Me fascina redescubrir en mi nieto la confusión instintiva entre realidad y ficción. Un coscorrón en una mesa provoca automáticamente en él la reacción de castigarla como responsable imaginario del percance. Una caída en picado le hace golpear el suelo con frenesí convencido de que la culpa de su tropiezo es ajena y no propia. Cuando lo veo sumido en esos ajustes de cuenta con la materia inanimada recuerdo la intuición de la vieja y no tan vieja antropología (Morgan, Lévy-Bruhl, Evans-Pritchard, Eliade…) de que el animismo primitivo viene a ser, en definitiva, la prolongación grupal, societaria, de la experiencia infantil. Los andaluces quizá más que ningún otro español nos acordamos de la madre del pestillo con el que nos pillamos el dedo o le recordamos impíamente sus difuntos a la piedra con que nuestro pie tropieza, qué duda cabe de que por nuestra culpa. La sugestión del principio vital en lo inanimado es cosa de niños pequeños o grandes, indistintamente, aunque cuando termina por encajar en el sistema de creencias colectivo sufre una transformación conceptual y eleva su rango hasta confundirse con la realidad misma. En un libro reciente, D.A. Norman, un sabio de la Northwestern University, llega a conclusiones no muy distintas a propósito de la ‘realidad virtual’ que nos invade y que va ganado terreno día a día en la realidad monda y lironda. El sabio pone el ejemplo de los juegos interactivos, en los que ve una “vida simulada” obediente al jugador como se supone que la vida auténtica lo es a su creador trascendente, y no le falta razón, en cierta medida, aunque sin perder de vista que esa teoría puede resultar de lo más disolvente desde una perspectiva noológica. Uno quiere demasiado a su nieto como para admitir que su innata confusión instintiva –su conocimiento aparencial—, ese legado del sueño amniótico, perdure más de lo razonable. Cualquier día de estos pienso decirle, con dolor de mi corazón, que la culpa del tropiezo no la tiene el escalón sino el pie.
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Consideren el caso llamativo del camelo colado recientemente por el Nacional Geographic en ese reportaje, por otra parte espléndido, sobre la vida intrauterina de los animales y en el que aparecía la seductora imagen de un feto desarrollado de elefante, cordón umbilical incluido, que ha resultado ser una simple y habilísima réplica de silicona del alevín de proboscídeo Ya ven como no sólo los bebés sino también los adultos propenden a conferir estatuto de realidad a lo simplemente imaginario, con cuánta facilidad otorgamos esa condición a lo meramente sugestivo, o con qué grado de ceguera aceptamos como ciertos los más falaces perfiles. Millones de personas se han emocionado contemplando a ese elefantito nonnato que, en realidad, no era más que un amasijo plástico hábilmente inscrito en una circunstancia de la que recibía gratuitamente su credibilidad, contando, desde luego, con la impericia del ojo humano y con esa suerte de perceptiva infantil que, durante toda la vida, informa nuestra actividad racional y, en no pocas ocasiones, hasta nuestra inteligencia crítica. Llegamos a viejos golpeando el suelo tras la caída, nos cuesta renunciar a la ilusión de que el mundo en su plenitud es un despliegue de materia viva sobre la que nosotros –soberanos interinos de ese reino inexistente—ejerceríamos nuestra monarquía absoluta. No me parece que vaya muy descaminado Norman, pues, con su propuesta que, en definitiva, viene a continuar por otros derroteros las antiguas intuiciones de la etnología y, principalmente, ésa de que todos, chicos y pequeños, unos más y otros menos, propendemos a concebir la realidad como un ‘continuum’ en el que no hubiera lindes claras entre el ser verdadero y el imaginado, entre el espíritu y la materia. Yo mismo me sumo con frecuencia a los cabreos de mi nieto y castigo al pico de la mesa o al doloroso esquinazo, y no sólo por seguirle la corriente. Sino por si acaso…

30 Comentarios

  1. Tierna debilidad. Resulta que el jefe tenía su coranzoncito. Pero hay que ver la extraordinaria inteligencia con que relaciona el instintio equívoco del bebé con un tema tan profundo. Lo de siempre: sacar gran lección de la nota pequeña, ése es el mérito. Y lo que hace que una se levante por las mañanas pensando en el desayuno en la columna de nuestro amigo.

  2. Se me ocurren dos ideas muy distintas ante este Anfi, que se nos muestra abuelo amoroso -lo de triunfodigital ha revelado su edad cronológica, que la otra sigue siendo la de un joven inquieto- y un punto, cómo no, pedagógico. (Ya don Miguel escribió su “Amor y pedagogía”).

    Una. Que cuando a servidora le salta el aceite, por culpa exclusiva de mi torpeza, la sarta de improperios, capaces de sonrojar a un carretero, que lanzo no es contra el verde oro de la oliva, sino como válvula de escape al mosqueo que me invade por no hacer caso de mi experiencia adquirida.

    Dos. Que el nieto va a caminar obligado por unos carriles para el tren de su educación totalmente distintos de los que transitamos dos mil generaciones anteriores. Anoche ví un rato en el electrodoméstico a un niño prodigio al que achacaban dos añitos, pero que seguro pasaba de los treinta y tres meses, que conocía por escasos sonidos o voces todo un repertorio de dibujitos animados, algunos tan raros y desconocidos para mí, que me hicieron pensar que servidora vive ya en otra galaxia. ¿Habrá pasado esa criaturita horas de su aún corta vida delante del maligno para bastarle unos pocos sonidos o diálogos para identificar la monserga? ¿Se han parado ustedes a pensar cuántos golpes, batacazos, explosiones -violencia al fin- ha ido embuchando el angelote?

    ¿Que si tiene solución el asunto? Difícil me lo poneis. Cuando el niño inicie su socialización en la guarde, en el kindergarten o en el jardincito del bloque tendrá, o que sentirse un bicho raro porque desconoce el mundo virtual en que sus amiguitos viven horas y horas cada día, o tendrá él que zambullirse también en ese mechinal catódico del que poco bueno podemos esperar. Ni les cuento cuando aprenda a manejar la inevitable pley.

  3. INteresantísimna reflexión, honda y culta, admirablemente tramada sobre el hilo conductor –balndo hilo– de la ternura del abuelo, ¡tan joven!, que se ve que vigila insomne a la criatura. Va a tener ventajas ese niño, estoy seguro, porque tener por Virgilio/guía a un tipo tan formado como independiente, y que tanta sensibilidad guarda en su almario (con ele) ha de ser gran ventaja. También yo tuve a mi abuelo querido, que mucho me enseñó y cuyo ejemplo aún me sirve de luz para orientarme. En más de una ocasión. Mis bendiciones para los dos, amigo ja.

  4. No conocen ustedes a este ogro, pero ahora ya saben de qué va. Muchas bromas le llevamos gastadas sobre esa duplicidad del ogro blando, pero yo me alegro de que sea él mismo el que se exponga a la mirada de los demás tal como es.
    El tema, precioso. Lo del pensamiento primtiivo siempre le interesó, me consta, y su idea –bien feudataria del único que no bombra, Lévy-Strauss– de la cercanía del pensamiento salvaje del infantil, también.
    Una vez más, querido ja, felicidades, no sólo a tí, sino a cuantos tenemos el placer de seguirte diariamente en este páramo hiperpolitizado e inculto que es la prensa española.

  5. Verdaderamente linda idea la de que los improperios revelan un rastro de animismo latente en nuestro psiquismo. Brillante. Y preciosa la fabulilla del nieto, tan bien tramada, tan tierna.

  6. Algo de eso sabemos quienes hemos vivido en países de macumba, comprendemos bien la continuidad de la realidad que institivamente se cuela en nuestras mentes desde la infancia. Me ha gustado mucho el modo de expresarlo, que me confirma en que jagm está adquiriendo una maestría poco corriente.

  7. Querido don, ese nieto precioso le ha inspirado un artículo de mayor cuantía. Me ha parecido estar en clase, en aquella clase desde la que se veñia el Guadarrama, no se´si se acuerda, ¿sí?, y el sol poniéndose por las tardes. ahgggg, jefe, qué me da la nostalgia. Punto.

  8. Nuna hibiera imaginado que tiviera nietos, pero envidio a ese niño que tiene lo que desearía para los míos (sin menosprecio de lo que ya tienen). Me ha parecido una columna interesantísima, llena de ternura al mismo tiempo, y no me digan que es fácil hacer antropología sin descuidar el tacto delicado que hace falta para ser tierno. Me gusta gm cuando hace estas cosas –debería hacerlas con más frecuencia– que cfreo yo que revelan su tendencia fundamental.

  9. Serúa conveniente moderar el lenguaje, y en última inbstancia, apuntar bien antes de disparar, porque esta es la hora en que no sí a quién insulta con tanto énfasis don o doña Paramusa, a no ser que el pseudónimo sencubra un envío y se refiera al comentario de Musa, verdaderamente estúpido. Por mucho menos –fue le jefe el que se expresó cin dureza sobre Sadam y en un conetxto explicable– nos quedamos sin don Juan Romero, de manera que calculen los riesgos.
    Y es una lástima porque el asunto de hoy es estupendo y está resuelto con maestría por jagm, que ni merece memeces como algunas que aquí le dirigen los reventadores, ni previsa de defensas tan enérgicas como la referida.

  10. Muy bonito artículo, amigo ja, otra vez íntimo e ilustrado en medio de tanto ruido previsible sobre cuatro temas aburridos. También yo recomiendo continencia a los blogueros, aunque comprenda el arrebato –atenuante que le aplico encantando– a quien haya escrito el exabrupto de Paramusa o “para Musa”.

  11. La confusión instintiva del niño es un gran tema. Creo que gm lo ha aprovechado admirablemente, en uno de los artículos más intensos y bonitos que le recuerdo en los últimos tiempos. Lo del camelo de N. Geographic, estupendo también, y curioso que este tipo de fraudes se salden con una mera nota de prensa.

  12. Lleva razón mi antecesor. Luego se quejarán de los escépticos que sostienen que el alunizaje americano fue un montaje cinematográfico hecho por los manitas de la NASA. Yo también me había tragado lo del elefantito intrauterino y me he sentido un poco estafado por la broma y, sobre todo, como dice Heródoto, por la cara con que se han quitado de encima el mochuelo.

  13. Escuché ayer Viernes a jagm presentar a Fndo. Ónega en las charlas que gm organiza en Huelva. Una charleta interesante, de la que discrparían muchos tanto por lo menos como yo (y quizá el Jefe, aunque el pobre aguantó el tirón con la mayor cortesía), claramente superada por la exigente presentación leída (como es habitual) por gm. Muchos habituales a esas citas sostienen que lo mejor que se escucha en ellas lo dice jagm más que los invitados. En todo caso les recuerdo que con la próxima que se celebre habrá logrado alcanzar uná marca inesperada en Huelva: ¡¡¡100 conferencias!!! de primerísimo nivel todas ellas.

  14. Mi admiración por esta preciosa columna. Y perdone si me sumo a lo que algunos blogueros ya han pedido y seguro que muchos sentimos: que eche a los insultadores que pululan por ahí.

  15. Otro día con columna memorable. Yo la he copiado para conservarla en papel. Coincido en que brilla más en medio de tan intensa bruma mediática, de tanto blablablá sobre el “proceso”, de tanto escándalo inmobiliario y tanto lío de policías y ladrones. El suyo es un rincón apacible y elevado que ha de apreciar mucho lector descontento con la que está cayendo y con la mediocridad de la respuesta periodística.

  16. La estampa del bebé equivocado por su lógica inicipiente es magnífica, el estilo con que nos retrata la escena y saca sus conclusiones, brillante y culto. Dice mucho más esa columna de lo que encubre la modesta apariencia de broma cariñosa. Puede estar satisfecho como nosotros –al menos michos –como puede verse– estamos contentos tras su lectura.

  17. 19:25
    Es muy de agradecer la manera que tiene el autor de picar nuestra curiosidad con sus lecturas recientes. No sé cómo será el libro de ese profesor Norman pero merecería la pena haberlo escrito sólo por recibir un comentario como el que le añade jagm.

  18. Me sumo a la ocmplacencia general. Hoy los “rompepelotas” –gracias por el lunfardo, doña Mendozina– deben de haberse dados por vencidos.

  19. ¡La confusión entre lo real y lo imaginario! Nada menos que el reino incierto del instinto (le tengo vistas a gm citas de Ashley Montagu o B. Rusell, a este propósito) dilucidado en el breve espacio de una columna, qué valor. ¡Y mirando a un nietecillo! Yo esperaba que doña Epi, tan sensible siempre bajo su capa de dureza, le echara alguna lagrimilla alegre al caso y al titular. Todavía está a tiempo.

  20. La talla del articulista, del escritor en general, la da su capacidad de interpretación de lo que observa, pero también la cultura con la que cuenta. Lo que le pasa a nuestro anfitrión es que va sobrado de cultura y para cualquier mirada tiene argumento. Hemos visto al nieto como en una película, al menos yo. Solemos subrayar poco la capacidad narrativa –novelísitca– que tiene don jagm.

  21. Si míster Miller se quita el cráneo, a lo Valle-Inclán, a mí me ha quitado la frase de la boca: yo también me lo quito ante esta faena grande. Hay días en que da gusto ver a tanta gente aplaudir a alguien, por lo general tan combatido y eso le honra…

  22. También yo escuché a nuetro jagm ayer en la Charla de Ónega, y suscribo lo que dice alguien que me antecede, entre otras cosas porque con todo lo que dijo el nuestro estpy de acuerdo pero no con varias cosas, bastantes, de las que dijo el conferenciante. Alcanzar las 100 conferencias en Huelva –un desierto cultural– es una proeaza que en Huelva se le empieza a reconocer a GM que, como puede que ustedes no sepan, ya fue en su día honrado con la Medalla de la Ciudad.
    El artículo de hoy, precioso, no sé qué más decir, aparte de que en cierta medida me siento como partícipe de lo que trabaja este onubense excepcional.

  23. Lección de articulismo. Me pregunto en qué pensarán los dispensadores de premios periodísticos cuando se olvidan de este hombre.

  24. No olviden que Fdo. Ónega pasta en las acomaditicias, camaleónicas praderas de Vocento. Ya hace mucho tiempo L. del Colmo nos dio repetidas muestras de nadar sin perderle el ojo a la ropa. El caso es que todavía hay en esa cuadra gente con cierta independencia. No lo duden. O la perderán o tendrán que ir a abrevar a otros pilares. Son puro aceite de oliva. Flotan siempre.

    Veo que mi don Ramiro no ha leído (lo suficiente) mi comment primero. Al tierno españolito que hace que al abuelo se le caiga la baba le pueden helar el alma, no las tres o cuatro Expañas que se vislumbran en el horizonte, sino los muñecos animados, violentos, machistas y perniciosos con los que se enfrentará ya mismo.

    Los hijos que nunca tuve me hacen añorar a los nietos que hoy me inspirarían la cálida ternura que rebosa en las líneas del Maestro.

    (A los insultadores, ni caso, sean de la confesión que les pete).

  25. El suceso de culpar al suelo, a la mesa, a los difuntos de las piedras forma parte de ese lamentable no saber crecer de los varones en este siglo XXI…. Maestro, no teneís arreglo

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