Llueven, se amontonan los escándalos políticos en torno a la corrupción –de un lado y del otro (y de los demás)–, se acusa o defiende según el color del corrupto, nadie se para en barras ante las consecuencias políticas e institucionales, tal vez irreparables, que están provocando las noticias, verdaderas o falsas, sobre el asunto. En Madrid, en Baodilla, en Ibiza, en Ohanes, en Valencia, un poco por todas partes anda llevándoselo crudo una garduña con carné. Raúl del Pozo resume el pesimismo: “La corrupción es inherente a la democracia”, escribe. ¿Exagera? El video de ese alcalde contando el dinero que le larga el constructor como pago de su defección es terrible, desde luego, porque muestra la ‘normalización’ del agio, la asunción del cohecho como un simple lance de la vida política que los partidos han  asumido irresponsable y puede que ya irreversiblemente, aunque no sepamos con certeza en qué medida comparten el botín. La alarma viene de lejos, de los tiempos en que Camus traducía a Faulkner aprendiendo de él que sería necesario rechazar la corrupción no ya antes de contemplarla sino incluso antes de saber en qué consiste. O de cuando Diderot decía que los rusos estaban podridos antes de madurar. Sainte-Beuve sugirió que esa podre es atributo de espíritus tan refinados como César o Talleyrand, aunque hoy sabemos que cualquier mendrugo redimido de la gleba sirve divinamente en ese oficio.

Están desangrando a la democracia, vampirizando su potencial cívico, y no parece sensato confiar en que el remedio venga de ninguna opción política, que es lo malo, ni siquiera en una coyuntura de crisis en la que el saqueo de lo público se convierte por pura lógica en un delito de lesa patria. No sólo en Marbella acabó convertido el robo en mera burocracia. Las trampas de los logreros le han cogido las medidas a la ley y la sociedad ha terminado por asumir la ilegalidad como un fruto inevitable que han mordido sin pensárselo dos veces unos y otros, conservadores y progresistas, fiados de la lenidad de las eventuales sanciones. Y los partidos no están dispuestos, por lo visto, a extirpar ese mal de raíz, ellos sabrán por qué, aunque no resulte difícil imaginarlo a cualquiera contemplando una vida pública en la que la honradez, todo lo más, pertenece al ámbito de la retórica y en la que las penas por violar sus consagrados principios resultan por completo ridículas. La manzana está podrida. Da vértigo pensar que es cuestión de tiempo que caiga del árbol.

11 Comentarios

  1. Hay veces en que situaciones como las que vivimos y una toma de conciencia de los fallos en los que inncurrimos con insistencia nos hacen comprender mejor que mil páginas las tragedias de nuestra historia.
    Hay veces en que uno ve que se acerca el vendaval y que tendrá que escoger bando y se le pone mal sabor de boca.
    La última frase, como para meditarla horas enteras….y luego arremangarse y poner manos a la obra.
    Besos a todos.

  2. El hombre no suele percartarse de lo que le amenaza hasta que es tarde. Tantos sufrimientos a manos de los totalitarismos no han sido bastante para escarmentar su espíritu olvidadizo y desagradecido. Es lo que hoy nos sugiere la columna de ja, tan firme y ecuánime.

  3. Lo más curioso eso que dice de que cualquier pillo sin valor sirve a las mil maravillas para mangonear en un arca pública. Gran verdad es ésa. En España incluso diría (yo) que a más membrillo más listo con las manos. Cervantes nos enseñó ha siglos el cuento, pero Rinconete y su amigo siguen tan frescos.

  4. No es menester que me lo recuerde, hijo, que bien lo sé y lo padezco. Es más, estos días ando más que entristecido por el espectáculo de ese totalitarismo celoso de todo y cerrado a todo, que se muestra verdaderamente incapaz de mirarse en el espejo de la Libertad. Ya ve que estamos de acuerdo en eso NN. aunque no, seguramente, en casi nada más.

  5. Cuesta refutar a su amigo Raúl del Pozo, en su contundente afirmación, por más que nos gustría hacerlo a muchos, en vuista de la corrupción no se circunscribe ya a un ámbito concreto sino que se halla difusa inflitrada en la sociedad a lo largo y a lo ancho, aunque sólo sea bajo la forma de “comprensión” o aceptación pasiva.

  6. Habiéndole oído a usted hablar del caso, acabo de ver y escuchar en Internet el video del alcalde de Ohanes (PSOE) contando el dinero podrido y metiéndosel bajo la camisa. Dios mío, cuánta cutrez, a dónde llegará esta marea de mierda. El colmo es pensar que, segñun dice la prensa esta mañana, Chaves premió a ese individuo con un puesto en la Junta. Que sea cosa del sistema democrático o de tanto golfo suelto como hay me parece que ahora es lo de menos, puesto que lo que resultaría urgente es cerrar el cofre con siete llaves.

  7. Tema deprimente, de los que quitan las ganas de opinar. Déjenme hoy apurar mi copita en el casino sin soltar palabra.

  8. Esa de Diderot (los rusos están podridos antes de madurar) es perfectamente aplicable a los españoles, aunque bien es cierto que no sólo a nosotros, sino a la mayoría de los pueblos, “con Internet y tele”, como dice un colega mío, o sin ellos.

  9. También yo he visto y oído el video de marras: ¡qué vergüenza, colegas! Hemos llegaod a un punto que ja define a la perfección cuando habla de que la corrupción se ha “normalizado”, es decir, se ve como algo “natural” y, en consecuencia, inherente, no al Suistema sino al propio ciudadano, al se humano si me apuran. Da asco pero ahí andamos.

  10. los politicos desde el inicio de los tiempos han entendido la corrupcion como sinonimo de mercadeo o comercio, si eso son sus principis para que cambiarlos. un saludo Don Jose Antonio

Responder a ropón Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.