El debate parlamentario de ayer en Madrid dio una tregua al “caso ERE”. Los dos grandes partidos saben que ninguno de los dos puede presumir de inocente, que, cada cual a su turno, tendrá su hora de lamento y su momento de gloria. Escuché ayer protestas por la desazón colectiva frente a la política de esta partitocracia, para comprobar –suprema paradoja– que no llevaba razón ninguno ni a ninguno le faltaba razón. Tras el “caso Bárcenas” tendremos “caso ERE”, pero, de momento, lo que tenemos es un presidente del Gobierno de la nación requerido de dimisión y uno de la Junta que ha quitado de en medio huyendo de la quema. Parece que España empieza a levantar cabeza mientras sus dirigentes se desploman.

1 Comentario

  1. Los eres tienen la sustancia suficiente como para enrabietar a quien ostenta el poder y buscar otros chivos: creación de dificultad o disimulo. Pero de todas las maneras, la sociedad cree en los votos de los ascendientes más que en su propia reflexión. O esta tiene un ultimisimo lugar en la hora de votar; que muchas veces es cambiar el funcionamiento de un pais, de una autonomia, de un pueblo. Al menos en en papel es así.

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