Aunque hoy creo que andan en otro aposento, durante muchos años, el Museo del Prado exhibió juntos, o mejor, emparejados, dos retratos velazqueños de excepcional categoría: el del rey Felipe IV y el de su hermano menor el infante don Carlos. Una copia del primero acaba de ser descubierta y subastada en Madrid, garantizada por una vieja fotografía, anterior a su última restauración, en la que aún podía leerse con claridad la firma del maestro –“Velázquez fecit 1628”–, es decir, poco después, probablemente, de que fuera pintado el retrato de su hermano. Lo de las fechas es asunto controvertible, como es natural, pero los expertos se han apoyado para establecer ésta en la cadena de oro que luce el infante sobre el pecho tal como era la moda cortesana que sabemos que rompe con fuerza 1626, cadena cuyo contraste impresionó tanto a Manuel Machado que en su célebre soneto a Felipe IV realza su ausencia –“Sobre su augusto pecho generoso/ ni joyeles perturban ni cadenas/ el negro terciopelo silencioso”– como seña de austeridad. Es muy curioso ese soneto porque el poeta retrata con exactitud todos los detalles, pero al llegar a la real mano derecha, no sé si se equivoca o prefiere ver en ella, no el clásico billete sostenido con los dedos, sino el objeto que llevaba, en efecto, en el cuadro vecino, el hermano del retratado: “Y en vez de cetro real sostiene apenas/ con desmayo galán un guante de ante/ la blanca mano de azuladas venas”. Es posible que el gesto distraído, casi displicente, del guante sostenido por don Carlos sugiriera al poeta una elegancia de la que, desde cualquier punto de vista, carece el motivo del papelito, pero no me digan que no es estupenda esa libertad –en el caso, insisto, en que no se trate de una transposición inconsciente– que le permite rematar el último terceto en falso pero tan bellamente. Uno de joven, por aquello del ocio creador, ha pasado más de una hora y más de tres ante esos dos cuadros repitiendo de memoria, como un mantra maravillado, el error o lo que fuera que hizo que Machado el Bueno (o el Malo, según quién lo mire) perpetrara una inexactitud tan poética y de la que, encima, casi nadie se ha percatado.

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En el arte clásico, la libertad creadora se entendía, en última instancia, de esa manera, es decir, como mejor cuadrara al creador, señor y dueño realengo de la materia poetizable ya fuera con palabras ya en términos plásticos. Se queda uno lelo si se para a contemplar los capitales historiados de nuestro devoto románico –les recomiendo los claramente apotropaicos pero desconcertantes de san Pedro de Cervatos, por poner un caso- y otro tanto de lo mismo si se detiene a descifrar las minuciosas claves de la iconografía gótica, y ya en mucho menor medida, puede entretenerse escudriñando el imaginario del arte posterior en el que, por descontado, las dobles intenciones se mantienen y aquella libertad de creación no desaparece ni mucho menos. Hoy es ya otra cosa. La imagen de Barceló embadurnado de barro para llamar la atención sobre no sé qué “performance” (que tampoco sé bien lo que es eso, la verdad) o la de un sujeto empapelando con rollos higiénicos el Pont Neuf parisino proclaman que el creador o lo que sea no se legitima hoy a solas con su creación, sino que busca esa legitimidad en la “mediatización”, es decir, en el efecto cautivador que su gesto, proyectado eficazmente sobre la opinión, pueda acabar produciendo sobre un criterio y una estimativa que ya no dependen en exclusiva de la conciencia estética del sujeto y, consiguientemente, de su libertad, sino de la capacidad influenciadora del mercado y sus agentes, que es tanto como decir de su dependencia de la moda o de su sumisión a presuntos pruritos “expertos”.¡Qué bella licencia la de Machado cambiando el guante de mano! Si estará lograda la obra que  no se han percatado ni esos “entendidos”.

22 Comentarios

  1. Madrugo hoy con prisas por agasajar a jagm que ha escrito una colñumna deliciosa. Iré en cuanto pueda al Prado (y llevaré a mis alumnos en la primera ocasión que tenga) para contemplar esos dos cuadros y esa circunstancia tan genial que nos descubre hoy nuestro amigo. ¿Quién dijo que el columnismo cultural no podía ser divertido?

  2. Hace años que vengo adviertiendo –conservador de mí– a estye buen hombre que no es preciso decir siempre toda la verdad. En este asunto/negocio del arte, por que ambos compartimos viaja pasión, le tengo dicho que viste poco y mal decir la verdad, toda la verdad y nadamás que la verdad. Pero no me hace ni puñemero caso. ¿A que sale un defensor de Tapiès (acento gravbe, opor favor) o un furriel de Barceló y le echa en cara su condición “demodée” o su simple ignorancia? Al tiempo.

  3. Sé de qué habla, y lo sé por él hace muchos años. Yo he acudido a vere sa escena de los dos cuadros muchas veces y he comprobado el error o licencia del poeta, que me parece maravillosa en cualquier caso, así como la capacidad de observación de nuestro amigo, al que no sele escapa una. Precioso.Debería usted prodigar estos temas de los que tanto sabe.

  4. Preciosa lección de observación. Así es como hay que ver un museo, con los ojos abiertos y la cultura a mano. El ejemplo es preciosísimo y la consecuencia que sdaca en torno a la hipotética libertad del creador resulta formidable. Hay que imaginar a Manuel Maxchado sentadito frente a los dos cuadros cayendo en la cuenta de lo del guante y enhebrando allí mismo el poema, tal vez.

  5. No tiene guasa el Anfi, jugando al maniqueismo intercambiable entre el Bueno y el Malo. Supongo que lo del Feo lo deja para Demófilo. ¿Y una, que es tan inocente que piensan que ambos eran buenos? Buenos hermanos, buenos poetas, buenos colaboradores. Ahí está ‘La Lola se va a los Puertos’. ¿Y esa Lola quién será, que así se ausenta dejando la Isla de San Fernando tan sola cuando se va?

    Ya sé, ya sé que me quedo en la superficialidad de las palabras de ahí arriba. Pero ambos hermanos, Manuel el señorito de juergas y loas caudillistas, que también dijo aquello de que ‘hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor’. Colmaos de madrugada, con señoritas de vida alegre bailando sin ropa interior. Pero don Antonio el triste, menorero irredento, también dijo lo de la pluma y la pistola pelo a pelo.

    Por cierto, ¿y la guasa de que un tremendo políglota como el Jefe no atine con lo de la performance? Si está clarísima la traducción: engañabobos. Eso sí, levantando una pastizara de mucho respeto.

  6. Es curioso que no se huibiera reparado en esa circunstancia ni siquiera entre los estrudiosos de Velázquez,¿o tal vez sí se reparó? Desde casa me he entretenido en consultar mis libros sobre don Diego y, en efecto, lo del guante y el papelito es exacto y lo dela disposiciópn (almenos la antigua) de los cuadros también. Ahora soyo yo quien me imagino a este torbellino sentado frente a los Velázquez ysacándole provecho al “ocio creador”. Mi enhorabuena por resta columna divertida, curiosa, culta y, sobre todo, valiente al pronunciarse sobre la estafa de otros artisteos.

  7. La alusión a Barceló, nmerecido. Lo de Macxhado, interesante y muy curioso. Lo que no creo que se deba generalizar ni proponer le criterio de que toda pñintura que no sea rerslista no vale la pena. Sé que no es eso lo que dice gm, pero podría confundir al lector con su atractiva lectura.

  8. ¡El viejo poema de Machado, tan olvidado por los antólogos y por los antoniomachadistas oficiales! Me ha encantado verlo recordado y más todavía esa observaciónn que coifieso que a mí se me habia escapado con todo y ser uno de los habituales del Museo. Lleva razón: el creador modifica la realidad cuando lo quiere, quizá sinn percatarse siquiera, o sea de un modo inconsciente, porque la Musa no selleva ni bien ni mal con Razón, supongo que ustedes me entienden.

  9. Creo que se habla hoy de uno delos grandes sonetos de la Historia, todos incluidos, incluso los de Chaquespeare y lo de don Quevedo. Los habrá más profundos pero serán raros lo más deliciosos.
    Lo que tiene mérito es haberse dado cuenta del curioso detalle, como se ha dado nuestro lince particular, que da una vez más ocasión para que nos preguntemos de dónde ha sacado esta criatura tanto tiempo para asomarsea tantos balcones. Y encima dice doña Mendozina y hemos de creerla que tuvo una juventud “movida”, el muy ladrón. Sé que sabrñá aceptar este e´piteto como un elogio dictado pormla envidia.

  10. Esta noche he estado en el barrio de las tres mil viviendas. Pasaba por allí en bicicleta y vi un grupo de personas alrededor de una candela. Me paré a calentarme un rato porque esta noche de Sevilla está fresquita. Eran casi todos de raza gitana, y hablaban del día siguiente, de preparar las cosas para el mercadillo del parque Alcosa.

    Allí no llegan los versos de Machado, ni saben nada de los cuadros de Velazquez. Los bloques de pisos están desportillados, pero el ambiente general no es de un completo abandono; se nota que el Ayuntamiento cuida las calles. En las fachadas se veían algunas ventanas iluminadas, de luz calida, de una cierta ternura entre tanto gris de cemento.

    Me dió por pensar que los niños y los muchachos de ese barrio recibían un veneno a través de cada uno de los miles de televisores que de seguro si estaban conectados.

    En un solo verso de Machado, en un solo cuadro de Velazquez, enseñado por un maestro de verdad, hay materia suficiente -de belleza y hermosura- para salvar la vida de tanta gente condenada a vivir por generaciones en esos apartaderos.

    Buenas Noches

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    Las tres mil es uno de los barrios mas pobres y conflictivos de Sevilla.

  11. ¿Que se paró en una candelita de las Tres Milcon unos pacíficos gitanitos que se calentaban hablando de sus mercaderías…? Vamos, hombre, despierte, no sea que se le haya apoderado el sueño. Hágalo no sea que algún bloguerto selo trague y separe en uan de esas pacíficas candelitas de gitanitos buenos, etcétera,. y se iba a enterar el pobre.

  12. Conozco de antiguo la devoción de ja por ese soneto, que a mí también me parece una joya, vamos, lo diré, mejor que todo lo del otro hermano junto, sin exagerar… Y también conocía su osbervación, que tanto nmos gustaba escucharle,así como otras que solía hacer en sus comentarios depintura de El Prado y de otros Museos. A mí me ha parecido la columna una preciosidad y no entiendo hoy el comentario del amigo Quercus.

  13. Para generalñconocimiento se hace saber que el barrio en el que dice haberse parado nuestro Quercus es una “zona prohibida” incluso para la policía, aunque es verdad que hay mucha literatura acumulada sobre él, sus gitanitos con sus cajones y sus gitarritas, sus rumberos y demás.
    Hace años que funciona, si no estoy equivocado toda unma Comisaría (civil) dedicada (?) a buescrale salida a ese infierno, porque eso es lo que esel barrio, amigo Quercus, un infierno. Yo vivía cerca y tuve que vender mi casa e irme a otra zona de la ciudad.
    Enfin, ¿quétiene que ver todo esocon el tema de hoy, que es uno de los más entretenidos de los útlimos tiempos? Yo francamente no lo sé.

  14. Bonito.He mirado los cuadros en casa y me he prometido visitar esta semana el Prado (lástima que no nos diga dónde están ahora colocados, pero sepreguntará).Por cierto, consultado D’Ors y otros manuales 0de El Prado aparecen los dos retratos pero ninguno comenta el gracioso hecho de que se dio cuenta jagm.

  15. Me suele sorprender la cultura de gm, pero hay días, como el de hoy, en que me admira esaforma suya de metabolizar lo que conoce, lo que aprende.No es uno de esos sabios (o sabihondos) que andan por ahí contándonos su lecrtura vdeldía anterior, sino un tío que lleva mucho en la alforja, y que lo lleva desde hace mnuchos años, pero que, además, por si fuera poco lo anterior, tiene un talento muy especial para “re-utilizar” lo aprendido (una simple noticia perdida en un suelto de periódicos, no le hace falta más) para escirbir un miniensayo. Hoy lequiero dar las gracias por tantos días en que no selas di, aunque yo también,como Clara y me consta que otros profesores de EM y de la Un., lasaprovecho para proponérselascomo texto a mis alumnos.

  16. Prodíguese más en comentarios como éste, tan valiente a la hora de plantarse ante los beatos del arte, tan admirable por su belleza, tan divertido porla agudeza de su observación. Insisto a mi vez en que no todo van a ser articulos sobre los zapateros y zaplanas de ese mundo aburrido.

  17. Cuidado con lo de los Machados, jefe, que de ese rollo viven muchos y más por ahí por donde vive usted. Le van a decir reaccionario los mismos que en Francia se postran ante Céline, un nazi como un castillo, o aquí adoran a don Eugenio d’Ors, antes citado, otro que tal baila.

  18. Con un día de retraso, pero no importa, porque justamente los artículos de don José António no son de los que la día siguiente han perdido su razón de ser.
    Conozco perfectamente los dos cuadros de Velazquez, mi pintor predilecto, pero desconocía el poema de Machado….que voy a buscar en cuantito termine estos comentarios.

    Yo también me represento a don Antonio, silueta pequeña y ordinaria, observando los dos cuadros, bordando su soneto , y terminándolo con “un clin d’oeil” para la posteridad.
    Gracias por permitir que comuniquemos con este gran señor desde ultratumba.

  19. Ah, es que no se trata de António sino de Manuel! No conozco a Manuel Tenía entendido que era un poeta muy por debajo de su hermano, que me encanta.
    Prometo leerlo en cuanto pueda.

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