Se da por sentado que de esta crisis hemos de salir con ciertas lecciones aprendidas, entre otras y sobre todo, la de que la libertad absoluta (¿quién solía decir aquello del “libertinaje”?) implica riesgos ciertos de perversión para el sistema de mercado. Es obvio que lo que en el mundo ha ocurrido no ha sido más que la consecuencia de un ejercicio insensato de esa libertad sin límites y, por supuesto, aunque se insista menos en ello, de la permisividad cómplice de unos poderes públicos a los que favorecía el crecimiento explosivo de todos estos años. Por eso se insiste en que no es cosa de cuestionar el mercado sino de respetarlo confiando en que la famosa “Mano invisible” haga su tarea ajustando como es debido oferta y demanda, y ése será, sin duda, el rumbo que consagraremos una vez que salgamos del dramático bache. Ahora bien, ¿se limitará previsoramente en adelante esa ferocidad financiera, habrá límites, en definitiva, a la sacrosanta voluntad de los poderosos, o volveremos a las andadas a pesar de tanto quebranto? Acabamos de conocer, por ejemplo, la sentencia que absuelve al presidente de la empresa más grande de España a pesar de reconocerle reo de un escandaloso delito –prescrito, como otros similares anteriormente—por haber utilizado su información privilegiada para enriquecerse por la vía rápida en una Bolsa que se supone ciega. ¿No es obvio que hechos probados como ése y tantos otros demuestran la falacia implícita en el fundamentalismo liberal que parte y termina en la absurda creencia de la rectitud de los gestores que intervienen en el mercado? Es poco probable que evidencias tan rotundas retuerzan la lógica manchesteriana, sin embargo, de manera que llegue a limitarse el albedrío absoluto de los poderosos. Saldremos de la crisis como hemos entrado en ella: fieles a un mito en el que quienes menos creen sus propios mitógrafos.

La mano que controla el Mercado es bien visible, blanca o negra, férrea o embutida en guante de seda, y casos como el célebre de los Albertos o ahora el de Alierta prolongan esa mano en un brazo ejecutor tras el cual –sigo la metáfora de Ortega—hay un cerebro en el que actúan las ideas de un sujeto concreto y producto de su época. El Mercado puede ser transparente en el limbo teórico pero la mano que lo agita pertenece plenamente a esta realidad feroz que ha hecho de la rapacidad un valor y de la ambición toda una ideología. Saldremos de la crisis, pues, tal como estábamos antes de su llegada, es decir, a merced de la audacia financiera protegida por el interés político. Alierta, como los Albertos, no tendrán que devolver siquiera lo que ilegalmente afanaron. Comprenderán que con estos antecedentes cuesta creer que en el futuro el lobo se limite a sí mismo frente al rebaño indefenso.

8 Comentarios

  1. Más claro, el agua. SEguiremos con el mito –el de la mano invisible– mientras en la realidad la visible se mete hasta el codo. Lo de Alierta y los Albertos no es excepcional pero sí extremo. El capitalismo está haciendo todo lo posible por desdramartizar el fracaso funcional del socialismo llamado real.

  2. ‘Más amo a mi perro’, que decía el filósofo. Les juro que he reducido a dosis homeopáticas mi información general. Zapeo un poco a las tres, echo un vistazo a la sección de Opinión de pocos, muy pocos digitales, y el periódico que compro V-S y D, lo hago sobre todo por los colorines a los que mi pareja le gusta echarles un vistazo e incluso ella lee más páginas serias que yo, hasta comentándome alguna en voz alta, sin lo que me enteraría aún menos de los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa (universal).

    Esto les puede sonar a herejía, teniendo como tenemos un patrón que lo lee todo, todito, todo, hasta la composición de los champús, supongo, pero la verdad es que a la vejez, me parece que me va apeteciendo morirme tonto. Mejor que dos o tres berrenchines diarios. Hay tanto golfo por centímetro cuadrado en este jodido mundo en que nos movemos que prefiero andar levitando un poquito entre las nubes placenteras de la literatura de evasión.

    Que pasen un buen día.

  3. La utopía de que es posible legislarlo todo, regularlo todo, no merece mayor crédito que el de la famoso brindis al sol de “otro mundo es posible”. No es raro que los países con mercado más intervenido sean los que tienen un mercado negro más efervescente. No nos queda más que darnos el subidón y después el batacazo de forma cíclica. No digo que sea la mejor situación: digo que no hay quien la cambie.

    Si hasta el mismo ZP habló de refundar el capitalismo (sabrá él que el socialismo no tiene remedio…)

    Sdos.

  4. Pues sí, nunca escarmentamos y volvemos a tropezar cien veces en la misma piedra.
    Eso no quita que algunos, más lúcidos, muestren la piedra e inciten a sus contemporáneos a evitarle. Es lo que hace aquí incansablemente don José António. Me admiran su lucidez, su entereza y su fé en la humanidad.
    Besos a todos.

  5. Una lección muchas veces repetida por ja, un aviso para navegantes, Las idea de que de la crisis saldremos tal como entramos la comparto al cien por cien, puesto que creo poco y es`pero menos de la capacidad humana para corregirse a ´si misma.

  6. Como mi maestro y “creador” soy gran cr´tico del ingenuo Leibnitz: este no es el mejor de los mundos posibles isno el único mundo que las relaciones de poder consienten. ¿Ustedes oconocen muchos pobres desgraciados a los que les hayan prescrito sus delitos? Un día, hablando con ja de la legionella en la que su herman es un experrto, le aconsejé que no frecuentase balnearios de julo ni saunas de psotín (presuntos difusores de esa bacteria junto con las fuentes públicas), y ja me contestó: “Pero ¿túa has visto alguna vez aun rico con legionella, so primo?”. No, en verdad yo no le visto.

  7. Discrepo en que la Mano sea Invisible. Miren lo que ha ocurrido: ni se ha visto venir el golpe hasta que no lo hemos sentido sobvre nuestras cabezas- Es lo malo de este sistema exactor: que todos sabemos donde radica la injusticia y la ilegalidad pero todos sabemos también que los que vigilan tienen los ojos vendados. Buen fin de semana, queridos.

  8. Son las consecuencias de las lagunas infieles del capitalismo , que injustamente no son ni castigadas ni reprendidas.

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