Acaba de cumplirse el 70 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial en medio de una creciente polémica en la que cada parte trata de arrimar a su sardina el ascua de la razón. En Rusia el propio Gobierno ha salido al paso de lo que llama “revisionismo” o intento historiográfico de equiparar las responsabilidades por la espantosa locura, fundamentalmente oponiendo la responsabilidad de Hitler con la de Stalin, a quien se reprocha, hasta convertirlo en causa del conflicto, el pacto de no agresión firmado por Ribbentrop y Molotov, sin duda una maniobra sibilina del “padrecito” que, a cambio de despejar el camino a la locura nazi, se garantizaba una tregua que necesitaba sin remedio si quería disponer de una razonable capacidad de respuesta. Dice el ministro Lavrov, actual jefe de la diplomacia rusa, que esa lectura de la Historia es el colmo de un revisionismo que en la propia URSS vivió ya sus primeras manifestaciones, y alega que ni siquiera durante la Guerra Fría se equiparó la agresión nazi al papel jugado por la Rusia soviética, lo cual es no poco cierto. La evidencia de que esa partida se jugó entre dos monstruos no agota, sin embargo, toda la historia, entre otras cosas, porque, para empezar –incluso obviando que Europa vivía un complejo proceso anexionista en el que estaban comprometidos varios Estados– no hay más que recordar cuanto el Pacto de Munich supuso a favor del proyecto hitleriano, no sólo desmembrando Checoslovaquia sino dejando expedito el camino a los diversos planes de expansión entonces en danza. Stalin dio un respiro fundamental a Hitler pero las demás potencias europeas no hicieron menos por él en ese tratado que liquidó de hecho toda esperanza de solución negociada. La realidad requiere perspectiva para ser entendida: no olvidemos la ridícula foto de Chamberlain mostrando el papelito a los británicos y hablando de la única “paz de nuestro tiempo”.

Ni la absoluta culpa nazi ni el estratégico plan stalinista pueden ser discutidos y, de hecho, ya en su momento provocaron fuertes disensiones en el mismo ámbito comunista europeo, pero plantear a estas alturas un debate de esa índole carece de sentido porque supone anteponer la causa ideológica a la atroz realidad provocada por la guerra. Sesenta millones de muertos, pueblos destrozados y espantosos genocidios no permiten moralmente detenerse en una discusión estratégica bajo la que se oculta la locura generalizada de un continente en almoneda a merced de las ambiciones. Hitler y Stalin fueron dos personajes perversos y ningún revisionismo logrará alterar esa evidencia. Otra cosa fueron, sin duda, sus papeles respectivos en una contienda que sin la audacia del segundo podría haber condicionado el futuro de todos en términos simplemente atroces.

12 Comentarios

  1. Ardua tema, aunque bien enfocado: los dos monstruos son parejos, cada cual a su modo, pero parejos. Ahora bien, la Guerra Mundial y la catástrofe que supuso fue obra de la ambiciñon de Hitler mientras que Stalin –mago de la política exterior– jugó con audacia la baza de la liberación. ¿Qué hubiera sido de nostros, sí digo de NOSOTROS, sin el Ejército Rjo, bárbaro y cruel, asesino como es sabido, en su caso, pero vencedor del agresor? Hay que andar con cuidado por este alambre. Las comparaciones proceden cuando porceden , pero ello no quita para que se pueda distinguir. Entre monstruo y monstruo, en este caso.

  2. Entiendo que jagm no defiende sólo la desigualdad dentro de la igualdad de esos mosntruos, porque está más interesado en señalar dos cosas: una es que los papeles reales de Hitles y Stalin fueron compeltamente distintos en lo que se refiere a la Guerra Mundial; otra, que en aquella época la ambición expansionista era una enfermedad europea que afectaba a muchos países. Se puede meter uno con Stalin durante todo el tiempp, pero no parece indicado, por más vueltas que se le de a la tesis del pacto de no beligerancia, cuestionar la personaje que supo ganar una guerra y sin cuyi triunfo mejor no pensar que habría pasadao. Los Patton creen que todo se arregla siguiendo con los tanques camino de Moscú. Y Patton, como puede verse estos días, no ha muerto.

  3. Al sanguinario no se le puede negar valor e inteligencia en la Guerra que acabó ganando. En esta conmemoración más nos valdría a todos meditar, rezar acaso, ocmprometernos en que nuca se repita la locura. Es perder el tiempo discutir comparaciones entre monstruos. Aunque bien sé que el sentido de su columna es otro, que aprecio y suscribo.

  4. Me pone hoy en un dilema. No sé a qué carta quedarme entre los dos monstruos, aunque reconozco lo que apunta sobre el mérito de Stalin en la Guerra que el otro provocó. Discrepo de quien propone igualar a los dos pero también de quienes condenan a uno salvando al Otro. Afortunadamente este es otro mundo. O eso parece. Ojalá que no sea sólo una apariencia.

  5. Dos totalitarismos, dos formas parecidas de exterminar al individuo no conforme al patrón (bien por motivos de pureza racial, bien por pureza ideologica, o una combinación de ambos). Sin embargo, la propaganda posterior siempre dispensó un trato de favor a uno de los bloques, con consecuencias que se extienden a nuestros días.

  6. Me parece que hablamos de la Guerra Mundial ¿no? Y que hemos ido derivando –conforme a lo que se propone la propaganda que hagamos– hacia el tema de la comparación entre Hitler, CULPABLE PLENO de la catástrofe, y el padrecito Stalin, el gran verdugo indiferente al sentimiento humano. Es sólo un comentario.

  7. Os sigo desde Roma, incluso lo he hecho este ferragost, por mi vieja amistad con ja, que espero descifre la careta si lee este comentario. Hoy me gustaría proponer una idea: que siempore hubo guerras, que la guerra es un recurso extremo invariante de la relación humana tal como ésta se manifiesta en la Historia, que incluso cuando nno hay manera de «adecentar» una guerra (los telógos, sobre todos los españoles del XVI y XVII, inventaron lo de «guerra justa») se la presenta como «campaña humanitaria». ¿A qué tantos aspavientos cuando nos devuelven ataúdes con soldados dentro? ¿Es que de verdad creíamos que iban a esa «misiones de paz» de que habla una pacisfista (???) como la actual ministrita –«¡Capitán, mande firmes!»– con las armas de adorno? La Mundial estaba cantada desde la Gran Guerra como aquella lo estaba desde la anterior confrotanción francoalemana. Europa, como se dice en la columna, era un semillero de ambiciones y no se olvide que hasta la desmebrada Polonia, la pobre, se convirtió en anexiuonista ne cuanto le dieron oportunidad. Todo eso hay que tenerlo en cuenta antes que perder el tiempo comparando a Hitler con Stalin, que en este sentido, no tienen comparación. Digamos que la guerra laganaron «los buenos» y entre esos «buenos» estaban los feroces soldados soviéticos que, cierto, violaron todo lo que encontraron por delante, pero ´también murieron por millones. Ellos defendieron Leningrado y ganaron Stalingtrado, o es que ya no queremos acordarnos de las cosas. Mirar la efemérides sólo desde Normandía es injusto. Saludos.

  8. Un tema para echarse a temblar, enfocado por ja desde un lado razonable, aunque copmentarios como el que antes que yo ha hecho Merulano resitúa con gran acierto. ¿Olvidar, recordar, conmemorar? Cualquiera de esas operaciones sociales implica su correspondiente ideología. Por mi parte me duelo recordando la atrocidad perpetrada y reconociendo que hay mucha razón en cuanto se ha dicho aquí sobre la situación de Europa. Hoy afortunadamente las cosas europeas son diferentes, pero tenemos otras amenazas. Es el desrino de este «mono loco», al que hace tiempo que ja no llama así.

  9. Muy conforme con muchas cosas que van dichas ya, sobre todo enm que lo que hay que «conmemorar» sería el fin de la Guerra no su comienzo, y al margen de unas culpas que no pueden estar más claras. Ya puestos, decir además, que Hitler no era un monstruo omnipotente sino un payaso fascinador. ¿Qué me dicen de los millones de alemanes que lo votaron y lo aclamaron hasta el final? Cosas para no olvidar. Cosas para no demorar en ellas más de lo preciso.

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