La mejor defensa es un buen ataque, eso no hay quien lo discuta. Tampoco que, con frecuencia, esa estrategia no encubre más que la debilidad del contumaz. El presidente de la Diputación onubense –en activo a pesar de estar dos veces imputado por la Justicia— no encuentra mejor expediente para demostrar su inocencia que escurrir el bulto y dejar su defensa en manos de un segundón que se limite a arremeter contra el mensajero, en este caso el diario que tiene usted en sus manos. Nuestra democracia ha pasado de la exigencia política del cese del simple imputado, a la callada por respuesta, acogidos a la ventaja que implica la lentitud de la tortuga judicial. Cuando ésta encienda la luz en aquella cuestionada Diputación, los presuntos estarán ya, a buen seguro, en el balneario. Y ellos lo saben de sobra.

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