Refiriéndose a la terrorífica situación que ha vivido y está viviendo Sri Lanka, el antiguo Ceilán, la ONU ha calificado de “inaceptable” el número de víctimas producidas por la confusa pelea entre el Gobierno dictatorial y los rebeldes del terrorismo tamil. Al máximo organismo internacional le parece una barbaridad el balance probable de 20.000 muertos, la mayoría civiles utilizados como escudos humanos por los “tigres”, y muy probablemente caídos a consecuencia de los propios bombardeos gubernamentales sobre la estrecha franja costera en que han tenido lugar los combates durante la etapa final del enfrentamiento. Hay incluso estimaciones, como la que ce ‘The Times’, que cifran las pérdidas civiles en 7.000 diarias, pero los mismos observadores locales de la ONU hablan de muchos miles de muertos y heridos civiles entre enero y mayo, incluyendo una multitud de niños, lo que obliga a formular una pregunta que cae por su peso, y es qué número de víctimas considerará “tolerable” la ONU. La perversión a que conduce el pragmatismo político provoca este tipo de absurdos que, más allá de de su inconveniencia dialéctica, suponen un insufrible distanciamiento moral y ético. Nos hemos acostumbrado, tal vez, a la catástrofe en términos tales que permiten relativizar la gravedad de un auténtico genocidio como el que comentamos con tal de salvar la cara diplomática. Y la consecuencia es que la opinión mundial asiste narcotizada a estas hecatombes que, vistas desde la confortable moqueta de las altas instancias, aparecen disminuidas por sistema. El Mal se mide miserablemente por criterios políticos incluso allí donde la alarma debería ser más sensible.

 

Ni siquiera la inmediatez de la noticia, universalizada en una sociedad de la información, consigue ya un efecto real sobre las conciencias, perdidas en la distancia de un mundo que, como hubiera dicho Ciro Alegría, sigue siendo ancho y ajeno. Nada representan, a estas alturas, las decenas o centenares de víctimas diarias que se cobran los diversos terrorismos, poco o nada las matanzas feroces que se viven silenciosamente en los países exteriores a nuestra órbita íntima y, llegado el caso, incluso las padecidas en nuestra propia carne. ¡‘Inaceptable’ una matanza de 20.000 personas! ¿Y una de cinco mil o una de dos mil quinientas, qué, resultaría ‘aceptable’ para los manguitos de la ONU? No le faltaba razón a Hugo cuando sostenía que los diplomáticos traicionan todo, excepto sus emociones, ni a aquel guasista cuyo nombre he olvidado y que dijo que un diplomático que se divierte es siempre menos peligroso que uno que trabaja. En el viejo Ceilán, no obstante, la realidad es que los civiles están siendo masacrados impunemente sin que el mundo se entere apenas de la atrocidad ni logre de la ONU nada mejor que un dudoso adjetivo que, desde luego, la retrata de cuerpo entero.

5 Comentarios

  1. ¿HAY ALGUIEN AHÍ? No comprendo este silencio ante una columna que sugiere tantas cosas. Me ha encantaod la vuelta a la cuestión: si 20.000 víctimas son “inmadmisibles”, ¿cuántas son”amdisibles?

  2. Algo he leído u oído sobre unas huellas de medusas del período Cámbrico que hoy se encuentran en plena sierra. ¿Cómo fue la retirada de las aguas o la subida del continente para que lo que ayer, hace quinientos millones de años, era lodo marino hoy sea nido de águilas?

    Se me ha venido la idea porque iba a decir que somos esponjas capaces de absorberlo todo sin puntos de especial sensibilidad pero más bien somos gelatina venenosa incapaces de compasión pero con una potencialidad enorme de hacer daño a cuanto nos rodea.

  3. Impresionante historia, perdida en los periódicos, olvidada por casi todos. Estas catástrofes se suceden sin fin, nadie mueve un dedo ante ellas. Quizá porque es consustancial al “mono desnudo” la violencia y el deseo de aniquilar al competidor. Qué pena. Miles de víctimas apenas logran arrancar un adjetivo al Gran Ojo Mundial. Menos mal que todavía queda quien lo recuerde.

  4. La denuncia que hace hoy ja me hace recordar los planes del alto estado mayor o de cualquier general, creo que hasta la Gran Guerra, en los que la toma de un objetivo X se cifraba en que costaría, pongamos por caso, 200 bajas. Total, un chollo.

  5. Aquí no passa naadaa como dice Don Antonio y yo digo virgencita virgencita que nos quedemos como estamos porque entre Sri Lanka y Korea la que se puede armar es menua

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