Hoy día los americanos, el gendarme planetario que nos salvó más de una vez, ya no gana las guerras: las empata todo lo más. La imagen del helicóptero despegando de la azotea de la embajada en Saigón, allá por el 75, hablaba por sí sola. El desastre de la primera guerra de Irak, tres cuartos de lo mismo, aunque ya no podría hablarse de derrota sino de tablas, como se dice en esa guerra simbólica que es el ajedrez. Del laberinto de Afganistán –primero apoyando a los talib contra la URSS, luego enfrentados inútilmente a ellos—para qué hablar. De la segunda aventura iraquí de los Bush, ni les cuento Del canallesco asalto de Granada, una islita minúscula, menos aún. Ante la huida por pies ordenada por Clinton a las legiones desplegadas en Somalia, cerremos los ojos. Hoy casi nadie recuerda ya lo de Vietnam/Camboya por razones demográficas más que nada, como revela el silencio de los medios ante la muerte del general Giap, el hombre que venció nada menos que a Francia primero y a los EEUU después. Giap ha muerto en desgracia, como suele ocurrir a los héroes, cabreadísimo con el “marxismo capitalista” del nuevo Vietnam, pero en su día fue un mito en Occidente, el del estratega que supo transportar la artillería pesada por piezas a través de la selva, el que inventó los refugios subterráneos, los túneles bajo el enemigo, la “ruta Ho Chi Ming” para abastecer al pueblo en el Sur en tanto llegaba la hora de la gran ofensiva, la “Ofensiva de Primavera”, el final de lo que él llamaba “la larga lucha”. A Giap lo expulsaron del régimen comunista en los años 80 pero nadie logró borrar de la memoria popular el mito del héroe: miles de personas velaban el otro día ante la puerta de su casa portando flores o entonando canciones. No hay burocracia que pueda con el héroe.

Las guerras actuales se empatan porque Giap ganó la de Vietnam, lo que no sólo envalentonó a los pueblos resistentes sino que hundió en la miseria aquella autoestima a lo John Waine que tanto daño ha causado al gran país americano. Giap probó que la paciencia y la astucia pueden competir con la altísima tecnología, y con esa estrategia elemental se ventiló a los franceses en Diên Biên Phu y a los yanquis cuando su “Apocalipsis now”. Él abrió esta era de conflictos inútiles cuya crueldad no compensa siquiera el gasto y en su corazón elemental conservan esa convicción los campesinos vietnamitas. Que se preguntan, a la vista de la lonja, para qué sirvió tanto heroísmo. Pero ésa es ya otra cuestión.

3 Comentarios

  1. Luego el tonto que no se conforma dice cosas. Incomparable la novela “El eco negro”, la primera de la serie negra de ‘Harry Bosch’, con una descripción inconmensurable de los túneles de la selva vietnamita. Las ratas de los túneles y las mil y una trampas inventadas por los diablos amarillos. También yo me descubro en memoria de Nguyen Giap.

  2. Pues yo ando dividida frente a Nguyen Giap. Admiro al general que supo vencernos pero odio al tío que trató despiadadamente a prisonieros franceses, dejándolos a muchos morir de hambre de manera casi deliberada. No me parece respetable esa manera de actuar.
    Un beso a todos.

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