Un informático de Ontario, Le Trung, joven todavía encasquetado en el hogar paterno, ha reproducido, imagino que sin conciencia de ello, el viejo mito de Pigmalión que Ovidio nos relata en su incomparable canto X de la “Metamorfosis”: el de crear por su mano una mujer ideal, a partir de materiales inertes, una mujer perfecta como ajena a la ‘perfidia femenina’, con la que conseguir sin riesgos a una amante siquiera imaginaria. Dicen que el muy cuitado se ha pulido en su obra nada menos que 22.000 dólares y que el resultado ha sido una moza de metro y medio, fabricada con polivinilo y provista de sensores que le permiten no sólo reconocer los rostros o identificar los fármacos, sino aplicar mantequilla a una tostada, aparte de leer y chapurrerar al menos tanto la lengua inglesa como la nipona. El nuevo Pigmalión encomia un resultado que considera perfecto porque –vista la cosa desde la cumbre del machismo—se trata de una mujer capaz de trabajar sin descanso veinticuatro horas que, además, no necesita alimento ni reconocimiento alguno, a pesar de lo cual ha decidido, de momento al menos, respetar su ‘virginidad’ a pesar de que el engendro tiene sensores implantados en la vagina lo que facilitaría las cosas considerablemente, hay que reconocerlo, sin necesidad de recurrir a Afrodita hasta apiadarla, como hubiera de hacer antaño el rey de Chipre para dar vida  y convertir en practicable a su ‘Galatea’. Es una historia como para Berlanga, es cierto,  pero me parece a mí que encierra en sus entretelas más sustancia mítica de la que parece a simple vista. La manía por las muñecas inflables no puede reducirse a una simple perversión, sino que hay que ver en ella un eco todavía vigoroso de las ensoñaciones primordiales de la especie.

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No es ningún secreto, después de Cassirer, que ni los mitos son propiamente montajes fantasiosos ni las conductas resultan, en infinidad de ocasiones, del todo ajenas a ellos. Hasta hay quien ha propuesto (creo que desde el funcionalismo) que incluso puede pensarse en la posibilidad de que bajo la inmensa mayoría de las conductas humanas, sobre todos las que implican una carga pasional, subyazca el fósil subconsciente de un mito que actúa en esa oscura zona de la mente como semilla diminuta o eficaz levadura, razón por la que el mencionado maestro sostuvo con energía que “el hombre era un animal mítico”. Tal vez actuamos y nos movemos, como nuestro ingenuo informático, arrastrados por fuerzas que ni sospechamos y que de la manera más cándida confundimos con el propio criterio, por ejemplo a la hora de ‘fabricar’ una mujer practicable convencidos de que, como obra prístina y nuestra, será una hembra ideal y no un amasijo de cables y materiales muertos, pero también en otras muchas ocasiones en que ni sospechamos que ese acicate poderoso pueda ocultarse en esa cara oscura de nuestro desconocido psiquismo. En este apartado de la creación de seres, es curioso que se haya prodigado más la fantasía de la mujer, incomparablemente más imaginativa y bella que la que subyace en las repetidas leyendas hebreas del ‘Golem’, incluida la de Gustav Meyrink, que tanto deslumbraba a Borges. Es la idea posesiva del macho la que sugiere el deseo y el proyecto de apropiarse por entero de la mujer amada creándola él mismo convertido en demiurgo, ocurrencia que no se da entre las hembras, al menos,  que yo sepa. Aunque quizá el mito ovidiano escapa a esta regla en la medida en que el macho se muestra idealista e incluso confía su deseo a la divinidad que, compadecida o admirada, quién puede saberlo, acaba por concederle el prodigio. Le Trung es un fetichista, Pigmalión un soñador, y entre ambos supuestos media un  abismo. Es la distancia que separa a Ovidio de Berlanga, que le vamos a hacer. Que este mundo se empobrece por momentos no es ningún secreto.

6 Comentarios

  1. 22.000 euros me parecería una ganga si no fuera porque habla Inglés y japonés… y no sean malpensados, que yo sólo la quiero para regalársela a la señora Griyo como asistenta.

  2. No sé en qué estarias pensando. Desde luego , tu idea me parece magnífica.
    ……
    Precioso, y un tema muy Joseantoniano-marinero.
    Besos a todos.

  3. TEMO QUE SE PIERDE HOY LA OCASIÓN DE COMENTAR LA INTENCIÓN DE JA, QUE ME PARECE CLARA: abordar el tema del pigmalionismo, su trsfondo mítico, y en ese sentido, una vez más, la trascendencia del pensamiento de esa naturaleza. Lo siento porque a mí me ha parecido la columna muy a propósito para ese objeto.

  4. Es un tema que interesa muchísimo a don Jose António, recurrente en él.No lo comenté porque no sé qué decir más y/o mejor que él.

  5. no existe la mujer perfecta asicomo tampoco el hombre perfecto es una cuestion de compatibilidad y aprendizaje continuo y asi es como debemos de aprender a sobrellevarlo, en definitiva es nuestra forma de vida que mater natura a desarrollado. un saludo don jose antonio

  6. Llevo tiempo sin tenerlo para acercarme por aqui. Impone volver.
    Casi en la mejor linea de jaramago .. las frases un poquito largas uff

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