La noche del jueves media España y parte de la otra media lamentaba le malfario del Getafe ante el Bayer sin quitarle ojo al palco en el que el Rey y el Príncipe contenían en lo posible su contrariedad. Era la primera vez, que yo recuerde, que se truncaba la leyenda del rey/talismán que, con su simple presencia, afina la puntería del delantero y hace superar récords a los atletas, una leyenda surgida en la Olimpiada de Barcelona y que, hay que reconocerlo, se ha visto refrendada no pocas veces. El prestigio de los reyes –la razón última de las monarquías– no es tanto de orden racional como de índole emotiva, consiste más en la fascinación popular ante la figura mitificada del personaje que en cualquier discurso reflexivo, lo que explica que don Juan Carlos haya hecho más por la institución  que encarna en los palcos que en la Zarzuela, o que sus lágrimas negras en el funeral de su padre o en las exequias de Atocha hayan contribuido más a su estima pública que todos los mensajes y silencios de su reinado. La diferencia entre el prestigio político de un rey y el del resto de los políticos radica en que el mecanismo de fidelización no estriba en la estima de una gestión ni en la consideración institucional, sino que se mueve en el médano sentimental, que es el terreno más profundo, y en el que se urden las alianzas psíquicas más recias. Me parece a mí que yerran quienes se empeñan en medir al rey con la vara común del criterio racional, porque la noción de realeza, es decir, la idea del personaje singular encaramado sobre un pueblo, es desde su origen, sin duda, una moción compleja que entrelaza –al margen de las escuálidas razones de funcionalidad política– el saber con la magia y el poder con la religión. Las dramáticas ojeras del Rey en la noche del 23-F hicieron más por la causa que los impotentes esfuerzos de la clase política secuestrada.

 

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 Hubo un tiempo en que los reyes francos e ingleses osaban curar las escrófulas de sus súbditos con una simple imposición de manos, costumbre medieval que todavía hubo de intentar Carlos X cuando aquí andaba ya enredando Riego, y que en Inglaterra no desapareció hasta la llegada de los Hannóver protestantes. Y la tesis de Marc Bloch, pionero de la antropología histórica, se basa en ese hecho para postular que la fama real, el prestigio de las monarquías, no se entienden como un reflejo institucional ni como un efecto de la gestión, sino contemplados desde el ángulo sugestivo de las creencias o desde el parnasillo de las mitologías. Hubo un tiempo, en efecto, en que los reyes no fueron sólo guerreros adalides o graves administradores, sino seres maravillosos, enraizados en el imaginario colectivo, que irradiaban su fama prodigiosa hasta conseguir la adhesión ciega de la masa. Hoy no se curan escrófulas (¿cómo curar con el tacto lo que llamamos ‘adenitis tuberculosa’?) pero se ganan partidos, se superan listones, se encestan triples desde media cancha, se golea en la piscina o, simplemente, se acompaña en el sentimiento al ‘Geta’ en un pésame que venía a ser una ‘cabezada’ para España entera. No faltan devotos que conservan cabellos de Napoleón como mi padre guardaba en su más íntimo relicario un ‘adiós’ que le dedicó Alfonso XIII siendo él guripa. Y habrá, no lo duden, españoles a manta, al menos por una temporada, que custodien como oro en paño la cara doliente del Rey cuando en el último minuto el Bayer se llevó una eliminatoria que, a esas alturas, era ya más bien, una batalla como la de Bailén o como la sostenida por los ‘manolos’ contra los mamelucos. La política tiene mucho de magia, ya lo sabemos, pero es en esa zona sacralizada de la realeza donde el encantamiento prodiga sus pases hipnóticos sintetizados en una cara doliente o en unas lágrimas negras. Si el ‘Geta’ llega a ganar, hubiera ganado el Rey. Perdiendo el ‘Geta’, el Rey ha arrasado.

16 Comentarios

  1. Pienso que en esta hermosa y bien construida columna se encuentra en parte respuesta a la cuestión planteada, relativa al suicidio: la necesidad de combinar lo emocional con lo racional, planteamientos ambos de nuestro propio cerebro, que necesita, como todo un cierto equilibrio funcional. A veces me preguntan qué opino sobre el hecho de que el famoso informe PISA considere que destaca los resultados del sistema educativo finlandés, y suelo responder a la gallega, con otra pregunta: “¿Por qué crees que el nivel de suicidios y de violencia doméstica es igualmente tan alto en ese país nórdico?”. Aristóteles escribía aquello de que “Cuanto más solo me hallo más consuelo encuentro en el mito” (fr. 668 Rose). El mismo pensador racional que pensaba que la virtud está en el medio, siendo tan pernicioso extremarse por un lado como por otro.

  2. Iba a caer en la mala educación, escribiendo un simple “sin comentarios”. Pero estoy de acuerdo con este Hombre, republicano convencido y confeso, en que la figura del Rey, con sus luces y muchas sombras, es hoy, mal que me pese, un referente obligado de la historia de España en los últimos 33 años. No soy quien para opinar sobre qué platillo se inclina la balanza, aunque mi propia opinión, que hoy me reservo, la tengo muy clara.

    Otra cosa es la monarquía como concepto y la opinión que tengo sobre el futuro rey. Me va a importar un manojo de rabanillas lo que ocurra cuando se produzca el hecho biológico -larga vida a su majestad- pero si se llegara a plantear algo parecido a un referendum, o un referendum con todos sus avíos , ese día si lo vivo, me quedaré tranquilamente en mi casa, y tras muuuchos años de abstinencia nicotínica, me fumaré un puro.

  3. Qué maravilla de columna, qué atrevida también, y poco “dans l’air du temps”.Mi madre era una vieja monárquica,(decía que le convenía el régimen pero no el soberano), y la verdad es que siento en este artículo palpitar mucho de lo que no explicaba pero se notaba.
    El aspecto mágico-sagrado de los primeros reyes y por tanto de la monarquía, es evidente. Hoy se dice de un político que es “carismático”. Viene a ser lo mismo, ….solo que menos.

  4. Se me olvidaba quejarme por lo mal que funciona esto. He tenido dos días en que no pude entrar. ¿Qué pasa?

  5. En los años 40-50 en Montellano, -pueblo de la sierra Sur sevillana donde nací, había un “señorito” -D. José Romero- que todos los jueves salía a la puerta de su casa y daba unas monedas a cierta hora. Allí acudían todos los pobres vecinos para recoger la limosna habitual de la semana.

    Aquellos humildes campesinos salían exclamando: ¡¡Pero que bueno es D. José!!, ¡ojalá todos los “señoritos” fueran así!

  6. 22:35
    ¿Qué puedo decir yo, junancarlista convencido y comprometido, como Vds. saben, hasta que la muerte nos separe?
    Estoy con doña Shiva, aunque el suceso biológico, previsiblemente, no lo conoceré porque siendo casi de la misma quinta que S.M. sus médicos son mejores que los míos y mi salud empieza a tener plazo
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    Nuestro señor Abate a veces tiene razón, hay que reconocerlo.
    Yo también podría citar a algunos señoritos, señoronas y hasta beatos meapilas que se creen que a los pobres los ha puesto Dios para que ellos puedan hacer los méritos necesarios para ganar el Cielo. ¡¡ Lo que se reiría Dios, nuestro Señor, si existiera.!!

  7. He leído la columna a la cual no tuve acceso hace dos dias sobre el suicidio de los adolescentes, y es un tema que, como docente, me tiene preocupadísima.
    Ya he señalado a varios alumnos con un comportamiento autodestructivo y lo que hay que hacer es estudiarlos y saber qué signos pueden alertar a los adultos. Asistí a un cursillo que, por una vez, estaba muy bien hecho y daban “una reja de peligrosidad”.Los adolescentes escriben, describen, construyen un “script” de destrucción.Según el tiempo, el arma, el escenario construido se puede saber si la situación es peligrosisima y si nuestro deber no es impedir que el adolescente salga de ahí sin acompañar.
    Naturalmente lo esencial, lo primero, es estar alerta, y observar la actitud de los jóvenes.

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    Creo que se matan por aburrimiento y falta de aliciente.No por desesperación objetiva, porque les pegan en casa, tienen frío o hambre, una madre borracha y puta y un padre incestuoso (esos sufren y luchan )sino por asco de no vivir nada exaltante y no hacer nada.Si se esforzaran por algo (y naturalmente si creyeran el algo) no se suicidarían. Se suicidan los sensibles, los que aspiran a un mundo mejor pero lo ven gris, rastrero y piensan que no vale la pena ni intentar cambiarlo porque no lo conseguirán. También, siempre se desprecian ellos mismos.
    Pero todo eso es el resultado de una cultura de muerte que van chupando desde niños y de la cual somos responsables. En Francia es la primera causa de mortandad de los menores de 20 años. es algo que me pone frenética. Y ni decir que cuando ocurre algo así en tu entorno es una bofetada y una puesta en cuestión de tu propio ser y actitud tremendas.

  8. Se equivoca,madame, es mucho más complejo.He tenido la dedicha de conocer varios casos, alguno múltiple e inexplicable. Lo que le pido a todos –creo interpretar a ja– es piedad. E inciativa, más energía,

  9. Naturalmente , don Pangloss, piedad, compasión , en su sentido etimológico, amor si posible a los que quedan, pero también, buscar como combatir esa plaga.
    Espero no haberle herido, ése no era mi propósito.ta

  10. Durante unos días el Anfitrión estará ausente, por causa tan grata como merecida como es pasar unos días de asueto.

    Que él lo pase bien y ni siquiera se entere de que escribo estas líneas. Sería señal de que habría desconectado por completo. (¿Pero ustedes creen que será así? Yo al menos no lo creo, ya conocemos el percal. Saludos y hasta pronto).

  11. Hoy día 14 de Abril, un saludo para todos los que recalan en este blog tan libre.

    Hoy se conmemora el 77 aniversario de la llegada de la II República Española.
    El nacimiento de ella, fué fruto de la descomposición de los monárquicos de la época, ante la victoria en las urnas en las grandes ciudades como resultado de unas elecciones municipales.

    Una llegada espuria, provocada por unos republicanos que tomaron las calles, y unos monárquicos que no supieron ó quisieron defender la legalidad.

    Nuevos movimientos republicanos se están organizando en todo el país, para conseguir la instauración de una República que llegue por el esfuerzo de sus ciudadanos, de manera pacífica y democrática.

  12. No comparto con usted, mi don Abate, el calificativo de espuria. Bien es verdad que fue proclamada con cierta alegalidad, pero era una fruta tan madura que bastó el leve soplo de la brisa de unas elecciones municipales, para que todos comprendieran que había llegado el momento de saborearla.

    Conocí a bastante gente que conoció aquel acontecimiento y todos coincidían en el aire de fiesta y hasta de liberación con que se recibió en las calles. Si tiene oportunidad lea al payés Josep Pla en las crónicas que enviaba a un periódico de Bcn.

    ¿La próxima República? Hace tan solo unos días que lo dejé aquí escrito y asumo la impudicia de repetirlo. A estas altura de la película me da igual que me da lo mismo. Ya se convoque un referendum o sean los bancos quienes directamente la proclamen, a una servidora la trae al pairo. Es más, ese día me quedaré en casa para fumarme tranquilamente un puro. Y diré lo que el sorche, ‘que se joda el coronel, que hoy no como rancho’.

  13. transvasar.

    (De trans-, de una parte a otra, y vaso).

    1. tr. Pasar un líquido de un recipiente a otro.

    Esta palabra que es tan clara, para los políticos socialistos no tiene la concepción que le da la RAE.

    ¡¡Pero qué cínicos son!!

  14. Estoy en ocndiciones de anunciarles que el anfitriónm, que ha debido estar de asueo por tierras tudescas, colverá hoy mismo, sábado, con lo qu espero sus noticias en breve. Duios lo bendiga y nos bendiga a todos, especialmente con .la que está cayendo y con la que se anuncia.

  15. 19 abr 15:05

    Mi don Páter, cuidadín con el vinillo de misa, que luego tartajea usted sobre el teclado.

    Sus y a ellos. Santiago y cierra España. Desperta ferro. No pasarán. Culmine tenus.

    Serán más, pero nosotros tenemos de nuestro lado la razón. Y hasta la fe, mi Reverencia. Al menos la suya, que por la Comunión de los santos nos ampara a los tibios.

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