No comparto ninguna de las posturas maximalistas que ha provocado en España el guiñol francés contra nuestros deportistas. Algo hay de verdad en que la reacción del Gobierno ha sido un punto excesiva, puesto que el agravio no es asunto des Estado sino de una cadena privada de televisión, y algo de cierto hay también en que aquí, a la menor de cambio, se despierta el gabachismo contra “la Francia impía” que, por su parte, ha sentido siempre por nosotros, los españoles, un simpático “dédain”, incluso un “mépris” no demasiado distinto del que mucho cabrero siente aquí por los portugueses, o al que los propios franceses han sentido siempre por los alemanes y viceversa. En tiempos de bonanza, tal vez el incidente hubiera dado lugar a demostraciones más sonoras y la gente común se hubiera levantado en armas contra ese insultante montaje que, a mi juicio, no revela más que la frustración francesa ante los insólitos éxitos de nuestros deportistas de un tiempo a esta parte. Yo he visto y oído abuchear a Nadal en las pistas francesas pero también recuerdo que, aprovechando las protestas de la dictadura reclamando Gibraltar, los estudiantes se manifestaban en la puerta de los liceos franceses en un gesto de simbólico sincretismo xenófobo. Verán, los países tienen su alma en su almario, y de viejo nos vienen rencores y aficiones difícilmente actualizables. Desde Francia, por ejemplo, intentan en vano descalificar nuestro olimpismo pero también es verdad que nos entrega a los etarras, nos envía sus turistas, nos vuelcan nuestros camiones fruteros o nos ilustran con su cultura. ¿Por qué no reproducir esa polémica para consumo interno a la vista de los guiñoles en que hemos visto acribillar sectariamente a nuestros políticos durante todos estos años? Yo creo que nos hemos pasado en la reacción, y bienvenido sea el pasote en la medida en que haya podido servir como narcótico en la conciencia nacional en momentos tan difíciles.

Por lo demás, es obvio que los franceses envidian una generación excepcional de atletas hispanos y que sus acusaciones de fraude no son sino la oscura expresión de una tirria originada en su propio fracaso. Francia no gana casi nada hace tiempo y eso no encaja bien con su presunción de  “grandeur”. ¿Al desdén con el desdén, pues? Hombre, pues tampoco, porque la mala fe no debe ser disimulada nunca y menos asumida, pero seguro que ni Nadal ni Contador se han visto sorprendidos por lo que es una vieja historia. Recuerdo una vez que un maestro francés inolvidable, hablando del “Gil Blas” y de Rabelais, no me ocultó su sorpresa porque yo fuera (entonces) un joven español. Confieso que no sólo no se lo tomé a mal sino que me honró su estupor.

4 Comentarios

  1. Desde luego no es para tanto, aquí mismo hemos visto durante años meterse a fondo con todo bicho viviente en los guiñoles. Otra cosa es que revelen la frustración francesa y su incapacidad de comprender que un país como España haya dado el salto tan tremendo que ha dado en deporte.

  2. Volviendo al tema de los guiñoles y los escarnios en la plaza pública. Creo que hubo un precedente, con consecuencias más funestas, en el que un importante dirigente francés fue puesto en la picota por este mismo medio. ¿Puede ser Pierre Bérégovoy?
    Un saludo

  3. Los guiñoles farnceses son corrosivos, como los mespañoles, por cierto. Canal Plus France no es más sectario que Canal Plus España.

  4. ¡Que nos van a contar a nosotros sobre el “mépris” francés? Coincido al cien por cien ncon tu estamación y criterio. No hay que sacar las cosas de quicio, pero eso no quita que el gesto francés tenga gran alcance y haga un daño irreparable al deporte español.

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