Por más que repitamos la reflexión siempre estará justificado cuestionar un régimen político que, manteniendo por completo su legitimidad, se ve rechazado casi unánimemente por los ciudadanos. En Francia son más de uno de cada ocho franceses los que rechazan al presidente Hollande, aunque, ciertamente, pocos menos son los que consideran la posibilidad de que Sarkozy lo hubiera hecho mejor. Se discute erísticamente hasta la terminología, porfiando quienes rechazan el uso de la palabra “desafección” porque preferirían “desafecto”, en un alarde típico de estas situaciones límites en las que lo que parece que interesa es distraer a la opinión de lo fundamental. Y lo fundamental es que la “clase política” recibe hoy un suspenso colectivo de una ciudadanía que no sale de su asombro ante el abuso desmesurado de los privilegios y la ineficacia de la gestión. ¿Es legítimo un régimen en el que todos y cada uno de los políticos relevantes son suspendidos por los ciudadanos, y en el que si el jefe de la Oposición obtiene una calificación pésima, el presidente del Gobierno aparece aún por debajo de éste? Por supuesto que sí, al menos mientras nos movamos dentro del paradigma democrático, pero resulta obvio que difícilmente puede funcionar una vida pública en cuyos dirigentes no creen ni por asomo los súbditos que los votaron, lo que equivale a admitir que la realidad democrática ha quedado reducida a la periódica liturgia electoral. La crisis del “leadership” sobre la que avisaban a principio de los 60 observadores tan cualificados como Schlesinger Jr. o el entonces profesor Kissinger es hoy otra profecía autocumplida. Las democracias han de ser hipócritas por la misma razón que las dictaduras han de ser cínicas, decía Bernanos. Algo cruje, en todo caso, en los cimientos del tinglado de la antigua farsa cuando ya no queda en la corrala ni un espectador.

5 Comentarios

  1. Me resulta imposible la comenta de la columna de hoy sin hacer una alusión a lo que al ladito de ella dice el profesor Alfonso Lazo en EMdAndalucía. Junto a la amarga decepción que le produce a mi don JA la ineptitud de los no-líderes que soportamos, ALazo proclama su intención de votar -queda explícito para quien sepa leer su voto- porque solo una Europa como la que piensa él puede librarnos de ser un país desmigajado, islamizado y africano. Sigue siendo el menos malo de todos los sistemas, aunque haya que gritar continuamente para regenerarlo.

  2. Lo que pasa es que nosotros no decidimos nada.

    Una vez cada cuatro años damos patente de corso a una panda con sólo dos preocupaciones que son poner el país a su servicio y perpetuarse en el poder.

    Una vez más me cisco en todos los políticos que no es que nos tomen por tontos sino que explotan desvergonzadamente nuestra impotencia

  3. (Fuera de cntxt.- Si no lo digo, reviento).

    ¿Han visto en la tele a la bestia parda que ha causado la muerte de cinco personas, casi todos niños, en la carreterilla de Puerto Hurraco? «Yo conduzco un artefacto poderoso y por ello no necesito cumplir ningún código. No hay más ley que la de mi fuerza. Además, que cumplir las leyes es de derechas. Y una mariconada. Me he puesto fino de cubatas, alguna raya y me he fumado lo que me ha dado la gana. ¿Y qué?»

    ¿No lo ven acaso, de alcohol hasta las orejas, voceando en la barra del bar, afirmando que a los fascistas, a los franquistas hay que matarlos a tós? Aunque el antropopiteco haya nacido después de fallecido el pequeño general. Pero se ha criado en la Extrema y Dura tierra donde ha mandado el Bellotari durante 25 años. Cuando empezó a ir a la escuela ya se había impuesto en aquella tierra un régimen parecido, muy parecido al andaluz. Ha mamado odio. Y prepotencia.

    ¿Se imaginan qué perfil de votante da el despreciable animal? No, no lo digan, pero es ese en el que están pensando. Las hermanas de los «Pataspelás» se presentaron en la Moncloa para decirle al que mandaba allí entonces que ellas eran socialistas, que sus hermanos también lo eran. Aunque tuvieran un millar de cabezas de ganado y fincas cuyas lindes les habían envenenado la sangre. Donde la vida de unos pocos inocentes valía menos que media aranzada de tierra. Donde la mezcla de rencores, incultura, envidias y locura llevaba a colgarse al hombro una escopeta de primera calidad con los bolsillos llenos de cartuchos de postas. De munición para lobos.

  4. Aparte de que creo que va una errata estadística –este jefe tiene demasiadas cosas en la cabeza– suscribo enteramente la columna y, ya que lo recuerda don Epi, también la tesis de Alfonso Lazo, hombre claro donde los haya. Que vivimos un mal momento democrático no hay quien pueda negarlo razonablemente, aunque me temo que las cosas van a ir a peor en los tiempos que vienen, cuando se empiece a hacer la luz en los procesos judiciales pendientes. De unos y de otros. Más de otros que de unos, pero, en fin, de casi todos.

  5. Hola, amigos. Grandes verdades se cuentan y comentan hoy aquí. Sepan, sin embargo, que en todas partes cuecen habas, no lo duden, incluso allá donde de momento –miro a mi alrededor– no se oyen ruidos de fronda. El pueblo no se cree a sus políticos… No vayamos a creer que acabamos de descubrir la pólvora…

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