Casi se ha convertido en un deporte de científicos primerizos eso de buscarle los tres pies al gato de la teoría einsteniana de la relatividad. La Ciencia, al fin y al cabo, se desarrolla a golpe de discrepancia pero a mí ésta manía correctora de los alevines de físico me sugiere cierta conexión con la pulsión freudiana de la “muerte del padre”, tan aristotélica si bien se mira. ¿Se equivocó Einstein a pesar de su éxito, es cierto o no lo es que hay deslizados en sus cálculos algún que otro truco dispuesto para “ajustar” forzadamente la hipótesis y la realidad? Conservo como oro en paño una traducción de Rusell que hizo el Sábato joven cuando andaba aprendiendo física por París, con un subrayado suyo en el que me hacía notar la trascendencia sobre la vida humana del conocimiento físico, y a ese subrayado me ido, como quien añade su mínimo homenaje al maestro ausente, al escucharle asegurar a un físico de Stanford, Francis Everitt, desde la pura ortodoxia relativista, que la tierra, en su eterno vagar giratorio, deforma el tiempo y el espacio tal como se deformaría una matriz de miel por la que el planeta pudiera moverse libremente alrededor del Sol. Los físicos logran muchas veces metáforas que ya quisieran para sí los poetas de oficio, como el propio Einstein cuando dijo aquello maravilloso de que “el universo es finito, curvo e ilimitado” o Heisenberg cuando descifró en su fascinante antítesis el “principio de incertidumbre” que, en cierto modo, trituraba la base lógica sobre la que todavía nos movemos. Pues bien, esos poetas de bata blanca han conseguido ahora (com)probar la certeza de la tesis relativista –el llamado efecto geodético—que afirma que el tiempo y el espacio, por más a que la estimativa humana se resista a asumirlo, se “deforman” alrededor de un objeto capaz de ejercer una fuerza gravitacional. Navegamos sin saberlo en ese medio meloso que, por lo que dicen tan formalmente esos sabios, nos deforma constante e insesiblemente.

 

Hablando de estas cosas Sábato decía, hace años, que su realismo literario –ése al que debemos monumentos como “El Túnel” o “Sobre héroes y tumbas”– se debía tanto al hecho de que la Ciencia lo hubiera incrustado con tanta fuerza en la realidad, como al afortunado “desengaño” por el que el científico se encuentra, al cabo, liberado de las apariencias y por ello quizá en condiciones óptimas para entender eso que se llama lo “real maravilloso”. Por lo demás, Einstein queda a salvo, por el momento, de insidias y rivalidades, y nosotros, sin saberlo siquiera, beneficiarios de las aplicaciones prácticas de estos hallazgos poéticos.

8 Comentarios

  1. Motivo reiterado en el blog de gm: la Ciencia linda con la Poesía. Extraña pero interesante propuesta. La hago mía encantado. El ejemplo de Eisnteien, y otros muchos que hay, vencen la resistencia que pudiera haber en viejo prof disciplinado que uno es.

  2. Esas metáforas científicas –¡que son realidad pura, cuidado!– lo dejan a uno colgado de la brocha lógica. ¡Universo finito e ilimitado! ¡Y encima curvo! Llave razón ja en que eso ne se le habría ocurrido ni a JRJ no a Rilke.

  3. Las aclaraciones científicas se me han antojado algo por encima de mi entender (las copas de gigondas , la verdad, no ayudan) pero lo de los poetas en bata blanca me ha llegado al corazon. Y que coste , que se me antojan mucho más numerosos de lo que pudiera uno imaginar.
    Un beso a todos y buen fin de semana.

  4. Buen domingo a todos, y gracias por esta columna tan curiosa. Nunca se me hubiera ocurrido ver poesía en postulados científicos pero es evidente que jagm lleva razón. He estado pensando hasta llegara la conclusión de que verdaderamente hay hoy por ahí funcionando proyectos tan “poéticos” como el del acelerador de partículas que busca el bosón en un intento de reproducir el inicio del universo. Si eso no es poesía que venga Dios y lo vea.

  5. Después de la siesta se le ocurren a uno pocas cosas pero les aseguro que esta mañana me he divertido lo mío leyendo su columna a la hora del desayuno. Especialmente fina me parece la observación ímplícita de que la imaginación científica se mueve en un paradigma que, en última instancia, es común con el de las demás y muy en concreto con el de las “visiones” científicas. ¿Por qué no reúne una buena antología de estos artículos para salvarlos del olvido en un libro?

  6. La primera vez que le oí estas cosas al autor, confieso que me quedé un poco perplejo, pero hay que reconocer que esa visión unificadora de la “imaginación creativa” tiene su interés. Hoy me ha interesado particularmente el comentario sobre la corroboración de la Relatividad, pues yo también había leído en varias ocasiones recientes que había intentos de falsarla. Los científicos tienen sus rifirrafes pero esto es otra cosa, es la inevitable lucha y forcejeo que permite avanzar al saber entre tantas dificultades como se le oponen.

  7. Dejemos en paz a Einstein, aunque ya sabemos que ese deporte de buscarle las cosquillas a los grandes hitos científicos es todo un deporte, sobre todo en el mundo anglosajón. El amigo Miller, a quien echo de menos por aquí, podría ilustrarnos sobre el tema aunque me temo que esté atento al lío de Strauss-Kahn-

  8. En efecto, pendiente de la “strauss-khanada”, pero sin olvidar ese tema que, es verdad, me ha preocupado mucho desde hace años, y que en EEUU ha llegado a ser materia de Estado: hubo una cumbre USA-Francia a propósito del “fraude” de la vacuna del SIDA, lo del doctor Gallo y demás).

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