No es fácil distinguir en pleno campo un perro gigante de una leona. Sí lo es, probablemente, conjeturar las escasas probabilidades que existen de que una leona anduviera paseándose por los montes, entre Cataluña y Valencia, o se apareciera en carne moral a los desprevenidos senderistas de Castellón. Otras veces ha ocurrido, desde luego, y no hace más que unos días hemos visto espantados por la tele la mediación de la autoridad en la disputa de una pareja en trance de separación que porfiaba por la “tenencia” o “custodia” de una tremenda pitón. Nunca se sabe. Un circo tan acreditado como el de Ángel Cristo tuvo abandonados, según creo, a la `animalia` de su zoo por falta de recursos y de uno americano nos informaban los telediarios hace poco que escapó jubilosamente todo un arca de Noé para espanto de la población. ¿Qué hacer si unos vecinos denuncian formalmente que hay una leona transitando a sus anchas por un paraje convencional? En Cataluña y Valencia no se han parado en barras sino que han contestado movilizando varias patrullas de policías, un par de helicópteros, grupos de bomberos forestales y efectivos de la Guardia Civil, un operativo que, según los cálculos que hace Pilar Rahola en su “Oda a un perro muerto”, no ha costado al contribuyente menos de 100.000 euros. Y total, para descubrir, en fin de cuentas, que no había tal felino sino que se trataba de un enorme perro (de más de metro y medio de largo por 70 cms. de alto) al que sus expeditivos perseguidores dieron muerte inmediata haciendo uso de sus armas, con la consiguiente algarabía ecologista que reclama elevando el treno respeto para ese can proletario que, según ellos, bien pudo ser anestesiado con tacto de albéitar. Cinco días de búsqueda y 100.000 euros del ala, y todavía vienen pidiendo árnica. El problema de estos “ecos” es su condición urbanita.

Me pregunto a veces cuánto se podría hacer con las energías dispersas que esta grey bienintencionada despilfarra en pleitos seguramente mucho menos progresistas que tantos otros como necesitarían su apoyo. Se ha hablado más estos días de la jodida leona que de los ahogaditos de las varias pateras en entretanto han naufragado en nuestras costas y desde luego bastante menos de lo que suele hablarse cada vez que el hermano perro, asilvestrado o casero, acaba con una persona indefensa –un niño, tantas veces—por no hablar del caso del pastor agredido en pleno monte del que ni nos enteramos. ¿Cuánto va a tardar el ecologismo hispano en sustanciarse siquiera como los europeos que vivaquean ya con éxito en Estrasburgo y coquetean con el poder aquí y allá? Hay que estar muy pegado al asfalto para pedir que a un perro peligroso en pleno campo se le trate con guante blanco. Y en un mundo como éste que en que vivimos, para qué hablar.

12 Comentarios

  1. Vuelve sobre un tema que se ve que le llama la atención: la bisoñez e ingenuidad del ecologismo español. Son urbanitas, dice usted con bastante razón, auqneu yo creo que la razón porfunda de esta moda verde es mucho más profuynda, tanto que creo que hay que buscarla en el proyecto (exitoso) de relleno del hueco dejado por el radicalismo marxista, o revolucionario en general. Piense en esa hipóptesis: hoy ser revolucionario es criar grajos, no defender el cambio social.

  2. Permítanme que rescate una noticia del Odiel, aquel viejo diario que se pregonaba en la Huelva de mis mocedades. Es una noticia de algo que ocurrió el 7 de febrero de 19.., más adelante completaremos la fecha. Dice así: “Un grupo de buenos aficionados de Castillejos (Villanueva de los) y Ayamonte organizaron una batida para ver si era posible cazar a una pareja de lobos que hacían grandes destrozos en el ganado del entorno. Como se esperaba, en una mancha, denominada ‘Los enjambres’, saltó un lobo de gran tamaño, que fue tirado por don N.N., dándole un certero balazo en la cabeza. El animal pesaba casi cuatro arrobas, un tamaño sorprendente”.

    Ahí es nada. Casi cuarenta y cinco kilos de lobo. El canis lupus, desaparecido hoy de aquellos territorios, era un enemigo a abatir debido a las calamidades de que era capaz de producir en una piara de borregos, una lobá.

    La noticia la recogía don Víctor M. Reviriego en su librito recopilatorio ‘Un mundo que se va’ y la fecha del Odiel era febrero de 1943, hace más de sesenta y cinco años. Como bien dice el Anfi, estos ecoverdes del asfalto no suelen distinguir un grajo de una abubilla –‘bobita’ le dicen en mi pueblo- ni un chopo de una higuera. Eso sí, se lavan poco y ellas se depilan mu poquito, ná, vamos. Disculpen el machismo.

    Con el copyrigth de madame, besos a todos.

  3. …que tantos beneficios ha conseguido pero tantas iniciativas ha impedido. Siempre me ha intrigado esta relación de amor-odio de jagm con los verdes, pero creo que llev a razón considerado caso a caso en sus críticas. Ptrotestar porque se mate a un animal buscado por un despliegue semejante es cosa de bobos. La lucha por la vida no es un juego. Eso es algo que deben aprender de una vez estos aprendices de conservacionistas.

  4. Hoy respiro más hondo pues el artículo de don JOsé António no es de los que duelen sino de los que hacen brotar una sonrisa. El coment de don Yamayor increíble: lobos en Andalucía en 1943! ¡Cómo cambian los tiempos!
    Besos a todos.

  5. El problema es que cuando escasea el lobo se queja el conservacionista y cuando abunda se queja el pastor. No parece que sea fácil la ordenada convivencia entre los hombres; la mayoría de los demás anuimales lo llevan mucho mejor. ¡Y sin ecologistas!

  6. Nadie que se encuentre a un animal de esas caractwerísticas en pleno campo debe dudar en evitarlo, pero si no puede y va armado, tampoco es imaginable que noi le descerraje un tiro. ¡Pero qué quieren estos templarios, que le den merengues a los lobos! Me he divertido mucho con esta columna y eso que no suelo estar de acuerdo con muchos de los criterios de au autor, a quien respeto.

  7. He estado echando un vistazo al artículo de Pilar Rahola que se menciona ( http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20091010/53801488477/oda-por-un-perro-muerto-schopenhauer-tierra-francesc-baltasar.html )

    Pienso que, ni por un momento, se le ha pasado por la cabeza a la autora que el final más habitual de los perros abandonados es, precisamente, el sacrificio más o menos “eutanásico”. Bien harían los defensores de los animales (entre los que, moderadamente, me incluyo) en reclamar atención de los servicios municipales para los perros que, diariamente pululan por las carreteras secundarias en dramática espera de un coche que los atropelle.

    Los alrededores de Sevilla, por donde conduzco habitualmente, están llenos de cadáveres de animales aplastados una y otra vez por el tráfico. Voy a veces en bicicleta y huele, precisamente, a perros muertos, cuando no a perro vivo que se avanza o deambula libremente por cualquier lado. Supongo que es parte de la andalucía profunda que es ajena a las sucesivas modernizaciones imparables.

    Sdos.

    Este animal, al menos, se llevó una Oda.

  8. Una cosa es nadar a contracorriente y otra cosa es rizar el rizo con la desfachatez que lo ha hecho hoy, D. Incongruente. ¿Ecologísmo? ¿De qué ecologismo está hablando? De ciertos casineros que hacen de Mari Carmen y sus muñecos por un patético minuto de gloria se puede esperar cualquier cosa pero de Ud, Don Josean, cualquiera diría que las neuronas le empiezan a nadar en pis de gato. A lo que empieza a oler el Casino, por cierto.

  9. Esa debilidad es común a todos los “ecos”, querido ja, como bien sabes, con independencia de que haya países (Alemania, por ejemplo) donde personaliaddes con fuerza hayan puesto un poco de orden político en el movimiento. Es verdad que el carácter urbano del nuevo conservacionismo supone un lastre que se traduce en ingenuidad, pero tu mismo has reconocido tantas veces que hay en su trabajo méritos muy notables. En cuanto a lo del perro, no hay ni cuestión: un animal buscado por peligroso es una piueza a batir. Exigir tratos delicados no dejar de ser incongruente.

  10. Pocas veces he sentido tanto terror como en una ocasión en que tropecé en la marisma con un perrazo grande al que el guarda que me acompañaba no dio importancia. Poco después, ya en el preparque de Doñana, el perro, que se había adelantado, se avalanzó sobre el pobre hombre y lo derribó causándole de paso varias heridas antes de que pudiera disparar y espantarle. Hay quien prefiere jugar a las misiones con los perros asilvestrados. Yo no.

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