La murga sigue

Dice la hija de Carlos Cano –¡querido Carlos”!—que su padre dejó de cantar la “verdiblanca” cuando la vio en los banderines de los coches oficiales. Si viviera hoy vería reconvertidos al autonomismo a tirios y troyanos, todos proclamando el 4-D como un solo hombre, incluidos los muchísimos que entonces no estaban por la labor y los que se subieron a ese tren forzados por las circunstancias. La desmemoria hace milagros, pero ahí está la hemeroteca: muchos, unos y otros, estoy por no decir que la mayoría, pillaron ese tren en el último vagón aunque ahora entren en la estación atronando con el silbato. La Historia está repleta de protagonistas “a posteriori”, pero cuarenta años después, ni hay trabajo ni los emigrantes han vuelto –como él cantaba–, parapá, parapá, parapá pa pa.

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