El coche fantástico tenía marcha atrás. Tanto que el consejero ha podido devolverlo por la vía rápida urgido por un Chaves que ha debido comprender que la cosa era d elo menos presentable, incluso en estas circunstancias. No estaba bien ni medio bien eso de comprarse un coche a sí mismo, quiero decir, que el consejero le vendiera el coche oficial al ciudadano, y es lástima que haya sido preciso armar un escandalillo para que una cosa tan elemental fuera aceptada por Chaves. Ya sólo le queda aplicarle el cuento a su propio “caso” y, superada la falsa coartada de la legalidad del acto, aceptar que no tiene pase que los hermanos menores del presidente se adjudiquen contratos de la Junta presidida por el hermano mayor. Sólo el encanallamiento de la vida política explicaría que de estos gestos correctivos (forzados o no) se saque partido, porque lo que está bien bien está y no es justo hacer astillas del árbol caído. A mí no me paree, por ejemplo, que lleve razón IU cuando conceptúa ese chungo trapicheo como un acto político irreversible, cuando tendría sin salir de caso muchos otros de calado infinitamente mayor. 

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