Asustados ante la galerna especulativa que nos trae en un sinvivir, las autoridades del ramo acaban de prohibir en España las ventas a corto. Se acabó lo que se deba, pues, para los especuladores colgados de Internet que acechan como buitres la acción caída para abalanzarse sobre ella sin esfuerzo y, una vez reanimada, revenderla al día siguiente. Se acabaron las “posiciones a corto”, el mercadeo que, en beneficio propio, ha arruinado a tanta gente y enriquecido a tantos otros. Y lo mismo han hecho en Bélgica y en otros países europeos, incluyendo a Francia e Italia, lo que ha propiciado una vertiginosa recuperación en las Bolsas y el lógico y natural cabreo entre los especuladores. Ahora bien, ya me explicarán en qué se funda ese veto a la especulación, teniendo en cuenta que ésta no es ni más ni menos que el nervio del mercado de valores, su mecanismo lógico y su razón de ser. La crisis –hay que repetirlo—está poniendo en evidencia el camelo de esa “Mano Invisible” que, con la única condición de que el Poder no intervenga en la vida económica, sostienen los liberales, tanto los neo como los de toda la vida, que ajustará de la mejor manera posible el intrincado puzzle de los intereses en pugna. Se viene abajo, en consecuencia, la premisa de la no intervención, el mito del mercado libre a ultranza, la leyenda negra que hace de la mediación de la autoridad, incluso de la prudente, un atentado a la implacable lógica mercadista. No cuando se trata de recibir subvenciones de lo público, claro está, ni cuando la Reserva Federal o el Banco Central Europeo sueltan la pasta gansa para corregir esa los locos efectos de esa libertad, tampoco cuando, como en esta crisis extrema, la autoridad se planta en el parqué y prohíbe –¿por qué, a ver, con qué derecho?—justamente el ejercicio de su principal maniobra. La Bolsa se ha tomado un respiro, en resumen, los trileros oportunistas la han jodido y la teoría se ha quedado con el trasero al aire. Esta crisis va a dar mucho de sí, aparte de las fortunas y de las ruinas.

 

¿Y hasta cuando la medida? Pues, en principio, por unos quince días, prorrogables, eso sí, dependiendo de cómo evoluciones el pulso del negocio. Y luego Dios dirá, pero lo más probable es que todo vuelva a su ser y la campana vuelva a tañer entusiasta para renovar cada mañana el ánimo de esos púgiles de la oportunidad, por más que, como digo, la aventura nos haya permitido ver con toda su crudeza el camelo supino de la dogmática. Keynes no estaba muerto sino mal enterrado. Los traficantes sin rostro no se han enterado hasta que no lo han visto cabalgar muerto sobre el arzón de su caballo.

6 Comentarios

  1. Tema que le puede, amigo, ja, y que verdaderamente es para poderla a cualquiera con la cabeza en su sitio. Estoy con usted en lo básico, o sea, en que el Mercado necesita para funcionar cierto nivel de intervención, que es justamente el que conviene al Capital. La mano es evidente, en efecto, como lo es que ella no es capaz de ajustar la vida económica sino que necesita de esos estímulos.

  2. No sé por qué se empeñan en distinguir entre Mercado y Poder,. como no ambos no fueran, en el fondo, una misma instancia. Pues claro que sin intervención (es decir, inversión pública) no funcionaría el tinglado. Acabamos de verlo en Europa y en España con toda claridad aunque no hay peor ceguera que la de aquel que no quiere ver.

  3. Mano evidentísima, que suelta “miliardos” sin pesárselo dos veces cuando se trata de “salvar” a la banca” o de contener la caída de la Bolsa. No merece la pena insistir en el tema. ¿O es que a mi querido ja le cabe aún la menor duda de que el Sistema es lo que es y nada más?

  4. Es un razonamiento interesante aunque vaya a contracorriente. Pero eso no es extraño en sus escritos ni en sus opiniones que he escuchado en la radio con atención durante muchos años. Tiene usted un gran sentido crítico, que le agradezco como lectora.

  5. A mí , lo que me gustaría es que se prohibiera para siempre jamás. Y hasta que el dinero nunca generara dinero.. Eso sí que sería revolucionario.
    Un beso a todos.

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