Hace tiempo que la discusión sobre la libertad en Internet no decae. Sobre todo, alrededor del uso de esos pseudónimos que permiten la libertad pero también, ay, la agresión. En mi blog resisto impávido los embates de los discrepantes porque creo que, con pseudónimo o sin él (el pseudónimo tiene una larga tradición literaria y el blogueo es hoy una forma literaria más) cada cual tiene derecho a expresar lo que opina, sobre todo una vez que se le ofrece la oportunidad, lo cual no siempre resulta cómodo, digámoslo todo, porque, en efecto, eso de que el pseudónimo puede ser la capucha del cobarde no deja de tener, en ocasiones, su parte de razón. Claro que a ver qué ganaría yo impidiendo la libre expresión de los agresores (el que te adscribe a un partido, así, sin más, a causa de tu opinión, el que te despelleja porque un día, con las prisas, escribes que los pollos se crían con enzimas en lugar de con hormonas…) dejando colgados sólo los comentarios inocuos o amables. La polémica europea, que vengo siguiendo hace tiempo, apunta a la defensa de la libertad del bloguero, no sólo porque forma parte de una necesidad social que nos hemos creado, sino porque el pseudónimo, en fin de cuentas, es un secreto de Polichinela, que si no te da el retrato del encapuchado, sí que te proporciona cumplidamente su perfil. En los blogs se refugia mucho frustrado, no pocos envidiosos, más de un malévolo, pero la mayoría de quienes entran en el debatillo suelen ser simples opinadores libres que aprovechan la oportunidad de participar en la opinión. Confieso que guardo un profundo afecto por la mayoría de quienes me visitan a diario y bien saben ellos y los malevos que nunca –bueno, sólo en una ocasión y porque involucraba en su infundio a una tercera persona—se me ha ocurrido indagar el remite o averiguar una dirección IP. A las duras como a las maduras. Si ellos no lo entienden, otros muchos, sí.

 

Son los políticos, me parece a mí, quienes menos han asumido esta presión que consiente la nueva tecnología, y ello a pesar de que desde sus guaridas se desliza a la Red diariamente no poca bazofia. Es demasiado largo el alcance de las críticas, demasiado abierta la posibilidad de denuncia, incómoda en exceso la intranquilidad que produce saber que tu secre puede “colgarte”, literalmente, en una Red universal, sin dejarte otro margen que el mísero e inútil que permite la sospecha. ¿Cuántas denuncias demoledoras no habrán salido de esos mismos estados mayores tecleadas por un Judas o de manos de una Judith? Por mi parte, como si quieren crucificarme, con capucha o sin ella… siempre que sea en el patíbulo abierto e indoloro de la Red.

9 Comentarios

  1. Pocos son los que conocen tu generosidad para con los «opiniones blogueras»…… cuando son adversas.

    Buenos días desde Viladecans.

  2. El que no quiera don Jose Antonio ejercer ninguna censura es algo que le hace honor. El debate es siempre enriquecedor.
    Lo que lamento es que algunos no debaten sino insultan y otros parece que se limitan a asentir, sin discrepar nunca, lo cual es harto aburrido.

    Un beso a todos.

  3. Perfecto, mi don Anfi. Retrata usted con nota alta a quienes nos asomamos a los distintos espacios, pocos, en los que merece la pena acercarse a la red. Algunos, alguna vez, hemos dejado los dos apellidos y hasta el deeneí, para que no tengan que molestarse los jákers esbirros.

    La comunicación, el intercambio de opiniones, la crítica, tanto la dura como la soft, ha encontrado un nuevo cauce y abierto caminos insospechados hace un par de décadas. Estos son lentejas. La historia en su momento le pondrá nombre.

    La apostilla de mi adorable doña Sicard, en su justo atino. De vez en cuando en vez de amén, hay que decir alto y claro lo de ¡discrepo!. Pero no hoy.

  4. La lectura diaria de esta columna, y los comentarios que le cuelgan, es enriquecedora a más no poder. Disfruto este blog y raro es el día que no aprendo algo. Soy ferviente defensor de la discrepancia e incluso celebro cuando hay alguna dosis de desencuentros cordialmente avenidos.
    Por mi parte, procuro no decir nada por aquí no pudiese decir cara a cara, como veo que hace la gran mayoría de los habituales.
    Por lo demás, cada uno de nosotros se retrata en cada comentario.
    sdos cordiales

  5. Acuerdo generalizado, como no podía ser menos ante la limpieza del planteamiento. El pseudónimo es una marca propia de la Red y es inevitable que contribuya, de camino, a la bellaquería de los cobardes. Pero también es ceirto que sin ese velo la Red no sería el instrumento revolucionario que es. Toda novedad tecnológica tiene ventajas e inconvenientes.

  6. Siemore me admiró la paciencia de jacon los agresores sin causa. Un día me dijo que quien hacía algo dirigido al público, al público debía someterse. No he olcidado esa gran lección tantas veces corroborada aquí a la vista de todos. ¡Y miren que le han dicho perrerías…!

  7. No está resuelto, ni mucho menos, el problema de la seguridad en Internet, pero la solución no puede pasar por la censura. El pseudónimo es lógico en un escenario mundial, no sóllo para cubrirse del miedo escénico, sino para disponer de una libertad que muchas veces se vería coartada sin él. Aquí hay amigos que a veces se descubren con la mayor naturalidad para al día siguiente recuperar al pseudónimo. Los «Eneenes», en su miseria, no merecen más que el desprecio. Que es lo que cabe adivinar tras la paciencia de ja.

  8. Hoy no hay otra que estar de acuerdo con la columna y con el Casino. ¡Vaya un día de paz en medio de la gresca! (Yo mismo no podría escribir nsin pseudónimo, por razones obvias).

  9. Está por entender el papel que estas ventanas juegan en la vida psicológica de numerosas personas. Pero es indiscutible que la libertad es la condición necesaria, como el respeto el es requisito imprescindible. Pocas cosas celebro más que «escuchar el silencio» de jagm ante las infamias o las sandeces que aquí le dejan de vez en cuando, sin duda los que no pueden soportar su independencia. Él ha dicho muchas veces que esa independencia tiene un alto precio. No me cabe la menor duda de ello.

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