Tengo entendido que la moneda fuerte favorece las importaciones del que la posee y, al contrario, perjudica a los exportadores. En todo caso, llevar en el bolsillo ese peso específico confiere al que lo lleva una suerte de superioridad que hemos comprobado muchas veces y, al menos hasta la llegada del euro y su posterior cabalgada, nos ha hecho envidiar a los dueños del dólar. Durante los últimos 50 y los felices 60, los yanquis de Torrejón o los de Morón y Rota llegaron a establecer en la noche prostibularia un régimen de doble moneda en el que las putas y los taxistas no sólo admitían el pago en dólares sino que lo preferían porque a la ganancia neta podían  añadir luego, cambiando los cuartos en el mercado negro, un beneficio añadido nada despreciable. El pobre Lauren Postigo se ganó la vida una temporada (nos lo contó una madrugada a Antonio Burgos y a mí) con ese trajín del cambalache monetario para cuyos tratos y contratos con el turisteo eligió aquel lince el camerino de la Virgen de los Reyes de la Catedral sevillana, oculto tras la urna de San Fernando, como una réplica inconsciente del genial retrato del cambista y su mujer de Quentin Metsys, el del Louvre, que representó a la avaricia vecina paredaña de la oración. No diré qué literato de aquel Madrid, ya desaparecido, sostenía que pagar el putiferio sabatino en dólares resultaba cojonudo porque parecía sesenta veces más barato (ése, 60 pesetas, fue durante años el precio del dólar) y, encima, te respetaban más, lo mismo el barman que la rabiza, razón que debió de influir no poco en el proverbial racismo latente por entonces en el ambiente lupanar. Y yo me pregunto ahora si los yanquis que ven a los europeos pagar en euros en sus bares y burdeles sentirán un resquemor simétrico y acaso una cierta xenofobia frente a esos intrusos que han logrado, al fin, unir la fortaleza de su moneda a su prestigio indudable. Lo que sí sé es que, desde Manhattan a Buenos Aires y un poco por todas partes, el euro es acogido con una sonrisa de oreja a oreja. El rapto de Europa le ha salido por la culata al todopoderoso toro blanco.
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El turismo es, sin duda, estupendo además de un activo factor de homogeneización cultural, lo que no quita para que el viaje mismo se haya convertido en una de las industrias más potentes de la postmodernidad aunque, ciertamente, también una de las más expuestas y dependientes de una circunstancia internacional que incluye desde la cotización de la moneda al fantasma de la guerra. España se vio favorecida, qué duda cabe, por la inseguridad de los destinos afectados por la tensión islámica, de la misma manera que los EEUU se ven ahora beneficiados por una invasión –sólo superada por la del año 2000– que ha disparado los ingresos por un turismo en el que el gasto medio por estancia de los europeos se calcula en unos 4.000 dólares. Queda por saber si ese tráfago reforzará nuestra imagen o, por el contrario, despertará en nuestros huéspedes la misma hostilidad sorda que se percibía aquí a simple vista frente a aquellos sargentos negros con chuleaban con el ‘haiga’ o pagaban por la ventanilla con un puñado de dólares y dejaban el cambio al taxista agradecido. Lo cual, en cierta medida, no deja de ser una venganza pírrica del Viejo Continente sobre “el amigo americano” que ya nos salvó dos veces con su ‘Séptimo de Caballería’ de esa Alemania que el año pasado le envío un  ejército de millón y medio de turistas con la mala conciencia superada y el bolsillo reventón. El turista es ese impertinente por el que suspiran los mismos que lo detestan, ese ‘primo’ rumboso al que es preciso corresponder con una mezcla de gratitud y rencor porque nos sube los precios y pone por las nubes la mancebía y el taxi. Aprovechen lo del euro, háganme caso, y dense un homenaje en el “River Café” contemplando la silueta de Manhattan, triste sin sus Torres Gemelas.

19 Comentarios

  1. Alguna vez teníamos que ganar nosotros, querido. Lo ompoortante es ver cuánto dura esta gloria. Y no creo que los yanquis nos aborrezcan porque les llevemos divisas. Eso les ayudará a compensar su moneda…

  2. Muy cierto lo que se dice hoy y creo, al contrario que el Páter, que en efecto, en este país tan celoso crece por días un recelo frente al auge económico europeo. Esos turistas vagando por Manhattan no gustan demasiado. El Imperio es el Imperio.

  3. Este es mi don Jefe. Ni niño Arenas ni tío Chavito. Ni el Zêjabêan ni el registrador MRBrey. Mola recordar la yanquización de Torrejón, de Morón, de Rota. Cafeterías de la calle Asunción sevillana o en la Gran Vía de los gatos, con nombres de novela de MLEstefanía: Montana, California y sargentos negros de dos x dos metros casándose con nuestras meretrices nacidas en Socuéllamos o Becerreá.

    Ya mediados los sesenta, el $ subió a 70 p. y 5 centavos eran 3,50 pelas. Mi amigo -sorche pelón- me cuenta que en la cafetería de la USAF de Morón era la consumición mínima y con eso te podías pasar allí el tiempo que quisiseras con un café aguachirri o una copa helada de gelatina insípida de bellos colores, leyendo y contemplando una recreación total de lo que solo veíamos en las pelis. Lo que ha llovido. Aunque no sea lo suficiente.

    Hasta se permite dar una pincelada sobre picaresca actual hablando del nervense, que igual disfrutaba de momentos televisoros de gloria que yacía canino perdío en abismos de tiesura. Yo lo veía algunas veces, poco antes de posar in puribus, fotoshop incluido, comprando champú barato en un Todo a cien. Una servidora coincidía muchas mañanas en aquella época desayunando con la Camboria, que siempre hablaba bien de él.

    Siga por esa vereíta, mi don Anfi. No se ensucie los zapatos de cieno pestilente.

  4. La diferencia entre el euro y el dólar no es tan grande como la que había entre la peseta y el dólar…
    A mí, la diferencia entre los dos ni me va ni me viene.No tomo muchos taxis, el precio de la mancebía no me preocupa, y desde luego no pienso ir a Nueva York, porque no hay allí nada ni nadie que me interese. Si pudiera, cien mil veces preferiría darme una vuelta por el Parque de Maria Luisa,o saludar al Angel Caído del Retiro!
    Pero estoy de acuerdo con la definición de don José Antonio del turista de masa:”ese “primo” rumboso al que es preciso corresponder con una mezcla de gratitud y rencor.”
    Saludos a todos.

  5. 14:30
    “háganme caso, y dense un homenaje en el “River Café” contemplando la silueta de Manhattan, triste sin sus Torres Gemelas.”
    Ni hablar, querido amigo, no pienso ir por el país del dólar mientras no se les quite, y no se les va a quitar nunca, la manía persecutoria que tienen ante todos los extranjeros que los visitan, y mis votos siempre son perpetuos.

    “o, por el contrario, despertará en nuestros huéspedes la misma hostilidad sorda que se percibía aquí…”
    No le quepa duda.
    En cuanto a los euros, son mejor recibidos en todo el resto del mundo, según mis noticias, desde el mismo día en que el cambio del euro sobrepasó la paridad. Tienen mal perder los americanos en la competición monetaria aunque la devaluación del dólar sea actualmente la base de su economía.
    .
    Tuve la suerte de que a mi hijo, cuando pidió en su
    empresa un destino en NY para mejorar su inglés, le ofrecieron una oportunidad más atractiva en Tokio, lo que le libró de ser un extranjero en NY durante y después de lo de las Torres Gemelas.

  6. “y sargentos negros de dos x dos metros casándose con nuestras meretrices nacidas en Socuéllamos o Becerreá.”

    Hágase mirar la fobia que padece a diestro y siniestro.

    Hay centenares de dignas mujeres que están casadas con miembros de las Fuerzas Armadas estadounienses.
    Es tal la ristra de improperios que se me han ocurrido al leer esto que emplearé uno muy suave: “Es Ud hija de impotente”.

  7. El “escalón” monetario es grave, no lo dude doña Marta, aunque ja explica bien que depende para quien. Para el resto, no entiendo porqué una columna perspicaz y simpática como ésta puede derivar los comentarios hasta le improperio que acabo de leer. Y por supuesto, también a doña Sicard he de decir que en NY hay mucho que ver. Prefgúntele al amigo ja, que durante un tiempo opinaba como usted a fuer de ultraeuropeísta/internacionalista.

  8. No se me solivianten, amigos, sobre todo en estas ocasiones en que nuestro buen don josian nos permite reir al mismo tiempo que llorar. Graciosa evocación, buena trama: columna deliciosa en suma. Ya me dirán si no es mejor esto que haber elegido cualquier aspecto del rifirrafe político, los líos inacabables de la campaña y todo eso de lo quye se ocupan más de 500 columnista en España (digitales incluidos).

  9. Interesante. Don ja es un crítico bien original e incorrceto de la economía clásica pero hoy se atiene, me parece, a su paradigma más estricto y liberal, para hacer su graciosa crítica de ayer y de hoy. Ese mundo de putas y taxistas es toda una evocación incluso para los no usuarios. Y su predicción/sugerencia del rencor por la moneda fuerte, seguro que acertada. Ya veremos lo que nos cuesta ese triunfo.

  10. Otra recortada para el archivo. Me temo que este paso acabo en antólogo tuyo. Y con mil amores.

  11. También en el Berlín de entonces, mucho antes del marco fuerte, se vivió eso que tan vívidamente pinta jagm, es decir, la ostentación, la envidia, el negocio y mercado negro, el rencor de los débiles… Coincido con el magistral Ropón en que el triunfo monetario puede ser efímero y costarnos caro.
    Ah, doña Marta, en NY hay mucho que ver. Resulta extraño ese comentario en boca de persona tan culta y sosegada.

  12. ¡Qué jóvenes éramos, querido amigo, cuando aquellas guerras incruentas! Recordarlas hoy es añorarnos a nosotros mismos, no se te escapará eso, aunque sea contemplada la escena a través del cristal sereno de la experiencia. (Me ha encantado, de verdad).

  13. Me gusta ese desparpajo con que gm mezcla a los clásicos con Lauren Postigo, que indica que la experiencia vital de este tío debe de haber sido de aúpa. La anécdota de la Virgen de los Reyes es genial y completamente sevillana, por otra parte.
    Estuve en Nueva Y. hace tres meses y testifico que lo que intuye la columna da en el clavo: hay cierto cabreo sordo en los yanquis ante una moneda que ha superado el listón de la moneda imperial. (No crea doña Marta Sicard que la diferencia es tan pequeña, ni mucho mmenos).

  14. Lauren ‘Castigo’ era un fantasma, pero la anécdota es estupendísima, y me la creo completamente. Bien recierdo el mercado negro de dólares que. en efecto, tenía en los taxistas de la época y en los ambientes prostibularios su mejor banca móvil. Y el rencor sordo (y mudo) de todos ante aquella avalancha imparable que sólo nos deparaba alguna compensación cuando la Policía Militar americana irrumpía por algún motivo y vapuleaba brutalmente a aquellos mercenarios potentados. Son compensaciones que se explican en un pueblo pobre y postrado.

  15. Mi dignísima Dignidad,

    YO personalmente tengo una muy buena amiga, de mi quinta más o menos, felizmente casada en Pensacola, Florida. Su profesión, maestra de escuela, aunque hace años que no ejerce. También puedo nombrarle al menos un caso concreto de señora obrera de la ingle, con su domicilio y filiación -espero que aún viva y por muchos años- que abandonó tan arrastrado oficio, tras desposar con un afroamericano, suboficial de las USAF de gran envergadura física y buenísima persona. Pelín aficionado al bourbon. Pero nadie es perfecto.

    Si su digna Dignidad no posee la agudeza suficiente como para captar mi animus iocandi y jamás ‘iniuriandi’, debería hacérselo mirar.

    Puede Usía aplicarme toda la ristra de improperios que se le vengan al ‘énter’, que servidora los aceptará con su proverbial humildad.

    Y efectivamente, ¿cómo ha logrado averiguar que mi padre era impotente? Era uno de sus muchos defectillos. Mi madre en realidad fue inseminada por un macho cabrío -para mí, que el mismísimo Demo- en una orgía de luna llena.

    No se asuste. Más de doscientas mil brujas fueron cubiertas por el Potente aquella noche. No me llamo Bachillera sino un nombre con el que mancharía este casino acogedor. Sólo le diré mi número de la suerte: el 666.

    No se crispe. Sosegaos, que en caso contrario se le dispararán las aminas simpáticomiméticas y puede sufrir un accidente vascular y una servidora le desea larga y feliz vida.

    Ah, se me olvidaba, Soy fóbica a casi todo. Fú.

  16. Estas son las que me más gustan, don ja, esa capacidad que tiene usted de hablar en serio y en broma al mismo tiempo. ¿Se llama eso humor o es otra facultad? Me da igual porque el efecto es magnífico.

  17. Por mucho que me digan no iré a NY. Ya estuve de moza y me pareció una ciudad de cafres, con una violencia soterrada, una brutalidad de maneras frisando la grosería que no acabo de soportar.En California no son así, por ejemplo. Además no conozco a nadie alli que merezca la pena visitar y yo procuro ver la tierra por el prisma de su gente.

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