Con la Ley en la mano se puede hacer blanco de lo negro y viceversa, ya se sabe, pero hay ocasiones en que tal manipulación resulta tan evidente, tan clamorosa, que sólo los insensatos osan intentarlo. Es el caso debatidísimo del hotel de El Algarrobico, tras el que debe de haber intereses como catedrales a juzgar por su crónica particular, y al que ahora parece ser que la Junta anda buscando la manera de legalizar a posteriori para dar vía libre a aquellos. Muy gordo debe de ser lo que oculta ese negocio cuando un Presidente de la Junta tras otro se la juega defendiendo lo indefendible, y esa es la peor moraleja que puede tener la fábula política.

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