En la progresista California, tan sesentayochista, tan marcusiana, tan avanzadilla en materia se relaciones sexuales, un referéndum popular convocado seis meses después de que la Asamblea aprobara el matrimonio ha dado al traste, a través de una enmienda constitucional, con el invento y decretado su nulidad. También en Portugal ha fracasado el intento de legalizar esas uniones –por cierto, conviene decirlo todo, con el concurso del voto del PSP y del Bloque de Izquierda– tal como antes había ocurrido ya en Arizona o en Florida. En España no ha tardado el cardenal Rouco en reclamar un referéndum semejante para comprobar cual es la actitud de la población ante esa novedad y no me extrañaría que vivamos próximamente intensas campañas en este sentido. El problema está en la irreversibilidad de hecho de esas uniones legales que, por cierto, como acaba de probar la consulta californiana, cuentan con la enemiga de los sectores ‘seniors’ de la población pero con el apoyo de la gente joven, lo que quiere decir que la actual prohibición no es más que un nuevo aplazamiento de una realidad que en un futuro más o menos próximo volverá a ser legalizada. La operación, insisto, es jodida, en todo caso, aunque sólo sea por la cosa de los derechos adquiridos, y recuerda lamentablemente a la insensata anulación franquista de los divorcios y matrimonios republicanos, también apoyada en su día por la presión eclesiástica, o a la confiscatoria e injusta anulación del dinero emitido por el régimen legítimo que arruinó a tantas familias. De todas maneras, ahí está el inquietante precedente de California –y es poco dudoso que vendrán otros tras él—para advertirnos de que “no es pintar como querer” y que los cambios esenciales en las instituciones de la sociedad no resultan nunca fáciles y menos exentos de graves peligros. En Roma escuché en una manifestación gay el grito repetido de “¡Zapatero, santo sùbito’!” que parece ser que se ha reproducido ahora en California. Pero la sociedad tiene sus inercias bajo la superficie de la opinión y no es fácil jugar a placer con la antropología. A la vista está una vez más.

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Éste no es, me parece a mí, un mero conflicto entre las nuevas morales y la moral tradicional que, en España, por ejemplo, vale decir cristiana, sino una auténtica revolución perfectamente inédita en la Historia. Cuando oigo apelar a la ‘Ilustración’ francesa a los defensores de esa mutación tan radical me pregunto en qué D’Alambert, en qué Diderot, en qué Rousseau habrán encontrado una idea siquiera lejanamente compatible con la familia homosexual —véase en la ‘Enciclopedia” la voz “mariage”, para empezar–  y en cual de nuestros ‘ilustrados’ españoles (de Feijóo a Camponanes, de Ustáriz a Floridablanca, de Capmany a Olavide) creen ellos que encajaría semejante propuesta institucional. Cambiar la estructura de la unión familiar equivaldría a la abolición de la propiedad privada o a la eliminación del tabú de la vida, y eso hay que tenerlo en cuenta lo mismo si la evolución social deriva a favor de las mudanzas, como parece, que en caso contrario. Lo que quiere decir que si arriesgada fue la decisión de inventarse un nuevo modelo de pareja matrimonializada (tomada como irreversible) por el Poder, arriesgado es proponer ahora una marcha atrás para la que da la impresión de que el derecho no deja espacio suficiente. Por supuesto que la antropología es unánime en torno a la idea de matrimonio (no así a la de familia) pero de sobra conocemos las discrepancias entre la antropología y la sociología práctica, siempre más próxima a la realidad. No habrá ni dejará de haber uniones gays porque lo autorice una asamblea o lo prohíba un  referéndum, sino porque los tiempos acaben imponiéndolas en el marco de una sociedad nueva espontáneamente impuesta a los propios políticos. No duden de que ésta no es una secuela de la moderna ‘Ilustración’ sino un inesperado subproducto del darwinismo inmemorial.

17 Comentarios

  1. “Cambiar la estructura de la unión familiar equivaldría a la abolición de la propiedad privada”. Con todos los respetos, pienso que, tal como se ha planteado, es más bien lo contrario (y conste que ello no me parece ni bien ni mal de entrada: es sólo una reflexión). Creo que F. Engels no anduvo desacertado en lo fundamental cuando escribió ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’.

    La propiedad privada respecto al sexo es anterior a la que se ejerce sobre la tierra, por ejemplo, y pueblos nómadas tienen la institución del matrimonio (o reparto reglado de los machos y las hembras, como plantearía G. Duby). Ampliar los límites del reparto del sexo no parece sino una ampliación o profundización del concepto de propiedad privada. No tiene nada que ver desde luego con el “amor libre”.

  2. No le entiendo bien, amigo Candelas, perpo creo que ja no pretende decir más (¡ni menos!) que tanto la apropiaciónm del sexo como la aproiación del bien están en la base de la única cultura universal que hemos conocidos, y que todas las variantes on excepciones, fruslewrías para antropólogos. No tome al jefe nunca por tan simple, se lo aconsejo, aparte de que estimo que ya él se encarga de escibiri bastante clarito.

  3. Supongo que lo que quiere decir el maestro es “que cambiar la estructura de la familia” sería tan revolucionario como suprimir el tabú de la vida o abolir la propiedad privada.
    Estoy completamente de acuerdo con la primera parte de l artículo..Autorizar los “matrimonios” gays fue un error. Tenían que haber flexibilizado, porque si dos individuos comparten 50 años de su vida , y si , por ejemplo uno muere es normal que el que le sobrevive tenga derechos morales y financieros sobre lo que se avecina. Cuando hay niños de por medio, creo que el juez tiene derecho de legislar en función del interés del niño, ajustándose a lo que él cree bueno. Estoy de acuerdo: uno puede pensar que hay que dar al huérfano a los abuelos y otro juez al compañero que no es nada para el crio, …nada exepto alguien que lo ha cuidado y que quiere al niño y que el niño quiere. Esas situaciones deberían ser excepcionales, habría que tener flexibilidad pero soy reacia a legislar , como con la autorización a ayudar a morir.
    De acuerdo con el maestro: si hacerlo fue mal, deshacerlo será peor.

  4. (Perdonen , no he acabado)

    A mí, lo que siempre me choca es por qué hay que categorizar a los hombres, ponerlos en casillas. Cuando alguien muere, ha muerto un hombre, no un gay. Conozco a 2 viejas señoritas que siempre han vivido juntas santamente. Cuando muera una no sé lo que hará la otra, y si la afectará monetariamente. Pero son como carne y uña , y la sobreviviente debería poder heredar de la muerta. Naturalmente , no están “Paxadas”, como se dice aquí, porque para ellas eso es pecado. Lo encuentro muy injusto.

    ¿Por qué no puede un juez decidir en conciencia que el niño se quedará con la persona que lo ha educado si ello le parece mejor?, independentemente del sexo o de las preferencias sexuales del individuo. Un juez se guía por la justicia, no se limita a aplicar la tarifa de penas que alguien proclamó.

    Tambien me parecía importante que no se llamara matrimonio, sino otra cosa, convivencia gay o pareja gay . En el medioevo, las parejas casadas lo decían con orgullo. Ahora tengo alumnas , que cuando se presentan me dicen que sus padres están casados.

    Los niños con papas gay lo tienen más complicados que los otros, y los gays , a pesar de lo que cuentan, también. Pero quizás sea esta la respuesta al exceso de población humana. Con las ratas es lo que pasa: cuando hay demasiadas se matan entre ellas o se vuelven infértiles. sin duda las estamos copiando.
    Besos a todos….y perdonen por el rollo…

  5. Grave tema, sensatamente tratado, como es habitual en jagm, muy bien expuesto y lógico en cuantro se refiere a los efectos jurídicos que podrían provocar una situacióin como la que acaba de producirse en California. Interesante el argumento de que llamar “ilustrado” a estas moderneces, como se ha puesto de moda, sólo es posible desc la ignorancia. Con nuestro amigo siempre se aprende algo o cae uno en algo elemental que no se le había ocurrido.

  6. Supongo que Miller se habrá alegrado al escuchar ese argimento magnífico de que estas cosas no son “ilustradas” sino completamente ajenas a aquel mundo y a aquellas mentalidades, no sólo en España sino en Francia y en cualquier parte a donde llegara el movimiento enciclopedista. Son las ventajas de saber historia del pensamiento y de haberla aprendido con Díez del Corral y JA Maravall, como es el caso de jagm y el mío mismo.

  7. Toda la razón. Este asunto apesta por politizado, pero puede acabar trayendo males mayores, como recuiero duq jagm advirtió aquí hace tiempo, antes de que los zapatistas estos de nuestros pecados legislaran de la forma insensata en que lo hicieron. ¡Cómo sería que le gustaba a Llamazares…!

  8. Me alegra esa protesta contra el mal uso y el abuso de la noción de Ilustración, que parece una consigna hoy inlcuso entre quienes no saben ni de què hablan. Gracias, amigo, por ésta como por otras muchas reflexiones que manifiestan que su conocmiento de la Historia no es anecdótico.

  9. Nada que no me deja el romadizo… Aparezco brevemente para decir que me ha encantado la columna y que me ha hecho mucha gracia esa desxccaicacióin de estos “nuevos ilustrados” que no han leído la Enciclopedia ni sus resúmenes siquiera. Estápasando con ese término, ‘ilustrado’, lo mismo que con el de ‘progresista’ o ‘progre’, utilizado en campañas poco razponables por ejemplo en la COPE, lo digo con tristeza sin detrimento de los méritos que pueda tener cada cual dentro de ellas. ¿Me explico, amigos míos?

  10. Me pide Miller que le excuse (está en Chile y algo malucho), pero que añada a la mía su conformidad con esta “ilustrada” columna. Don ja tiene el privilefio de que no se enfada ni pierde los estribos para hacer estas descalificaciones tan sutiles como contundentes. Será porque sabe de que habla casi siempre (perdonen la cortesí del “casi”), a diferencia d otros muchos figurones y juntapalabras.

  11. Llegar a un punto en que decir lo obvio es incorrecto. Y en que dar marcha atrás es imposible o extremadamente difícil. Esto no es solamenet un giro a la tadicalidad sino un cambio de era. Habría dos era sen la historia de la humanidad: la que se pierde en la noche de los tiempos y la inaugurada por Zapatero y los holandeses. Para llorar. O para reir quién sabe.

  12. Cuando digo que “ampliar los límites del reparto del sexo no parece sino una ampliación o profundización del concepto de propiedad privada” quiero decir exactamente eso: que la exaltación de la propiedad privada, ligada si no entiendo mal a la del individualismo y la de la igualdad racional, lleva en derechura a la extensión del matrimonio, de seres desiguales a seres iguales. Por supuesto que ello no figura en los planteamientos de los padres fundadores o padres de la iglesia ilustrada, a quienes tanto debemos los que escribimos en estas páginas. Como ellos debieron, hace ya tres siglos, mucho a pensadores anteriores. Por lo menos eso es lo que parece que se deduce de Weber cuando argumenta que hay muchas razones para buscar los orígenes del capitalismo en las ideas religiosas de la Reforma.

    No tomo al jefe nunca por tan simple, y él lo sabe. De lo contrario no hubiese escrito en esta página. Sólo he pretendido aportar una reflexión, no molestar, ni a él ni a sus amigos. Pero si alguno lo ha entendido así, le pido disculpas. Procuraré que no vuelva a pasar

  13. Quizá me expresé mal, amigo Candelas, por lo que en cualquier caso le pido disculpas sinceras. Sólo quies decir que ja apuntaba a: que cambiar de modelo de familia sería un paso tan fuerte como abolir la propiedad privada, y en eso me parece que estaría de acuerdo el propio Engels, cuya antropología aficionada, desde luego, aparte de interesante, precoz y bonita, no resiste desde hace mucho la crítica seria. Vuelvo a pedirle disculpas.

  14. Una columna interesante, un tema delicado. Que diga monseñor Rouco qué solución tendría el problema si un referéndum anulara la ley vigente, qué se haría con esos “matrimonios”, szobre todo, si tienen hijos en común (no tienen por qué ser adoptados, pueden ser de uno de los “cónyuges”). Una solución “a lo Franco” me parece desatinada e injusta, aparte de que no estoy muy seguro de qué respondería una sociedad tan secularizada como la española actual si la Iglesia propiciara esa consulta popular. Quizá fuera un desastre. Para ella.

  15. No estaría mal lo del referéndum amigo Rick porque puede que algún alzacuellos y beatón se llevara una sorpresa. Claro que también podría abrirse la veda para la Iglesia misma y pedirse un referéndum que planteara las relaciones vigentes entre ésta y el Estado, ya puestos dónde las dan las toman. ¿Amenazar la estructura matrimonial tradicional? Para troncharse, sólo hay que ver el número de matrimonios gays desde que se aprobó la ley. La sociedad no se compone de homosexuales y heterosexuales coño (con perdón), se compone de personas, y forzar mediante política cicatera lo que por sí es diferente no puede llevarnos a nada bueno como atinadamente apunta D. JA., porque no nos engañemos, lo que de verdad ha ocurrido es que con el pretexto de la utilización de la condición sexual de un número importante de votantes, algunos han conseguido instalarse en la poltrona y disfrutar del coche oficial unos añitos más. Que pase el siguiente.

  16. Rectificar es de sabios, magnifica decisión tanto en uno como en otro continente, pero donde se ha visto semejante ocurrencias de tonterias, aquí en España claro. Un saludo

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