El Informe Pisa no deja de provocar reacciones aquí y allá, cábalas sobre el significado de éxitos y fracasos. Inquieta sobre todo la escalada de los países orientales y, muy concretamente, el apabullante triunfo de la enseñanza china y coreana que contrasta, para mayor paradoja, con el relativo declive de los prestigiosos sistemas escandinavos, un contraste del que algunos observadores han sacado la conclusión provisional de que la estricta disciplina y la exigencia máxima de aquellos lejanos modelos acaba desplazando a esos otros basados en el paradigma ultraliberal. Expertos en la materia nos informan de que en ellos tal exigencia se concreta, aparte de un férreo imperativo de respeto, en la auténtica carrera de obstáculos que suponen las sucesivas reválidas exigidas a los estudiantes para pasar de un nivel al siguiente, así como el rigor y la intensidad de un aprendizaje cuyo resultado parece ser un alumno cumplido y sabedor pero escaso de fantasía. Un responsable chino descubre en un medio local que el éxito de su país a los ojos de los expertos del PISA no se debe más que al hecho de que el PISA es básicamente un test y los escolares chinos son adiestrados desde el comienzo de su aprendizaje en el conocimiento de esas técnicas  que suelen dominar, y opone ese hecho al muy significativo de que, sometidos a otras pruebas más libres, los alumnos chinos se muestran sumamente expertos en cálculo pero apenas alcanzan un nivel medianejo en innovación. Al contrario de lo que parece sugerir la situación en los países occidentales más desarrollados, los orientales están preparando hornadas de escolares informados de muchas cosas pero carentes de la imprescindible imaginación. Es probablemente el resultado de aplicar un sistema exigente y riguroso frente a los ensayos de liberalización progresiva de la pedagogía. Toda luna jubilosa tiene, al parecer, su cara oculta y oscura.

 

Es pronto para decidir, pero no parece impropio plantear al menos la posibilidad de que a lo que estemos asistiendo no sea más que al ocaso de la utopía libertaria que va desde Ivan Illich a la LOGSE y que ha tratado de arrinconar la pedagogía disciplinaria para sustituirla por una docencia orientada a la autarquía. Chinos y suecos –y españoles, por descontado—no tienen más que lo que se han buscado, cada cual con su cuenta y razón, desde sus respectivos designios políticos. Pero ahí sigue la vieja tensión entre esas dos viejas concepciones de la enseñanza como un pulso inútil e incapaz de vislumbrar siquiera un esquema intermedio. Las sociedades suelen equivocarse a través de sus políticos por más que las consecuencias las paguen luego los propios equivocados.

4 Comentarios

  1. Espero que este artículo de don José António no pase desapercibido , dado la fecha….
    Desde que tengo conocimiento del informe Pisa me habría gustado poder leer las preguntas en unas cuantas lenguas.Porque es evidente que un mismo individuo tendrá resultados diferentes según lo que pidan.
    El resultado de la enseñanza de las lenguas es Francia es muy malo, y lo que es peor parece bajar. Es posible. Desde luego ha bajado con respecto a lo que yo estudiaba. Cuando yo estudiaba inglés apredíamos de memoria poesías clásicas enteras y teníamos que leer escenas de Shakespeare , nos las explicaban y las aprendíamos. Recitando se aprende la pronunciación, el sonido , la música de una lengua, amén de ser materia para reflexionar y ahondar en el corazón humano.
    La lengua que quieren que enseñemos, es una lengua de comunicación, lengua de mercaderes. No lengua de reflexión, de elevación, de cultura, de comprensión y respeto mutuo. Cuando te obligan a leer el to be or not to be en inglés te enteras de quien es el autor, te codeas con uno de los textos de la literatura universal y te abre la mente a una visión diferente de la tuya y de la de tus tocayos. Creo que leer y estudiar la literatura de autores foráneos de primer orden es la mejor manera de volverse tolerante, de elevar tu nivel espiritual y cultural, almismo tiempo que aprendes como regatear en un tenderete una falda encarnada, porque quien puede el más puede el menos.
    Todo ello no quita que la disciplina, el respeto sea la primera condición para poder enseñar con alguna posibilidad de éxito, y que el progreso de la enseñanza en los paises orientales sea digno de estudio y de meditación.
    Perdonen que me haya alargado tanto pero es un tema que me interesa. Un beso a todos y de nuevo, feliz Nochebuena.

  2. Desde luego, Madame, ese es el ideal y la vieja costumbre. En el Liceo, donde lo mismo jagm que un servidor estudiamos, se aprendía la lengua incluyendo los poemas, en efecto, pero es es agua más que pasada. Lleva mucha razón en llamar “lengua de mercaderes” a esa jerga que, en el mejor de los casos, se enseña hoy. ¿Se imagina al mismo profesorado actual (conm las excepciones que sean precisas) enseñando a los alumnos la Chanson de Roland o el monólogo de Shakespeare?

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