La prensa ha divulgado el menú que el obispado madrileño ofrecerá al papa en su primer almuerzo tras la JMJ: gazpacho, solomillo, plato charcutero y tabla de quesos. El que Sarko brindará a Merkel durante su visita de emergencia a París de mañana martes, dice una revista gastronómica gala que será ligero y que, en honor de la ilustre huésped, hará concesiones al paladar tudesco. Menudean también informaciones sobre el despilfarro estacional de alimentos en nuestros exclusivos litorales en los que la comida se ha convertido en un decisivo aliciente del turismo estival. Sobran calorías por todas partes en un país como el nuestro –por no hablar de la meca norteamericana– en el que creo que casi la mitad de los niños soportan un preocupante sobrepeso que sus indulgentes padres no aciertan a reducir. Y sin embargo, no ocurre lo mismo en todo el planeta. En Somalia, por ejemplo, válgame Dios, consta que treinta mil niños menores de cinco años han muerto ya desmayados de hambre, que otros 640.000 están severamente desnutridos, que trece de cada mil criaturas de esa tierna edad fallecen cada día abatidos por la hambruna y que un millón doscientos mil, a juicio de los expertos de la ONU, necesita esa ayuda urgente que no acaba de recaudarse ni de lejos. Hay en esa zona de África oriental, en resumen, doce millones de personas abrumadas por la crisis alimentaria desatada implacablemente a dos manos por la sequía y la guerra, casi cuatro de ellos en la propia Somalia, donde los sectarios de Al Qaeda obstruyen toda medida de ayuda ante la impotencia de un gobierno provisional que ya no controla ni Mogadiscio. Una tragedia sin precedentes, tal vez, aunque bien es cierto que poco sabemos de lo que ocurre en realidad en ese submundo arrumbado por Occidente en el que el ayuno y la enfermedad se mantienen en su particular prehistoria. Nuestros dirigentes deberían dedicar siquiera un momento de reflexión en medio de sus ágapes a esta otra crisis que no se dirime en los mercados opulentos sino en medio de la miseria más atroz.

 

Ni la mitad de la suma requerida se ha logrado reunir, o al menos eso es lo que se dice oficialmente desde la ONU y desde la FAO, pero la comunidad internacional constata que trece de cada diez mil niños menores de cinco años mueren cada día de hambre en Somalia a causa del hambre, como digo, sin que a ninguno de los comensales de nuestro mundo desarrollado se le atragante el solomillo o se le indigeste el foie. Hay otros mundos, pero están en éste, dicen que dijo Paul Éluard. Entre ellos se abren, ciertamente, fosas tan profundas que ninguna fe secular o religiosa ha logrado salvar.

7 Comentarios

  1. Duro y digno comentario, en línea con tantos que en el mismo sentido lleva publicados aquí el autor. La Iglesias tendría que dar un paso definitivo y no parece dispuesta darlo, quizás ni siquiera entienda esa necesidad. Lo del menú, dicho como está con todo respeto pero su carga crítica, habla por sí solo.

  2. …luego usted nos da la razón a la hora de oponernos a lsa visita de ese señor que nos va a costar un riñón, ¿no es así?

  3. No veo de donde les llega la legitimación a esos levantiscos, no comprendo cómo se consiente que un grupo como ellos atente contra la libertad religiosa pretendiendo boicotear una concentración de fieles, es falso lo del gasto del Estado en el acontecimiento. En fin, no merece la pena seguir. Lo que es una pena es el punto al que estamos llegando.

  4. El hambre no se elimina porque no se quiere, puesto que hay en el planeta capacidad de producción para dar de comer a todos sus habitantes varias veces. Lleva razón al autor de la columna al mencionar con ironía a los grandes poderes de la Tierra.

  5. Duele en las entrañas aunque a fuerza de ser repetido se olvide con facilidad. Que la gente se muera de hambre en este mundo, HOY, significa que la Humanidad HA FRACASADO. Y ni que decir tiene si miramos a otras instituciones…

  6. El Hombre ha triunfado como especie, querida doña Clara, y también ha fracasado: así es su doble naturaleza. Lo del hambre es un escarnio, el papel de los Estados ricos una vergüenza, y el dela Iglesia católica, que tanto bien hace en muchos lugares, algo que siempre me resultó inexplicable, a pesar de todo. No somos buenos, queridos, somos más bien indiferentes o egoístas, cuando no lobos… Me parece muy bien traída la cita de Paul Éluard.

  7. Siga vuesa merced sin casarse con nadie. Poco pueden hacerla ya los palos que puedan caerle encima.

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