Asombra que la Junta no haya sido capaz de mantener nuestras playas –primera fuente de nuestra economía— en un estado de revista siquiera razonable. Pero no lo ha sido. En tiempos fue Griñán quien afrontó con éxito ese problema pero luego, entre la incompetencia y la abulia, el menguante “poder andaluz” ha permitido su deterioro progresivo hasta el punto vergonzoso en que ha merecido la severa sanción de la Unión Europea. ¡Mantener sucia la mesa en que hemos de comer! Pocos fracasos tan llamativos como éste que ha cosechado la Junta en materia de medio ambiente comprometiendo –ya veremos si con remedio o sin él— el principal factor de nuestra renta regional. ¿Ven cómo tiene sus riesgos poner la administración pública en manos de legos? Pues no, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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