En las cuentas de la Fundación Ideas, ese chiringuito que el PSOE inventó para dar cobijo al defenestrado Caldera, figura un acreedor singularísimo, una articulista de lujo que ha llegado a cobrar cantidades desconocidas en el mundillo de los escritores. La escritora-fantasma se llama (o es llamada) Amy Martin y se dice de ella que es una “analista política” que curiosamente nadie conoce, ni siquiera sus propios contratantes, pero dicen algunos ex-trabajadores de la casa que, en realidad, no es más que un ectoplasma inventado por el gerente para procurarse un sobresueldo de 50.000 euros anuales. Hay que reconocerle, pues, al gerente una viva imaginación y un especial virtuosismo tocante al uso de pseudónimos, al tiempo que habría que preguntarse si los responsables políticos y económicos de esa Fundación –financiada con dinero público a espuertas—se han caído de un guindo o acaso estén aún encaramados en él. Amy es, por lo que se ve, una humanista actualísima, pues lo mismo escribe sobre el cine nigeriano que a propósito del tsunami japonés pasando por temas tan expuestos conceptual y metodológicamente como es el de la medición de la felicidad, ya ven qué cosa tan estupenda como inasible. A mí no me ha extrañado tanto el presunto truco contable como una imaginación que cree posible que en este país de cabreros se paguen esas cantidades astronómicas a un articulista y que, de paso, haya inventado literariamente una figura que, por descontado, no tributará a Hacienda ni en el nuestro ni es su país por la sencilla razón de que no existe en la verdad de la realidad de la vida, o sea, que es una sombra tan evanescente como rentable. La truculencia mangante está alcanzando cotas realmente admirables aunque confieso que no conozco ninguna comparable a la invención de Amy.

Nuestra vida pública está en almoneda, esa es la realidad, y el caso de Amy no es más que una anécdota simpática en medio de este tremedal en el que ya no queda títere con cabeza a la hora de reclamar honradez. Pero inventarse a una escritora de fuste y pretender que no la conoce nadie en el planeta tiene su punto de ingenio y su grave paréntesis de poca vergüenza. A Amy, como a Rebeca, no la verá nadie pero eso no ha de ser óbice para tramar en torno a ella una película de época. Y no descarte que ése sea el colofón de nuestra historia dado que, casualmente, la esposa del inventor se dedica al cine.

6 Comentarios

  1. El PSOE merece el premio nacional de humor e ingenio 2000-2012, y no sólo por esta proeza de la mujer inexistente.

  2. Yo que usted, Bibi, no entraría en comparaciones… Lo que es verdad es que inventarse a una escrutora de fama tiene su mérito.Por otro lado me pregunto cuántas Amy Martin habrá en este momento forrándose en la nómina del PSOE u otros partidos, sin olvodar que el dinero de estos noe s suyo, sino de los contribuyentes.

  3. ¿Y qué me dicen de ese dineral que ha pagado el diario independiente de la mañana y dependiente de la pezoe por una foto falsa de Chávez entubado? Se ve que en las empresas mediáticas hay dineros para según qué y quiénes. Ectoplasmas y fotógrafos full. Lo que no pase en Spain…

  4. Los escritores españoles deberán estar que trinan al enterarse que en “la Pesoe”, como dice don Epi, oagan esas fortunas por unas cuartillas.El partido ha dicho que lo que ocurre es que el responsable es “un golfo”, de la misma manera que lo de los ERE, según Chaves,no ha sido más que la obra de “cuatro golfos”. Además de los golfos sería interesante conocer también a los “cabos”.

  5. Muchos españoles nos preguntamos cuántas Ami Martin andan trajinando en España a la sombra de la política. Este caso es asombroso por muchos conceptos hasta el punto de merecer ese calificativo tan contundente que acaba de recordarnos el doctor Pangloss.

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