La  política es una actividad noble –valga el axioma– cuando se ejerce con nobleza. Cuando vive momentos como los actuales se arriesga peligrosamente junto con las libertades públicas. Escuchar las cintas de los compadres valencianos produce bochorno al más endurecido. Asistir al espectáculo de ese “fondo de reptiles”, con sus dirigentes derrochadores en mancebía y sus altos cargos esnifándose nuestros impuestos además de los clanes familiares afanando subvenciones, tal como estamos asistiendo en Andalucía, colma el vaso. La corrupción circula de arriba abajo y no al revés. Los políticos que se sientan incómodos ante esta afirmación no tiene más que enseñar sus manos limpias y denunciar a sus colegas mangantes.

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