La mujer de César

No cuestiono la probidad de la juez Núñez, la instructora de los graves “casos” de corrupción en la Junta que con tanto empeño parece esforzarse en deshacer la laboriosa instrucción de su antecesora, la juez Alaya. La recusación que acaba de plantear el PP, sin embargo, ante el hecho de que una persona clave en aquellos enredos sea su cuñada, obliga a invertir el adagio que acuñó Plutarco: la mujer de Julio (César) ha de parecer honesta además de serlo. Con la misma firmeza con que hasta ahora se mostró indiferente a tantas protestas por su gestión, esa jueza debe asumir sin demora la insostenibilidad de su circunstancia, aunque sólo sea para disipar sospechas, y renunciar a una instrucción que irremediablemente se ve nublada por un hecho tan palmario.

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