El éxito del PSOE en Gibraleón –con la misma lista que hubo de expulsar por tránsfuga ayer como quien dice– o el obtenido por la misma formación en Valverde llevando como fichaje/estrella a un trásfuga redomado, demuestran que al electorado –vamos a dejar, para el caso, lo de “pueblo soberano”– le importan tres caracoles del transfuguismo igual que le importan otros tres de la corrupción. Una especie de concepto idealista de la democracia lleva a creer que los pueblos se irritan y castigan a quienes mantienen en política posturas tan denigrantes, pero nada de eso es confirmado por la realidad, al contrario, a la vista está que se puede votar con entusiasmo a un tránsfuga como en otras situaciones se ha votado alegremente a los corruptos. Los políticos (el PSOE en Huelva ha batido el récord esta vez) perpetran esos atropellos éticos y morales porque saben que al pueblo lo traen sin cuidado, aunque cuando les toca a ellos el perjuicio clamen como profetas. La corrupción moral se ha popularizado, eso es todo. No dejemos de dar al César lo que es del César. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.