Hay que admitir que, al menos en última instancia, tan arriesgada es la toma de partido por la interpretación idealista de la realidad como la adhesión a los enfoques materialistas. Me aferro más a este postulado cada vez que tropiezo con alguna de esas teorías novedosas que tratan de explicar los fenómenos vitales en función de una ruda lógica mecanicista extrapolada de la biología, para cual, en definitiva, todo resulta ser efecto automático del penúltimo hallazgo de un laboratorio extrañamente ocupado en investigar las causas de la emocionalidad. La última de esas interpretaciones me llega rebotada desde la universidad de Siracusa, en la que eminentes neurólogos parecen decididos a disecar el alma humana hasta reducir la emoción en su correspondiente tabla de elementos que ignoro si al final resultará también periódica como la que predice la materia, y consiste en otro de esos desarrollos materialistas, en concreto el que sostiene que la relación amorosa, no es sino el efecto neurológico de esos herméticos agentes que son los neurotransmisores del estilo de la dopamina o neuromoduladores como la oxitocina, capaces de provocar cataclismo psíquicos como el flechazo fulminante en pocas décimas de segundo. Me imagino lo que Proust o el gran Amiel se hubieran divertido enterándose por los sabios de que el enamoramiento puede certificarse sólo con detectar en sangre aumentos significativos del llamado Nerve Growth Factor (factor de crecimiento nervioso), molécula –aseguran—implicada en la química social de los seres humanos y en sucesos como el “amor a primera vista”. Hoy los sabios sostienen que el amor materno, por ejemplo, se produce en zonas concretas del cerebro muy diferentes de las responsables del amor apasionado y esperan, en definitiva, acabar controlando enteramente la neurofisiología de esos misterios sin apartar el ojo del microscopio. Uno de momento prefiere aferrarse a la primitiva noción amorosa que inspirara a Tolstoï o a Stendhal.

 

A Azorín le pidieron alguna vez que opinara sobre el amor y Azorín contestó aquello tan celebrado de que hablar del amor sería “hablar de la mar”. Nuestros sabios, por el contrario, han acercado la perspectiva hasta reducir lo sublime al plano grosero en que las catecolaminas, aniquilado el espíritu, ejercen sin remedio su despotismo bioquímico. Y ése es abuso que la visión materialista pagará seguramente con usura a partir del momento en que el hombre esencial decida, harto de coles, reivindicar su condición de enigma. Es posible que entre prisas y ambiciones, esos cerebros estén matando entre todos la verdadera gallina de los huevos de oro.

8 Comentarios

  1. Vieja preocupación de ja, y de muchos de nosotros, me consta, que en estos tiempos se justifica por la frecuencia con que los laboratorios se descuelgan con “descubrimientos” de sedes del alma, órganos de vicios y virtudes, etcétera. El materialismo desenfrenado retrocede hasta la ilusión. Qué gran verdad.

  2. Enb la ciencia se cree o no se cree. A GM parece que le cuesta creer en ella más que creer en las leyendas.

  3. Resulta que la ciencia va aser como la fe: cuentión de creencia. No creo que don José antónio equipare la una ala otra esque , como en todo, no hay que pasarse.Hay tíos que ven a una mujer de mal humor y dicen ‘es que tiene la regla’ y así lo explican todo. Pues estos sabios son así de reductores. Dentro de poco se darán cuenta de que la cosa no funciona tan simplemente y buscarán y ahondarán y tendrán que añadir diez mil consideraciones y circustancias , y se acercarán a la Verdad y cuando se quieran dar cuenta habrán dejado de hablar de un ser humano y programarín el flechazo de un robot.
    Besos a todos.

  4. Lean hoy (LUNES) en El MUNDO el art. de Antonio Escohotado sobre la geometría fractal, la teopría del caos y sus consecuencias filosóficas.

  5. No tengo escáner a mano, doña Marta. ¿Puede conseguirlo en El País, edición de hoy? Supongo que no. ¿Hay alguien que pudiera enviárselo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.