“Si la gente tuviera memoria y fuera capaz de recordar las promesas incumplidas la democracia sería un sistema mucho más autentico”, me dice un ingenuo (verídico). Toma –le contesto-, si eso ocurriera, si los electores tuvieran en la cabeza lo que les han prometido unos y otros y nunca le han dado, lo que ocurriría es que nos quedaríamos sin democracia. Los políticos tienen en la desmemoria su mejor aliado, así como en la desinformación tienen su coartada más útil. ¡Imaginen si se hiciera la lista de los fracasos de la autonomía, desde las “tres reformas” famosas (administrativa, sanitaria, docente) a la nonata pero momificada “reforma agraria” pasando por las promesas que Chaves se le ocurren cada vez que la aprieta un zapato para olvidarlas luego acunado por el convencimiento de su hegemonía! Pero junto a ello no olviden colocar tanta dádiva, derrama, subvención, recalificaciones, licencias y demás recursos de repertorio que han convertido el sistema de libertades en un “régimen” puro y duro.

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