No cabe la menor duda de que Guerra está a mil años luz de los actuales dirigentes de su partido. Pero tiene flaca memoria. Lo pienso –ahora que se menea en la sombra el cisma de los “ex-altos cargos”– al oírle amonestar al sanchismo alegando que los que mandan en Madrid tendrían que considerar muy cuerdamente que la “dirección andaluza es una dirección muy importante”. Que es lo mismo que muchos pensábamos hace mucho cuando, desde Madrid, él partía el bacalao y –a la sombra de González, por supuesto— ponía y quitaba secretarios generales y Presidentes andaluces al tiempo que partía en dos a su partido, bautizando con su propio nombre a una de las dos mitades. Lo de la paja y la viga, como ven. La memoria política es de lo más moldeable.

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