Nadie va a extrañarse a estas alturas de los desplantes al Gobierno de la nación de una Junta autonómica que, como la andaluza, ejerce de oposición a Madrid cuando no es su partido el que gobierna. Esa Junta se sigue autodenominando “gobierno” a pesar de los tajantes reparos judiciales y hasta hay consejero –el de Medio Ambiente– que se presenta, sin que nadie lo llame al orden, como “regional minister”. Su última hazaña ha sido plantar en el Senado a la Vicepresidenta del Gobierno (del de verdad) “delegando” su representación en la extremeña. ¡Ay, si a alguien se le ocurre plantar a Guerra en sus buenos tiempos! Cada día se hacen más cuestionable unas Autonomías que no respetan ni por asomo al Gobierno de su propio Estado.

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