En la radio de madrugada oigo perorar a un experto informático que asegura que la difusión del libro en la Red no afectará, durante mucho tiempo todavía, al consumo del libro impreso. El experto justifica su vaticinio en que el lector no sólo valora la vista sino también el tacto, un sentido capital cuya vigencia puede que tenga mucho que ver, probablemente, con el instinto de propiedad, pero que también concierne más íntimamente al repertorio psíquico que asiste a quien maneja el libro. Hay un texto viejo de Azorín, que acaso cité ya alguna vez aquí, en que el maestro cuenta cómo vagaba por la Cuesta de Moyano hasta dar con algún ejemplar apetecible que, luego de adquirido, se llevaba hasta casa –vivía cerca de allí, por cierto– palpándolo en el bolsillo del gabán, reconociendo los accidentes de su superficie y hasta averiguando curioso el olor de sus páginas, alguna vez intonsas, antes de asignarle definitivamente su sitio cabal en la biblioteca. La relación del hombre con el libro es inmemorial y está hecha, desde luego, de estas sutilidades afectivas al margen de que en las distintas épocas, esa relación haya estado inspirada en un concepto distinto. En las concepciones aristocráticas el libro fue usado como instrumento de poder en la medida en que su posesión proporcionaba a los tiranos de Pérgamo o a Felipe II esa curiosa ilusión de que el “saber es poder” –que hoy día versa más bien (y con mayor verosimilitud) sobre la información– mientras que en las burguesas pasó a ser eso que los funcionalistas llamaban un “indicador de posición”, es decir, una señal incontestable de cualificación social, para acabar siendo reducida por las clases medias a un mero utensilio ornamental que ilustra el recurso decorativo. Nada de eso sobrevivirá a la revolución cibernética que almacenará en Internet, disponibles para todos, la mayor biblioteca jamás imaginada, pero dicen los expertos, como se ve, que ni esa sublimación de la materia libresca logrará dar al traste con el poder del tacto. Por muchos años aún, al parecer, el invento renacentista del libro –aquella pionera democratización del saber– resistirá a la llamada del libro virtual que descontextualiza ese saber desencarnándolo, como quien dice, en su existencia fantasmal y privando al sujeto de constatar con la mano el hallazgo del ojo. Hay veces en que la sensación de cambio va mucho más allá de su alcance verdadero y ésta es, con toda seguridad, una de ellas.
                                                                xxxxx
Habrá que contar, en todo caso, con la capacidad de determinación que la materia tiene sobre la vida en general. Las vírgenes góticas cimbrean graciosamente sus cuerpos gloriosos hacia un lado, no por gracia inspirada del escultor sino por imposición del cuerno marfileño sobre el que comenzaron labrándose. Los programas decorativos se plegaron hasta encajar en el breve espacio que ofrecía a la escena el capitel o a la figura la gárgola o el canecillo. Como, seguramente, las bibliotecas de toda la vida acabarán adaptándose al territorio vital cada vez más limitado, que ha hecho de muchos de nosotros auténticos nómadas, hasta encajar al fin en el anaquel invisible que está en todas partes aunque no esté en ninguna. No ha sido Internet quien ha quitado clientela a los libreros a los que se dispone a ayudar con sus prótesis la nueva ley del Libro, sino ese dragón llamado “grandes superficies” frente al que tan pocas posibilidades van a tener lo mismo san Jorge que la Doncella. Como no será la Red la que acabe con las librerías domésticas sino el precio del metro cuadrado en este implacable mercado inmobiliario. Pero incluso cuando esto ocurra, sospecho que el tacto resistirá invencible al despotado de la vista y el libro impreso conservará su función y su prestigio. Me ha gustado ese elogio del tacto, tan poco azoriniano ya, pero tan esparenzador. Una violetas olvidadas dentro de un volumen constituyen un privilegio que, por una vez, prima al pasado y no al futuro.

12 Comentarios

  1. ¿No interesa el libro como tema? Esperemos que más tarde alguien haya reparado en los aspectos interesantes de la columna. El tema del libro en Internet fija la atención de mucha gente como gm, que ven en ello problemas y cuestiones importantes para el futuro de la cultura. Yo comparto esa inquietud.

  2. Hay libros que habría que leer con guantes. ¿Le indico algunos al jefe de página o puede imaginarlos él solito?

  3. Tampoco yo estoy libre del acoso del libro impreso, como ja y otros amigos, pero sigo en mi culto por el viejo instrumento del saber. Un libro virtual nunca será lo mismo. Vendrá a ser, se me ocurre, como el menú del astronauta… Prefiero usar mi tacto en conjunción con mi vista a la hora de asomarme al saber de los otros. Así fue desde hace mucho tiempo y así sospecho que a va seguri siendo. Se trata de dos medios distintos, nada más. Dos modalidades de intrumento, que no suponen el fiun de una de ellas.

  4. Hay que pensar en el precio. ¿oiensan ustedes en lo que valen los libros o les sobra el dinero? A mí y a muchos, no nos sobra, ni nos llega. Ojalá llegue el día en que el lirbo pueda descargarse de la Red como ahora el disco o la peli.

  5. Algún ciento de años hubo de transcurrir antes de que mi corta inteligencia aprendiera el arte de la lectura y por ello en mi época de hábil amigo de lo ajeno, no tuve que cargar con la culpa de haber murciado ningún libro, do el saber y el sentimiento enaltecido tuvieran sutil y placentero acomodo.

    Pero comparto en toda su profundidad y en el lirismo no oculto que nos proporciona cada día el sabio Maese, que en estas cotidianas páginas nos concede no solo la dádiva de su vasto conocimiento, sino ocasión para contrastar nuestras opiniones y, en mi caso, modestos discernimientos.

    Pero nombra muy de pasada, como en suspiro contenido, el grato placer que la olor, el aroma y hasta el grato perfume, me atrevo a afirmar con mi vana palabrería, que los libros nos otorgan como bien añadido. Si el nuevo, con su lejano recuerdo a la madera que antaño fue y a las tintas que de reciente lo hicieron posible. Si el añejo, que se rebusca como tesoro en esos sagrarios de cultura que ‘librerías de viejo’ apodan los menos considerados, porque llevan impregnada no sólo la pátina de amarillento color que el tiempo les deparó, sino también el tufillo de cariño que le dispensaron quienes entre sus páginas hallaron el saber o el no disimulado placer que nos producen las bellas palabras y los inimaginables tropos que fabularon sus autores.

    Más tiempo aún tardé en aprender a garabatear mis propias palabras sobre la pajiza blancura del pliego virgen, pero con los años fui aprendiendo a mal pergeñar una tras otra, palabras que encerraran mis fútiles pensamientos o mis alocadas ilusiones. Por eso me atrevo a transcribir aquí un cuasi plagio de lo que un día mi fautor compuso ante un túmulo regio. Espero sepan perdonar la torpeza de mis rimas y la vacuidad de su meollo. Estos son:

    Voto a Dios que requiere sutileza
    -euro es poco pagar por describilla-
    y es tarea que a mí, torpe, maravilla
    imitar al autor daquesta pieza.

    José Antonio es héroe de proeza,
    lleva énter como espada en la su hebilla.
    Que esto dure un siglo, tertulilla
    de gente de buen ánimo y nobleza.

    Apuesto por derecho y sin entuerto:
    por gozar de este blog tan bienamado
    daría mi fortuna largamente.

    Oyó esto un sociata y dijo muerto
    de angustia y de zozobra desolado:
    “Dios, qué peligrosa es esta gente”.

    (Mente aguda hubo que advirtiera cierto pasado monjil en mi ya dilatada biografía. Reconocer tengo que como consecuencia de mis muchas perversidades, más de una vez hube de travestirme, ora de frailuco mendicante, ora de dueña severa y, aunque la memoria no es ya un bien del que fiarme pueda, es posible que alguna vez vistiera toca blanca y su correspondiente velo. Usascercedes sabrán dispensar los huecos vacíos, como ojo de tuerto, de mi memoria).

  6. Estimado Jose Antonio

    Decia mi padre que a sus nueve hijos no podría llevarlos nunca en coche propio, pero que en su casa jamás faltarían los libros. En la antigua librería Luque (de Don Eugenio Luque) mantenía una cuenta que sabrá Dios como saldaba. De ella salían los numerosos libros de texto que cada principio de curso eran necesarios. Nos los forraba cuidadosamente y en el forro recién puesto escribía con bella caligrafía el título, el curso y el nombre de su hijo.

    Por si fuera poco esfuerzo, a final de curso nos mandaba de nuevo a por libros, los que quisieramos, para entretener las calurosas siestas del verano cordobés.

    Recuerdo especialmente mi primer verano con Mark Twain y sus Huck Finn y Tom Sawyer (en ese orden para mí). Viví una nueva vida y un nuevo y virgen paisaje en el mississipi, y empecé -sin saberlo- a entender a otra sociedad, a otro pueblo diferente al mío.

    Vinieron Las ratas, de Delibes

  7. Vinieron Las Ratas, de Delibes, que me sobrecogieron el corazon por su crudeza. Fue la primera vez que le vi la cara a lo peor del ser humano. Aquel libro me permitío verlo como a camara lenta, empapandome hasta el fondo.

    Y tambien la familia de Pascual Duarte.

    Muchas noches de calido insomnio, solo en el salon de mi casa, me ha venido la risa con Mari Tornes y Don Quijote. Y me he maravillado de la vida y la sabiduría de esas páginas.

    He leido los poemas sangrantes de Unamuno, y descubrí la fuerza de la honestidad y el valor. De Machado guardo su bonhomía y su mirada limpia al mundo, y su amor puro.

    En honor a mi padre y por mi mismo, mi casa está repleta de libros. Me sorprende siempre pensar lo poco que he pagado por ellos y lo mucho, muchísimo que me han dado. Son tesoros que están siempre ahí, siempre nuevos, siempre con otra vision distinta que completa a la anterior según va discurriendo la vida.

  8. ¡Ajajá, P. Rincón, conque algo de tocas hubo de por medio! ¡Ya me decía yo que reconocía en sus prosas pícaras las blancas manos perdidas!

  9. Se ve que se ha emocionaod –y nos ha emocionado, al menos a mí– don A.L.R., ya sea ésa su gracia o esconda otra. A Rincon(ete) incluso le da en la nariz la inconfundible fragancia inducido por la cita azoriniana de jagm, que sí, en efecto, ya había traído alguna vez a la columna.
    Nunca será lo mismo leer en el libro que leer en la pantalla, incluso en la copia “bajada”. Lo que no supone apostar contra este progreso indudable ni mucho menos, sino mantenerse fiel a la costumbre. Yo leo como leía Cervantes, como leía Isidoro, como leía Rilke. Bien, si mis nietos acaban leyendo en un “chip”, bendito sea Dios, pero a mí, le ruego que me haga gracia de esa novedad.

  10. Es fama que don Juan de Barros, lumbrera refulgente de la lusitana estoria, solía decir que los italianos se gobernaban por el pasado, los españoles por el presente y los franceses por lo venidero. Nos lo recueda otro ingenio famoso, don Lorenzo Ramírez de Prado en su Consejo y Consejero de Príncipes, obra sutilísima que hoy nos vendría como el guante a la mano en esta Europa confundida.
    No diré sobre las identidades que aquí se discuten sino que “máscara” persona significa, aunque añada, ya de mi cosecha, que está bien entender que ha de ser el ingenio dócil y acomodado para encubrirse a sí mismo, como está admitido por muchos y elevados doctores.
    Siga por esa trocha, Rincón amigo, que ya me veo entre nosotros al señor Cortado y hasta, siendo Dios servido, al mismísimo Lázaro de Tormes, aquel al que su madre parió junto al río. Mucho ganaría la prosa de hoy si alguna vez se ejercitara el modo aquel de los maestros antiguos, con su español grave y entero, y su derecha verdad en el discurso, en lugar de tanto embeleco como manda malgastar la moda.

  11. Preciosa columna digna de quien la escribe, que tiene una de las mayores y mejores bibliotecas particulares que he conocido, y también mucho problema de espacio para esos libros tan queridos por él.

    OLOR, TACTO Y AMOR A “ESOS” QUE NOS HICIERON SOÑAR, REÍR, LLORAR, APRENDER, DISCERNIR…

    Aunque parezca competir con mis compañeros de blog, ya sabía yo que “Rincón” era mi Sor Epi, fue el mismo día que mi querida Marta S. lo dijo en su comentario, que fue la primera que la delató. Y antes me parece a mí que lo hizo también con otro seudónimo. Nadie puede competir con esa forma de escribir. Enhorabuena por ese comentario tan bueno, con su verso y todo, que has hecho hoy.

  12. Leer la columna es como comerse algo de chuparse los dedos. Gracias a todos por algo tan entretenido, hermoso y justo.

    Besos a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.