    Pero si mal no recuerdo al gran Mariscal se le debe la estupenda idea de transplantamientos masivos de población , afin de crear, de hacer realidad a Yugoeslavia.
    Por aquí cerquita podríamos hacer lo mismo: se cogen a uno o dos millones de vascos, se les traslada por sierra Morena, con prohibición terminante de volver, se coge a otro pico de Catalanes y se les instala en las Hurdes, y ahí se quedan..
    Espero que con el ejemplo todo quisqui comprenda lo bárbaro, y lo descabellado de tal decisión. Con certeza todos esos desplazados, en vez de olvidar de donde venían y quienes eran, se aferraron al recuerdo de un antaño mejor y más suyo, y sintieron rencor , rabia, y odiaron a todos aquellos que les habían robado y disfrutaban de lo que había sido suyo. De forma que, cuando el Mariscal la palmó , eso o quitarle la tapa a la olla expres, todo fue uno.
    Quizás no hubiera ningun desplazado entre los Yugoeslavos de Punta Umbría, pero no por ello la tragedia de esas poblaciones sea menor.
    Todo esto para decirles que desde aquí puedo vaticinar que cuando muera Fidel, Cuba se hundirá, muchas cosas funcionaran peor que ahora, la salud, la enseñanza, para poner ejemplos, pero si en ese entonces me vienen a decir que qué buena persona era don Fidel, pués desde ahora ya les digo que no.

  10. Se lo podrá creer o no, pero desconocia lo de su comentario de Noviembre y no hace falta ser un agudo detective para identificar el ADN de su estilo literario cualquierea que sea el pseudonimo. Lo siento, pero no es grave …creo?

  11. Naturalmente, ninguna importancia, nunca he tratado de esconderme, pero da la impresión de que es lo que Vd. cree. Simplemente me gusta alternar los nombres cuando toco dos temas distintos.

  12. No dé ideas Dª Marta que hay gente que aprende muy deprisa y lo mismo se les ocurre barajar andaluces con asturianos o valencianos con estremeños.

    Cierto todo lo que cuenta de Tito pero, en su descargo, le recuerdo que ya antes de las migraciones forzosas, que en derecho internacional también es genocidio, las tres etnias de los balcanes no entendían ninguna solución que no fuera el exterminio de las otras dos.

  13. Marta Sicard se apunta a lo fácil, a la “demagogia blanca”: ¡qué progre queda condenar sin paliativos ni distingos a todas las dictaduras…de izquierda! ¿Castro/Tito? Vaya trampa. Uno es un esclerótico y el otro un incansable ensayista que por poco lo consigue (el patrón recuerda bien lo que fue aquella “moda yugoeslava” y debería animarse a revelar los entusiastas que su día tuvo ésta, hoy en la socialleches ésa que nos gobierna). Por otra parte, doña Marta, Tito movería poblaciones pero no olvide las “cestas de ojos” citadas por GM, ni que pasado medio siglo Yugoeslavia no era, como insinúa una olla expréss: SÍ, ES VERDAD lo de Punta Umbría: ese conflicto lo crearon los políticos. Como aquí han creado el del “modelo territorial”, el de la novísima ley de Educación, el provocativo del “matrimonio” gay, etc. Ecuanimidad, amiga, y reconozca que el fondo del argumento de hoy es impecable.

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