Un día, en un intermedio de cierto consejo de redacción, discutían Pedro J. Ramírez y Felipe Sahagún sobre la “baraka” de Arafat, aquel terrorista al que hicieron Nobel de la Paz, que, entre la realidad y la leyenda, parece ser que habría sobrevivido a diecisiete atentados, que es el tópico de los caudillos carismáticos a los que sólo puede matar una bala de plata o un aspid deslizado en su cama por una doncella. Yo les dije que, más allá de esa rareza, me parecía a mí que su más extraordinaria prueba de superviviente la constituía el hecho de haber sobrevivido veinte años junto a la famosa Suha que, justo una días antes de esta anécdota había organizado la de Dios es Cristo al publicarse una fotografía suya, algo lésbica (vamos, lésbica del todo), junto a una desconocida que, al parecer, sofocó mucho al héroe palestino. Bien, pues ahora, la de la foto lésbica acaba de solicitar, junto a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), la exhumación de los restos de aquel trueno que duermen en su tumba desde hace ocho años. La causa es que parece ser el testimonio de un autorizado forense que asegura que Arafat murió víctima de de un silencioso atentado a base de polonio 210, el mismo material que utilizó Putin para deshacerse, años antes y en Londres, del espía doble Alexader Litvinenko. ¿Tiene alguna lógica que un tío que ha superado diecisiete atentados, aparte de su mujer, caiga, envenenado por mano alevosa con un material radiactivo que los técnicos dicen que se detecta sin dificultad en su “kufiya”, que es esa suerte de servilleta que él usaba y usa ahora el alcalde rebelde de Marinaleda? A mí, personalmente, no me ha disgustado el caso, sobre todo, por la sugerencia de los forenses de que podía haberle sido suministrado por el oído, en plan “Mil y una noches”.

La tal Suha ha respondido a un periodista que se interesaba por los posibles autores del magnicidio que ella no tiene ni idea pero que, en resumen, sólo hay tres o cuatro países que dispongan de ese material radioactivo como para emplearlo en operaciones especiales. Yo no lo sé, pero sospecho, que Arafat murió extenuado de tanto mal y tanto bien, fuguista, quién sabe, de esa dama que ahora va a sacarlo de su tumba como en vida lo sacaba de sus casillas. Veremos el resultado de la pericia, pero ya les adelanto mi repulsa a estos recursos extremos que suelen pagar generosamente los medios sensacionalistas.

4 Comentarios

  1. Me maravilla la cantidad y la variedad de información que recoje y de la cual sabe usted sacar miga; va desde el bosón de Higg, pasando por temas sociológicos, sociales, económicos y acabando como hoy en la compañera lésbica del señor Arafat! Menuda glotonería intelectual!
    Besos a todos

  2. Eso se llama curiosidad universal, Anonimo amigo. No pretenderá usted que e s mejor que el intelectual se encierre en su torre marfileña.

  3. Disculpen, el anónimo era yo.
    Y , desde luego, don Pangloss no pretendo nada, sólo dar fé de mi admiración y cariño.
    Besos a todos, una vez más.

  4. En un encuentro amistoso de hace una semana varios amigos comunes comentaron este bblog, a lo que yo les dije que lo que se espera de ellos no es sólo que lean a un autor sino que lo critiquen o aporten criterios complementarios. Hoy debo decir que el tema me ha impresionado –llevo días si leer el periódico para evitarme berrinches matinales– y me hacho mucha gracia la anécdota sobre la “señora” de Raid.

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