El Tribunal Supremo ha de decidir estos días si manda sentar en el banquillo al presidente de la Dipu, un diputado de relieve y su anterior jefe de Personal como presuntos autores del “mobbing” o acoso laboral a que dice haber sido sometido un funcionario no todo lo obediente que en la casa se exige. Mal rollo, sin duda, en el caso de que el TC tire por la calle de en medio, lo cual no resulta del todo improbable teniendo en cuenta que el juzgado considera que “existen indicios racionales de criminalidad en la conducta de cada uno de ellos” y estima que los delitos que había que imputarles serían el de prevaricación y el otro contra la integridad moral. Como los ropones se enteren de lo que anda diciendo hace meses CCOO sobre el trato dado al personal por en actual jefe de Personal, veremos donde acaba la procesión, pero la verdad es que lo cuerdos sería que esos mandamases moderen sus maneras y dejen de considerar la oficina como cosa suya.

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