Cuando se cumple un año, el primer aniversario, del reinado de Obama, sólo los empecinados negarán que rara vez un mandatario llegó al poder levantado sobre tantas esperanzas. En su país, en el mundo entero, incluso en esas zonas a las que raramente llega el viento de la civilización, Obama ha ilustrado la consolidada propuesta de los sabios sobre la necesidad que tiene el ser humano, cuando la vida aprieta y el mundo se eclipsa a su alrededor en la luz opaca de la mediocridad, de inventar al héroe. Eso es el mito, entre otras cosas: la creación colectiva del ideal (mitopoiésis) y su encarnación en el ser concreto, como garantía de la salvación de todos por obra de uno. Hace tiempo que encalló la idea de que el héroe es idea y figura que pertenece a la sociedad primordial para ser sustituida por el concepto de que, en todas las sociedades y en todos los tiempos, la llamada de ese héroe es, por decirlo como Bergson, el motor de la evolución creadora, la fuerza, en definitiva, capaz de mantener en acción a la esperanza y a la imaginación humana en la búsqueda del bienestar y el progreso. Y desde luego el caso de Obama, su abrupta y afortunada irrupción en el escenario público, demuestra que no iban descaminados quienes postularon que el héroe es, ante todo, una creación de la voluntad colectiva. Bien, pues ahí está el héroe un años después, despejado ya el panorama del estimulante elemento sorpresa, con un bagaje poco tranquilizador que lo hace bajar en las encuestas y permite crecer a sus rivales que hasta se permiten ya –y sólo ha trascurrido un año— derrotarle estrepitosamente en un feudo propio. Se explica, teniendo en cuenta el fracaso de su proyecto de cerrar Guantánamo y juzgar a los torturadores, a la vista de la catástrofe progresiva de Afganistán o del infierno iraquí, viendo cómo ha de recortar su plan sanitario o tragarse el sapo que supone el triunfo legal de los ‘lobbies’. Los héroes también fracasan aunque (o precisamente) porque, en su destino, como vio claro Iung, no hay forma de separar lo histórico de los simbólico. El inconsciente colectivo lo mismo crea que destruye.

 

Hasta la espléndida operación en Haití se le cesura ya a quien hace poco resultaba opinativamente intocable. Y es que los héroes, inventado o reales, han de ganar sus guerras día a día, venciéndose a sí mismos lo primero, firmes sin desmayo frente a los monstruos que lo acechan. Hoy hay mucha gente que se ha bajado del carro de su heroísmo, pero el héroe nunca lo tuvo fácil. Son los demás quienes inventan al héroe y quienes lo olvidan. Es muy importante que eso lo sepa el propio héroe.

4 Comentarios

  1. Precioso comentario, una idea culta, brillante, aplicada a una situaicón realmente curiosa, la de la fama (de momento, gratuita) de Obama. Nadie sabe por qué hay tanto obamista, ni siquiera los obamistas. Ahora es posible que tengan que planterase la cuestión, sin preder de vista lo que sostienen la columna: que los hombres necesitan de un héroe, un referente en quien confiar. Es la debilidad humana la que crea los héroes. Los grandes pueblos, cuando o mientras se siente fuertes, no los necesitan.

  2. ¿Nos está diciendo que declina la estrella de Obama, don ja? ¿Tan pronto? Ya me parecía a mí demasiado fácil, demasia bonito para ser cierto. En los Estados Unidos hay mucho mérito pero al mismo tiempo mucha reacción y esta bajada piede que no sea tan espontánea como parece sino determninada por alguna campaña pagada sin reparar en gastos. Esperemos que se trata de una falsa alarma, pero algo hay en la columna que resulta convincente, la idea de que son los propios pueblos, la gante, la que cres esos héroes para redimirse de su impotencia. Hércules con su maza: ¿Es eso?

  3. Magnífico. Bonita reflexión sobre el héroe. Cada sociedad tiene los heroes que se merece, pués, como dice don Josean, los crea el imaginario colectivo.
    Desde luego no es mi héroe, y nunca pensé que pudiera hacer milagros, pero dentro de lo que cabe Obama no lo está haciendo del todo mal porque como dice también don José António”el héroe nunca lo tuvo fácil”. No se le puede quitar que por lo menos lo intenta.
    Un beso a todos.

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