Dice el PP que lo que Chaves se trae con el Gobierno a propósito de la reclamación de la cuenca del Guadalquivir no es más que puro teatro. Qué sé yo, igual le interesa un golpe de efecto y ha decidido finalmente reclamar lo único que tiene sentido reclamar en este negocio, a saber, la gestión de esa cuenca que, al atravesar más de una comunidad autónoma, no puede, con la Constitución en la mano, ser transferida a una sola. Ahora bien, el PP se olvida de algo clave y es que la reivindicación, no ya de la gestión, sino de la transferencia de esa cuenca figura en el mismísimo primer discurso de investidura de Chaves, allá por Julio del 90, que ya ha llovido aunque otra cosa diga la ministra Narbona. Lo que ahora reivindicamos, pues, supone una rebaja más que una exigencia, una reclamación auténticamente crítica teniendo en cuenta como en Andalucía el problema del agua. Y puede que a Chaves le hayan descubierto esta baza y con ella haya pactado con Moncloa la correspondiente puesta en escena. En todo caso, por debajo del nivel del año 90, quede claro. Nuestra autonomía va a menos cuando no se queda petrificada en la pura rutina.

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