La Junta no traga con el imperio de la Ley. Para “imperio”, el suyo. Por eso rechaza tanto las sentencias supremas sobre la ordenación de la costa como la que ordena pagar el premio a los descubridores del tesoro de Tomares. De boquilla dice, por supuesto, que no se trata de ignorar la Ley sino de dar una “respuesta” a los jueces, fórmula que por sí misma es ya más que elocuente. Pero no es bueno que la Política resista frente a la Justicia porque luego ocurre lo que ocurre: no será menester poner ejemplos, que los hay de sobra. Al contrario, lo suyo sería extremar la disciplina social en lugar de enrocarse entre los pliegues del procedimiento. Los jueces se equivocan, por descontado. Pero ¡anda que la Junta!

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