No se la he ocurrido a la candidata pija más que invocar su condición de ama de casa que, cuando llega al hogar, “se quita la chaqueta y se pone a fregar la cocina”. Todo un clásico, pero también toda una caricatura en la que probablemente se verá mal retratada el ama de casa auténtica, es decir, la que nunca tuvo necesidad ni oportunidad de exhibir como un mérito su trabajo diario, ésa que se parece tan poco, lo den las vueltas que le den al “fotoshop” los publicitarios, la nueva imagen que trata de vender esta candidata “high society” de urbanización de lujo, colegio de elite para los niños (siendo ella profe pública) y coche prohibitivo. Ni se ha dado cuenta de que salir exhibiéndose como  ama de casa es la mejor demostración de que no lo es, acaso porque, probablemente, nunca lo fue en el sentido común que a esa categoría se atribuye. Ya veremos si cuela o no cuela el maquillaje, en cualquier caso, y si las patas de gallo que ahora le subraya la publicidad a esa dama de boutique consiguen borrar su imagen anterior, pero es dudoso que un  truco tan burdo se la dé con queso a una ama de casa de las de verdad.

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