De nuevo el circo en torno a la tragedia Wanninkof, la estólida imagen de ese presunto asesino múltiple atrapado en su propia novela negra, la imagen dolorosa de esa madre mediática, con foto de la víctima incorporada, que no se corta un pelo a la hora de acusar obsesivamente de semejante delito a quien ya fue absuelta, el cortejo de abogados no menos temerarios, y sobre todo, la foto de un tribunal en evidencia, incapaz de cortar por lo sano esta añeja martingala. Pocas veces ha tenido la Andalucía negra un motivo tan insistente y tan tremendo, pocas una Justicia tan consentidora y una opinión pública tan burlada. Resulta urgente acabar con esta farsa que ha costado al contribuyente tal vez más que ninguna otra entre las famosas y en la que llevamos escuchado mucho más de lo necesario para repudiar con desprecio tanto enredo y tanta manipulación. No es razonable extremar el garantismo al punto de que un sujeto con los antecedentes de ese acusado convierta el proceso en una infamia interminable y quien sabe si en un buen negocio para más de uno. 

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