Media Europa anda abismada en el espejismo de la marcha atrás. Se pretende rebobinar la Historia devolviendo la geografía actual a un mapa tan nostálgico como probablemente suicida. El gobernador de Venecia, que creo, no me hagan mucho caso, que fue un antiguo ministro de Agricultura, Luca Zaia, ha defendido el “referendo digital” convocado en aquella perla del Adriático no como un acontecimiento aislado sino como parte de un movimiento de gran alcance que llegaría desde Kosovo y Crimea hasta Escocia y Cataluña. “¿Por qué si Barcelona obtiene su independencia no ha obtenerla también Venecia?”, se pregunta el agitador, mientras la Liga Norte, xenófoba y clasista, anuncia que ya se ha alcanzado el millón de votantes de la región a través del ordenata, el móvil o el smartphone. No sé qué dirían Byron, Goethe, el propio Mozart o Paul Morand, toda esa pléyade europea que paladeaba el “prosecco” en el café “Florián” mirando de reojo a los mílites austriacos del “Quadri”, pero me choca la idea misma de desmembrar esa Italia fundamental por muy República de Venezia que fuera hasta Napoléon. El nacionalismo es una enfermedad senil del postcapitalismo, un mal de piedra que mortifica a los clérigos de un romanticismo anacrónico, versión lugareña del viejo espíritu cosmopolita que ha inspirado a tantos ingenios con la seducción de la vieja dama decadente pero hermosa, singularísima en medio de la vulgaridad contemporánea. Es una bobada eso de que Venecia es la Crimea de Italia, una bobada tan grande como la que expuso nuestro ministro del Interior al comparar sin matices Cataluña con Crimea, pero no deja de ser mortificante tropezarse esta absurda noticia desde el Daily Mail hasta la BBC.

 

No hay ya “acqua alta” en la ciudad, luce un sol reconfortante sobre San Marcos y en la Giudecca las gaviotas contemplan impávidas desde sus altos miradores el trasiego de los turistas que ya desbordan el centro capitalino, donde la piedra rosicler de la Signoria se ufana con aquellos capiteles que Ruskin consideraba los más bellos del mundo. Me acuerdo de Ezra Pound paseando por el Dorsoduro, de Joseph Brodski tanteando a ciegas entre las nieblas invernales, de la Piazzeta abarrotada y de los Tintoretto de la Scuola de San Rocco, Venecia tan Italia como la que más, más allá de ambiciones lugareñas y enredos políticos. No llegará la sangre al río (al canal), seguramente, y la Ciudad seguirá erguida en su misterioso equilibrio por encima de esas aguas que vienen y van.

10 Comentarios

  1. Menudo figura el Luca Zaia, cuya ‘bio’ me ha entretenido un buen rato mientras esperaba este hueco. Diplomado en enología, lo que le aplaudo, y ‘laureato’ -con verdadero laurel, que así los he visto a los listillos en Padua-, a los trent’anni, il più giovane presidente electo de provincia de Italia. Con cuarenta años, ministro de Agricultura con ‘il Cavalière’. A su lado el Mas, un palurdete.

    El muy astuto organiza un plebiscito digital. A ver quién le pone puertas a ese campo.

    Por demás, no se puede sino estar totalmente de acuerdo con la tesis del Anfi.

    Ese segundo párrafo de la columna, un auténtico madrigal que refleja cómo nuestro hombre está enamorado de esa vieja perla, Serenissima y decadente dama.

  2. Gracias por la información, don Epi, y al anfi agradecerle también que no pase por alto acontecimientos como éste, tan estúpidos y grotescos, pero tan imprevisibles en su alcance. Ya sabemos que hay gente “pa to”, y Venecia no iba a ser una excepción.

  3. Nada más que para referirme con atraso a la estupenda columna anterior, “El chino rico” y adherirme a la intención de la de hoy. Un saludo a todos.

  4. El separatismo de la Liga Norte es pura insolidaridad. Como lo es el lepenismo que acaba de arrasar en Francia. La gente no parece dispuesta, en una sociedad tan poco integradora, a echar una mano a nadie. Que cada uno se las averigüe como pueda. ¡Pero Venecia…! La mas internacional ciudad del continente, en términos relativos, no parece lógico que albergue inquietudes identitarias ni secesionistas. No llegará la sangre al canal, con Ja, como usted predice, pero será porque la Realidad se resiste a la idiocia… ¡Le espero en el Florían”

  5. En este blog, donde se han escrito tantas cosas hermosas sobre Venecia, tenía que resonar la protesta frente a la imbecilidad del separatismo. Ha hecho muy bien la columna recordando la imagen de los espadones austriacos señoreando la Plaza de San Marcos, pero casi más le agradezco la evocación lírica, aunque de pasada, de la Venecia profunda.

  6. Qué bonita columna, y que tontos son esos políticos o que malvados y ambiciosos, no sé, la verdad. Esa enfermedad de que habla usted, ¿será crónica o mortal? En lo que se refiere a España, mucho me temo que sea lo peor mientras el Gobierno no plante cara a los separatistas.

  7. Como comparto la veneración por aquella Ciudad con don ja, también comparto hoy su crítica estupenda a los locos disgregadores. ¿Qué será de Europa si Europa misma no llega a tempo de descolocar a estos insensatos? Junten eso al auge del nacionalismo excluyente de los lepenistas, ayer triunfante en Francia, y verán con menos optimismo nuestro futuro como cabeza y tronco de la civilización.

  8. Temprano quiero adherirme a la bella columna. Esto del separatismo es una enfermedad más grave y extendida de lo que suponíamos tal como resume jagm. Venecia está muy por encima de esos trujimanes y siempre será Venecia como Italia siempre será Italia.

  9. Me uno al coro de satisfacción y de felicitaciones por esta soberbia columna. Qué bonita! Y qué exacta!
    Un beso a todos.

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